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¡ACCIDENTES AÉREOS!

STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- La mayoría de las personas respondería con relativa exactitud, si se le preguntaran detalles sobre los accidentes aéreos que provocaron la muerte, entre otras personas, de Pedro Infante y Blanca Estela Pavón.

Sin embargo, muy pocos saben quiénes fueron las afortunadas que salvaron la vida al ceder sus lugares, en el transporte de Mexicana de Aviación, a la actriz y su padre.
Y es probable que, a nivel general, se ignore el número impresionante de presagios que tuvo lugar en aquellas horas de tempestuosos tiempos, cuando la imprudencia y ninguna falla mecánica causó la caída de la nave en los arenales sur del Popocatépetl.

Una señora soñó a su esposo, muerto y en medio de nieve y restos de un avión, le hizo prometer que retornaría en autobús, “porque mi sueño se repite, con gran alarma de mi parte”…pero su compañero no cumplió su palabra y trató de regresar por via aérea “para ganar tiempo”, pero falleció en el mismo transporte que Blanca Estela Pavón.

Otras dos pasajeras estudiaban en México y, aquel año, por alguna razón no querían vacacionar en Chiapas; sin embargo, sus parientes las presionaron de tal manera que las convencieron y sí, pasaron unos días felices, pero al intentar incorporarse a sus planteles, en el entonces Distrito Federal, su avión se desplomó en medio de una tormenta.

La coincidencia más extraña podría considerarse histórica: la profesora Eulalia Guzmán, obsesionada por descubrir la tumba de Cuauhtémoc, ordenó una excavación aparentemente exitosa en Ixcateopan, Guerrero y precisamente el 26 de septiembre de 1949, cuando la maestra levantaba una placa de cobre antiguo, como prueba de su hallazgo, a la misma hora cayó el avión de mexicana en los arenales del Popocatépetl.
Y entre las víctimas del avionazo se contaba el sabio Salvador Toscano Escobedo, entrevistado el día 21 de septiembre de 1949, por el reportero Julián Carlos y Jiménez, a quien le dijo que “consideraba que Cuauhtémoc, el último emperador azteca, no nació en Ixcateopan, como se creía, sino en un lugar donde se levantan los portales de Santo Domingo, entre las calles Belisario Domínguez y República de Cuba, es decir, en lo que fue la gran Tenochtitlán, pues el famoso caudillo fue noble y descendiente de Moctezuma”.
Cabe mencionar que el 22 de mayo próximo pasado se cumplieron 69 años de que Pedro Infante y Lupita Torrentera resultaron heridos al regresar en avioneta de Acapulco hacia la ciudad de México.

La compañera de Infante perdió al bebé que esperaban y al actor fue necesario implantarle una placa de vitallium en el cráneo para salvarle la vida.

Esa ocasión, la artista Irma Dorantes pidió a Pedro Infante que le prometiera que no volvería a pilotear ninguna nave aérea y menos una avioneta, el sinaloense dijo que así lo haría por el resto de su vida.

(Obviamente, se le olvidó la promesa, pues el 15 de abril de 1957, por la mañana, volvió a tomar los mandos de un avión y el transporte se precipitó a tierra en Mérida, incendiándose al caer. El actor fue identificado por la placa de vitallium. Irma Dorantes gritó ese día que “ella lo había matado”. (Pero, esa es otra historia).

Es interesante conocer que muchos individuos “se colgaron” del supuesto descubrimiento de la tumba de Cuauhtémoc, como el autopublicista Alfonso 
Quiroz Cuarón—quien se ostentaba como psiquiatra, psicólogo, médico forense, experto en descubrir falsificación de moneda nacional y jamás lo fue—y el maestro Alfonso Caso, quienes dijeron que no había duda de la autenticidad de los restos de Cuauhtémoc, “descubiertos” por la profesora Eulalia Guzmán.

Se informó que para refutar las tesis ya conocidas de arqueólogos e historiadores que desde el principio de las investigaciones en Ixcateopan mostraron su desconfianza, llegando a asegurar que no serían localizados los restos del último emperador azteca en esa población; para contradecir igualmente a quienes adoptaron una posición escéptica, así como para despejar las dudas de los que se reservaron su opinión respecto de tales hechos, “para todo ello, el maestro don Alfonso Caso reveló ayer su criterio según el cual no debe dudarse de la autenticidad de los restos encontrados”.

(Sin análisis forenses, lo que es una irresponsable e imperdonable imprudencia, Caso avaló el “hallazgo” de doña Eulalia Guzmán, al igual que su tocayo Alfonso Quiroz Cuarón, quien no sólo no era médico forense sino que llegó al extremo de publicar en un libro, que sus conocimientos los había obtenido DE OIDAS al través de los años).

En un alarde de autoritarismo, Caso felicito a la profesora por “su triunfo” y envió el mensaje respectivo a “Ixcateopan de Cuauhtémoc, como seguramente se le conocería en el futuro”.

Los Alfonsos no sabían, obviamente, que los restos que encontró Eulalia Guzmán SON DE VARIAS MUJERES JOVENES y, por lo tanto, ni la tumba era de Cuauhtémoc ni los huesos quemados del último emperador azteca, como en algún trabajo futuro lo demostraremos.
Sucedió lo mismo, amigo(a) lector(a), que en el caso del “Hombre de Tepexpan”, pues los restos, como en el caso de Cuauhtémoc…SON DE MUJER.

Pero, retomemos el tema de Blanca Estela Pavón y las demás víctimas del avionazo del 26 de septiembre de 1949.

La artista se reunió por última vez, según el programa del teatro Tívoli, con Pedro Infante, a mediados de septiembre de aquel año, cuando el actor y el cantante Emilio Tuero, disputaban los aplausos del público. Blanca Estela Pavón fue invitada de honor.

Más tarde fue contratada para actuar en Oaxaca y su estancia coincidió con una gira de trabajo que realizaba allá el senador Gabriel Ramos Millán, fuerte aspirante a la Presidencia de la República.

A principios de septiembre se indicó que se formaba un ciclón en el Caribe y que iba hacia la Florida y el jueves 8 se suspendió el tráfico marino. El día 13 cumplía 3 años de inaugurado el Tívoli, como madrina estaría Emilia Guiú y entre los invitados de honor figuraba Blanca Estela Pavón.

Ese día, al parecer, hubo intercambio de amorosos mensajes entre Pedro Infante y Blanca Estela Pavón, “La Chorreada”, pues habían sostenido un cálido romance en forma tan discreta, que pocas personas sabían de su amor, principalmente Angel Espinoza, “Ferrusquilla”, a quien el otro sinaloense había amenazado de “muerte,” porque el compositor había sido novio de Blanca Estela Pavón y ella lo recordaba mucho. Hacía poco tiempo y frente a la XEW, donde estallaron los celos de Infante, llegó en un Cadillac cuando “Ferrusquilla” abandonaba las instalaciones y, levantándolo por las solapas de su elegante traje, le advirtió al famoso Angel, que “se alejara de Blanquita, si no quería ser brutalmente zarandeado”.

El miércoles 14, hubo una especie de advertencia del destino: Adolfo Ruiz Cortines, secretario de Gobernación, salió con comitiva y su esposa, María Izaguirre, hacia la ciudad de Los Angeles, California, para participar en los festejos patrios que preparó la Colonia mexicana en aquella urbe. La nave se había elevado un poco cuando se incendió un motor y fue necesario el retorno, se reparó el desperfecto y la nave volvió a elevarse esta vez sin problema alguno.

Con mal tiempo encima, un avión donde viajaba el equipo de futbol, Puebla, regresaba de Ecuador y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia cerca de Tamazulapan, Oaxaca. Los futbolistas declararon con inquietud que el piloto, Bolívar Izquierdo, recién casado, detuvo los motores por un desperfecto y comenzó el descenso, en busca de un claro para aterrizar, pues había niebla, viento fuerte y lluvia, “de pronto, vio la carretera internacional Cristóbal Colón y enfiló el avión hacia la cinta asfáltica, en una gran maniobra. Un camión carguero fue frenado intempestivamente, al percatarse el chofer que “se le iba encima” la enorme nave. Al parecer, el combustible del avión se agotó.

El sábado 24 de septiembre de 1949, Tampico fue declarado “en peligro” por el ciclón. El viernes 23, teatro Macedonio Alcalá, de la ciudad de Oaxaca, habían debutado Blanca Estela Pavón, notable cancionera y mimada estrella de cine, radio y teatro; el mago Fong Tu Yeen, el cómico Colocho, las Hermanas Julián, Medalia, dueto Los Romanceros, Trío Aztlán, el tenor Ernesto Contreras y el cómico Polo Villa, además de otros elementos que complementaron el elenco de variedades selectas.

El domingo 25, Tampico era azotado por el ciclón, lluvias torrenciales se abatieron sobre el puerto y las autoridades mantenían la suspensión de tráfico marino, pues se aproximaba un huracán por otro punto del Golfo de México. Centenares de personas se refugiaban en iglesias, hoteles y edificios públicos y se difundían advertencias por radio a lo largo de toda la costa. En Veracruz se tomaron más precauciones.

En Ixtapan de la Sal, un día antes, desde las 15 hasta las 18:00 horas, se abatió sobre el balneario un torrencial aguacero como pocas veces se había sentido en la región, ocasionando tremenda inundación, el agua subió hasta un metro en diferentes lugares, la gente se alarmó en forma extraordinaria, los caminos vecinales sufrieron deslaves y el mismo balneario fue cubierto por el agua de un desbordado arroyo cercano, inundándose el salón de descanso, piscinas, vestidores e infinidad de turistas se llevaron el susto de su vida.

El lunes 26, hubo un trágico derrumbe en la Colonia Aviación, en la ciudad de México. La señora María de Jesús Araiza Gutiérrez falleció entre los escombros de su modesta vivienda, que tenía paredes y techo de adobe, reblandecidos por la lluvia. Fue en la calle 24, Lote 12, Manzana 142.

El ciclón se desvió y no llegó plenamente a Tampico, fue hacia Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán, había nublados intensos y fuertes lluvias. ¿Con ese tiempo, a quién se le ocurre viajar en avión?

El senador Gabriel Ramos Millán, a quien la propaganda mencionaba como “Apóstol del maíz”, presintió algo desde el principio de la gira, no salió en avión sino en autobús.
Pero, de regreso, se dejó convencer por sus asesores políticos de que era importante dar una conferencia de prensa el día 27, para salir en los medios de información del día 28 y decidió retornar en avión a México.

Al subir a la nave, comentó que en otra ocasión y diferente aeropuerto, el reportero Luis Gutiérrez y González le había dicho que “a veces, daban ganas de contratar un buen seguro de vida, para dejar rica y sin problemas a la viuda”, pero que le había contestado en el sentido de que “afortunadamente, ya no estábamos en los tiempos en que se caían los aviones”.

La artista Gloria Mestre estaba también en Oaxaca y sospechó la tragedia, lo que no parecía difícil por el pésimo clima que imperaba. Por ello adquirió pasaje ferroviario para volver al entonces Distrito Federal.

Algo similar había pensado el escritor Andrés Henestrosa, quien acompañaba en su gira de trabajo al senador Gabriel Ramos Millán, Andrés adivinó que sucedería “no sabía qué”, cambió su boleto de avión por uno de ferrocarril y se fue mucho antes, un poco desconcertado, a tal grado que olvidó su pijama en el hotel de Oaxaca y ya en México, el día 26 durante la madrugada, soñó la prenda en un jardín. A las 14.30 horas, cuando se enteró de que el avión CMA no había llegado, se alegró por su corazonada.

Enrique J.Pawling, rotario, hermano del entonces subsecretario de Marina, Alberto J.Pawling, no quiso arriesgarse en el avión y discutió con su amigo, Alberto Canales, quien insistía en aprovechar el avión para evitar algunas incomodidades.

Enrique convenció a Canales e indirectamente también le salvó la vida al ingeniero Norberto Aguirre Palancares, a quien el senador Ramos Millán comisionó para llevar en camioneta a los influyentes personajes, como una atención al Club Rotarios. Pero, los rotarios ocuparon en la camioneta los lugares del fotógrafo español “Paco” Mayo y el reportero de El Nacional, Luis Bouchot Fócil, quienes abordaron el avión donde iba Ramos Millán.

No terminaban ahí las extrañas coincidencias: Bouchot Fócil había entrevistado a Blanca Estela Pavón, el 19 de abril de 1949, cinco meses antes, en el lujoso domicilio de la actriz. El azar volvió a reunirlos para siempre, en el vuelo 578, Tapachula-México, con escala en Oaxaca.

Por su parte, Francisco Mayo—en realidad se llamó Francisco Souza González—tenía predilección por los aviones, de hecho los había escuchado antes de nacer en España, pues su progenitora, África González de Souza, presenciaba una exhibición aérea cuando sintió dolores de parto y apenas llegó al sanatorio donde dio a luz.

Antes de cumplir 17 años, “Paco” era experto mecánico aviador, actividad que compartía con la de fotografiar casi todo lo que estuviera a su alcance, se convirtió en reportero gráfico estrella y en la guerra hispana captó el estallido de una bomba y por poco pierde un brazo, pero recibió un injerto y salvó la extremidad. Luego, rescató a sus familiares de sendas mazmorras y los trajo a México, donde adoptaron el nombre que los haría destacar más, “Los Hermanos Mayo”, quienes a lo largo de varios lustros plasmaron en 5 millones de negativos mucho de la historia relativamente contemporánea de México.

Otro caso: el famoso historiador Salvador Toscano Escobedo no sabía que encontraría en el DC-3 de la CMA a su cuñada y sobrinos, Lucrecia y niños Beatriz y Arturo Toscano Fuentes.

Cinco días antes del avionazo, Toscano declaró suponer firmemente, de acuerdo a investigaciones exhaustivas, que Cuauhtémoc nació por donde se construyeron después los portales de Santo Domingo, cerca de lo que fue más tarde el edificio de la Inquisición en México.

Resulta que el DC-3 cayó en los arenales sur del Popocatépetl, a las 13:40 horas del lunes 26 de septiembre de 1949, según los relojes de las víctimas y, la profesora Eulalia Guzmán, a las 13:43 horas del mismo día, extrajo de una antigua tumba, en Ixcateopan, Guerrero, una placa de cobre con la inscripción: “1525-1529. Rey.e.s.Cuatemo”.

La historiadora estaba segura de haber descubierto el sepulcro de Cuauhtémoc, quien, según ella, “fue asesinado el 28 de febrero de 1525, martes de Carnaval. Y que la otra fecha significaba el año de entierro en una veta de amatista, donde se localiza ahora el templo de Santa María Asunción».

Por su parte, la señora María Luisa Palmalle de Vasconcelos, esposa del gobernador de Oaxaca, Eduardo Vasconcelos, tenía un boleto reservado hacia México, en el vuelo 578, pero presintió el peligro y devolvió el ticket para trasladarse por tierra.

Angustiada madre de familia, mes y medio antes del accidente en el Popocatépetl, había advertido varias veces a su esposo, que al retornar a México lo hiciera sin falta por tren o autobús, no por avión “porque lo había soñado en medio de la nieve, junto a pedazos de nave”.

Miguel Arcadio Cruz, quien se había jubilado en Chiapas como inspector de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, poco tiempo antes del avionazo, olvidó los presagios de su mujer y, para ganar tiempo, celebrar el retiro y su santo con la familia (el dia de San Miguel Arcángel) abordó el DC-3. Su cuerpo sin vida fue rescatado precisamente el 29 y trasladado a la iglesia de San Miguel, en Atlautla, Puebla, donde fueron concentrados los cadáveres.

Otra señora había exigido a su marido (sobrecargo, vuelo 578) que se retirara y él prometió que lo haría a partir de noviembre, “no volvería a laborar en aviones de pasajeros”.

Una secretaria particular y otra joven, estudiante de Química, sentían oprimido el corazón y se negaban a vacacionar en el sur de la República Mexicana, pero la insistencia de sus familiares más queridos, las obligó a descansar en Chiapas, de donde retornaron en el vuelo 578.

Dos norteamericanas fueron invitadas a la gira de Gabriel Ramos Millán, para que testificaran el avance mexicano en cultivos de maíz en el Estado de Oaxaca y una de ellas se hizo pasar como “George Graham”, reportero deportivo en Estados Unidos, pero quien había muerto hacía años. (En la confusión no era encontrado “George Graham” y aparentemente sobraba el cuerpo de una mujer, entre las victimas).

La revista Tiempo informó que el lunes, 26 de septiembre de 1949, un avión de la CMA, matrícula XA-DUH, procedente de Tapachula, no llegó a México. El último reporte que recibió la oficina de control de vuelos fue que el bimotor volaba a la 1:30 horas de ese día, sobre la ciudad de Puebla. Pronto la espera se convirtió en angustia. En la nave iban 22 pasajeros y 3 tripulantes. Eran el capitán Alfonso Reboul Lascassier, teniente Francisco Macías Caraza, copiloto; Luis Felipe Vales Cervera, sobrecargo. María Luisa Arámburu de la Cuesta (cuyo cuerpo fue encontrado a kilómetro y medio del lugar de los hechos, quizá sobrevivió algunas horas y se arrastró por los negros arenales. Era secretaria). María Dolores Gutiérrez de Pozo y el niño Máximo Pozo. Rodolfo Rodríguez, Severiano Rodríguez, Miguel Arcadio Cruz, Salvador Toscano Escobedo, Lucrecia Fuentes de Toscano y niños Arturo y Beatriz Toscano Fuentes. Hortensia Nakagawa, estudiante. Augusto López y Celia Watanabe, recién casados. Eugenia Goldsmith, “Geroge Graham”, Gabriel Ramos Millán, Blanca Estela Pavón, Francisco Basilio Pavón Moscoso (su padre) Paco Mayo, Luis Bouchot Fócil, David Gaytán y Salvador Ochoa Méndez.

Se recordaba con tristeza que Blanca Estela Pavón era conocida también como “Marita”, “La Princesita Rubia”, “Rayito de Sol”, “Florecita”, “La Voz de Milagro” y “La Chorreada”.
El capitán de corbeta, retirado, Celestino Gallegos Montalvo, fue esposo de María de los Dolores Esperanza Sandoval Pérez, quien tenía 15 años de edad, en el año 1949.

Era secretaria particular de Adela Formoso de Obregón Santacilia, habían paseado en Chiapas, y Blanca Estela Pavón y su padre, Francisco Basilio Pavón Moscoso, les suplicaron que les cedieran sus asientos en el vuelo 578, porque la actriz tenía llamado a grabar y filmar al día siguiente. La pareja aceptó dinero para hospedaje y alimentación, aparte del reintegro de sus pasajes para el día siguiente.

Celestino Gallegos Montalvo conoció a María de los Dolores en 1966, 17 años después del avionazo y en 1969 se casaron, María era hija del doctor y diplomático Fernando Sandoval. Ella había enfermado por la impresión de la tragedia y procuraba ni siquiera mencionarla, pues, decía, en su oportunidad, que “estaban destinadas a morir y fueron salvadas por Blanca Estela Pavón y su padre”.

Cabe mencionar que, salvo error u omisión, Adela Formoso de Obregón Santacilia, era dueña de la Universidad Femenina, ubicada en la Avenida Constituyentes y fue parte del jurado que dio el triunfo a Ana Bertha Lepe como Miss México en 1953.

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