El presidente Andrés Manuel López Obrador, desde principios de marzo,
amagó con exhibir a “periodistas chayoteros”, a mercaderes de la
pluma, cuya encomienda sería hablar bien o mal, según el encargo, de
tal o cual personaje, preferente de la política.

Durante su acostumbrada “mañanera” (desperdiciada por cierto por
ciertos reporteros que cubren la “fuente”, que podrían cuestionar al
mandatario y no lo hacen, lo que origina sospechosismo), repitió una y
otra vez que pronto se conocería la oprobiosa lista.

Para atemperar lo dicho, señaló que también había compra de
publicidad, “no todo es dinero entregado para comprar lealtades,
conciencias, no todo es, como se dice coloquialmente, chayote”.

El catálogo vergonzante, fue elaborado por la Presidencia de la
República y entregado al INAI que resolvió que fuera la Presidencia de
la República la que recabara y entregara la información de quienes
recibieron recursos públicos y que el mismo gobierno tenía que hacer
pública la lista.

Dos y meses y medio después de los reiterados amagos, un diario de
circulación nacional, no la Presidencia ni el INAI, dio a conocer los
nombres de 36 de esos periodistas y sus empresas que habrían sido
beneficiados por el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Se preguntó quién filtró al diario la lista y López Obrador respondió:

“Bajo palabra de decir verdad, nosotros no dimos a conocer los
nombres. Esto tuvo que ver con otras dependencias”.

El mismo diario le respondió al día siguiente: “la información la
recibió de la propia Presidencia”.

A propósito del periodismo.

El gran HONORÉ DE BALZAC, en el tomo “Ilusiones Perdidas” de su
inmortal obra, “La Comedia Humana”, cita una frase que bien vale la
pena remomorar:

“Todos los días, para conseguir el pan, voy al mercado donde se
compran mentiras y ahí…me pongo a la fila de los vendedores”.

Ahí queda de tarea.

Con el debido respeto a la Investidura Presidencial y parodiando al
político tabasqueño: ¡SERÉNESE!

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