Sol Quintana Roo
Blog del Narco

CARO QUINTERO EL REY DEL NARCO (Primera parte)

*Hoy, igual que hace 4 décadas.

«El Príncipe» en la cima del narco.

*Una «pifia judicial» propició su anticipada libertad.

*Recompensa nunca antes vista por su recaptura: 400 millones de pesos.

*Igual que «El Chapo» en un tiempo, «Don Rafa» es «ilocalizable».

*De nuevo, «El Narco de Narcos» líder de todos los cárteles de la droga.

*Jefe del Cártel del Pacífico, junto con «El Mayo» Zambada.

*Testimonios de ex agentes de la DEA lo exculpan del crimen de Enrique Camarena «Kiki» Salazar.

*El ahora senador, Manuel Bartlett y la DEA principales inculpados.

*Nunca han sido llamados a cuentas.

*Cada sexenio tiene su cártel consentido

STAFF SOL QUINTANA ROO

Hoy, al igual que hace casi cuatro décadas, el amo del narcotráfico en todo el país, de nueva cuenta es Rafael Caro Quintero, «Don Rafa», «El R-1», «El Príncipe» o «El Narco de Narcos,», como lo acaba de denominar la Drug Enforcement Adminidstration (DEA).

Fuentes de la Subprocuraduría Especial de Investigaciones en Delincuencia Organizada, así como tarjetas de inteligencia militar y del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), revelan lo anterior y dejan en claro que el actual jefe del gang de las drogas es el legendario «Don Rafa», originario de Badiraguato, Sinaloa, cuna de los más grandes capos de México, cuya libertad provocó diferencias con el gobierno estadounidense.

Para ilustrar la actual situación del tráfico de drogas en México, experimentados comandantes de la desaparecida Policía Judicial Federal y que aún sobreviven en la fiscalía antidrogas, señalan que cada sexenio tiene su «narco consentido».

Recuerdan que en el régimen de José López Portillo, de 1976 al 82, la organización que menos sufrió el embate de las autoridades antidrogas fue sin duda el Cártel de Guadalajara, cuyo jefe era Miguel Ángel Félix Gallardo, cuyos lugartenientes, que se convertirían en capos al paso del tiempo, eran Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo, «Don Neto», Joaquín «El Chapo» Guzmán Loera y Amado Carrillo Fuentes, «El Señor de los Cielos», sobrino de «Don Neto»; entre otros.

En abril de 1985, ya en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, cayeron presos «Don Rafa» y «Don Neto» y cuatro años después, pero en la misma administración, fue detenido Miguel Ángel Félix Gallardo.

Todos fueron acusados del secuestro y asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena «El Kiki» Salazar y el piloto Alfredo Zavala Avelar y, en teoría, purgarían 199 años de cárcel, pero conforme a la ley vigente, solamente pudieron aplicárseles 40 años de cárcel: Fonseca Carrillo está bajo prisión domiciliaria y Félix Gallardo, continúa preso.

Ya en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, 1982-1988, el cártel que floreció fue el de Juárez y su imperio se extendió hasta la gestión de Carlos Salinas de Gortari, ya que sólo se supo de las actividades de Amado Carrillo Fuentes hasta noviembre de 1993, tras el atentado en el restaurante Bali Hai Ochoa, de la Ciudad de México.

Siguió la administración de Carlos Salinas de Gortari y en esta hubo cobijo para el Cártel de Tijuana, con los hermanos Arellano Félix, baste recordar las dos veces que Ramón y Benjamín Arellano Félix, máximos jefes del CAF, estuvieron en la nunciatura apostólica, tras el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo para decir que eran ajenos al homicidio del prelado.

Pese a ello, ni el entonces nuncio apostólico, Girolamo Prigione Pozzi ni Jorge Carpizo MacGregor, primero como procurador y después como secretario de Gobernación, tomaron alguna acción para detenerlos, «hubiera sido un problema diplomático a nivel internacional», argumentó en ese entonces el extinto Carpizo McGregor.

Vino el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, 1994-2000, y tocó «el turno al bat» al Cártel de Colima, con los hermanos José de Jesús, Adán y Luis Amezcua Contreras, «Los Reyes de las Metanfetaminas», productores de drogas sintéticas, aunque solamente se tratara de narcos obligados a dar la cara.

En torno a dicha organización, hubo un oscuro pasaje protagonizado por el fallecido general, José de Jesús Gutiérrez Rebollo, la familia política de Zedillo Ponce de León y el entonces secretario de la Defensa Nacional, Enrique Cervantes Aguirre.

Ante el insólito crecimiento del Cártel de Colima, Cervantes Aguirre ordenó a Gutiérrez Rebollo –captor de grandes narcos, como Amado Carrillo Fuentes, «El Señor de los Cielos» y Héctor «El Güero» Palma Salazar, entre otros–, realizar trabajos de inteligencia para conocer las entrañas del Cártel de los hermanos Amezcua.

La encomienda fue ejecutada al pie de la letra, pero resultó incómoda para la familia real, Zedillo Velasco, pues los trabajos del general Rebollo señalaban que detrás de los hermanos Amezcua estaba el padre de Nilda Patricia Velasco y uno de sus hermanos, es decir el suegro y cuñado del mandatario de la Nación.

El general Rebollo fungía ya como titular del Instituto Nacional del Combate a las Drogas, a finales de 1996, cuando fue destituido, detenido por el Ejército, encarcelado, juzgado y sentenciado a 40 años, acusado de proteger al «Señor de los Cielos».

Durante el proceso nunca se confesó culpable, siempre dijo que había sido víctima de una venganza, hasta que finalmente murió en diciembre de 2013, en el Hospital Central Militar, irónicamente el mismo día que su defensa había conseguido que el resto de su condena la concluyera en su casa.

Llegaría entonces Vicente Fox Quesada y fue cuando «nació» el capo bisexenal, Joaquín Guzmán Loera, quien, según las autoridades, escapó del penal de Puente Grande Jalisco, el 19 de enero del 2001, justo mes y medio después de que Fox asumió la Presidencia.

Fuentes extraoficiales, señalaron que desde el 14 de enero ya no se vio al «Chapo» en prisión, que simplemente «ya no quiso regresar», porque salía y entraba del penal cuando quería, así que el carrito de lavandería y el disfraz de policía para abandonar la cárcel, sólo habían sido cortinas de humo para desviar la atención.

Se comentó entonces que Fox Quesada había llegado a la Presidencia sin gente, sin expertos en combatir a los cárteles de la droga y por aquello de que, «para que la cuña apriete debe ser del mismo palo», curiosamente, tras la fuga del «Chapo» comenzaron a caer, presos o aniquilados, grandes capos que antes eran intocables, pero todos de organizaciones rivales a las del «Chapo».

Alcides Ramón Magaña, «El Metro»: el ex gobernador Mario Villanueva Madrid, del Cártel de Juárez; Osiel Cárdenas Guillén, jefe máximo del Cártel del Golfo; los hermanos Benjamín y Ramón Arellano Félix y Jesús «El Chuy» Labra Avilés, del Cártel de Tijuana, los hermanos Amezcua Contreras, del Cártel de Colima y otros narcos antagónicos al «Chapo» cayeron en manos de las autoridades federales.

Pero al Cártel de Sinaloa, del fugitivo «Chapo» Guzmán, al igual que a sus principales lugartenientes, Ismael «El Mayo» Zambada García, Juan José Esparragoza Moreno, «El Azul», Edgar Valdez Villarreal, «La Barbie» y los hermanos Arturo, Alfredo, Eduardo y Héctor Beltrán Leyva, nadie los tocaba, hasta que se les ocurrió separarse del «Chapo».

El sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, fue, literalmente, pan con lo mismo, pero con el agravante de la llamada «Guerra Contra las Drogas» y sus desastrosas consecuencias que arrojaron más de 100 mil muertos y 25 mil desaparecidos, mientras que Guzmán Loera seguía «ilocalizable».

Pero todo principio tiene un fin y al acabarse el panismo se terminó también la miopía e incapacidad –¿premeditadas?– de las autoridades para atrapar al «Chapo» y el 22 de febrero de 2013, ya en el régimen de Enrique Peña Nieto, fue atrapado el escurridizo «Chapo».

«Para que la cuña apriete…», señalamos líneas anteriores, y medio año después de la captura de Guzmán Loera, fue liberado, «por una pifia judicial», Rafael Caro Quintero, faltando 12 años para cumplir su condena de 40 años.

Estados Unidos se escandalizó, ya estaba inconforme porque antes le había sido negada la extradición de «Don Rafa», por lo que enlistó a toda la familia de Caro Quintero en actividades ilícitas y exigió al gobierno mexicano la recaptura y extradición del peligroso narco.

Se dio el conciliábulo, se descubrió «el yerro judicial» y se ordenó la reaprehensión de Caro Quintero, pero resulta que ahora «El Narco de Narcos» también está «ilocalizable», como lo estuviera «El Chapo» durante casi tres lustros.

Y, como si fuera un ciclo, la historia volvió a repetirse, narcos rivales de «Don Rafa» comenzaron a caer:

Miguel Angel Treviño Morales, «El Z-40»; fue uno de los primeros trofeos del actual gobierno, en julio de 2013, seguido de la detención de Armando Ramírez Treviño, «X-20», líder del Cártel del Golfo.

Rubén Oseguera González alias ‘El Menchito’, hijo de Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», líder máximo del Cártel Jalisco Nueva Generación y Dionisio Loya Plancarte, alias «El Tío Nicho», de la Familia Michoacana, fueron otros de los detenidos.

Heliodoro Moreno Anguiano, medio hermano de Nazario Moreno González, «El Chayo», quien fuera muerto por segunda ocasión el 9 de marzo de 2014, ya que el 9 de diciembre de 2010, el gobierno de Calderón aseguró que lo había abatido, fueron los siguientes en caer.

José Rodrigo Aréchiga Gamboa, alias «El Chino Antrax»; Serafín Zambada Ortiz, hijo de Ismael «El Mayo» Zambada y, desde luego, la cereza del pastel: Servando Gómez Martínez, «La Tuta», que fue trofeo inobjetable de los triunfos del actual gobierno.

No obstante dichos triunfos, había que guardar las formas así que el 16 de enero de 2015, Caro Quintero fue declarado nuevamente culpable del crimen del agente de la DEA y su estatus pasó al de prófugo, por el que ofrecen 20 millones de dólares y 30 millones de pesos, cerca de 400 millones de pesos, aproximadamente.

Pero de una u otra manera, el entramado estaba ya completo para que «Don Rafa» retomara el mando único y absoluto del trasiego de drogas en todo el país.

Sin embargo hubo un hecho que cimbró al mundo del narcotráfico: la segunda y nuevamente inverosímil fuga de Joaquín Guzmán y todo apuntaba a que por tercer sexenio, perdón, por tercera ocasión, «El Chapo» reasumiría las riendas del narco.

Eso echaría por tierra los planes de Caro Quintero y socios, así que era urgente remediar la «imperdonable» segunda escapatoria del jefe del Cártel de Sinaloa.

Así que toda la fuerza del Estado se sumó a la cacería del «Chapo» y 181 días después, el viernes 8 de enero de este año, solucionaron el penoso asunto, que si bien no resarciría la vergonzante fuga, sí quedaría en claro que al menos en este sexenio, «El Chapo» ya no recobraría el liderato en el mundo del narcotráfico.

Así, para los expertos en la materia, Rafael Caro Quintero ya no sólo es el «líder moral» del narcotráfico, sino el viejo y experimentado capo que cobró vigencia gracias a «una pifia» judicial y ahora, de nueva cuenta, es el rey del narcotráfico.

De esa manera, «Don Rafa», de 65 años de edad, se ha convertido nuevamente en el capi di tutti capi, en el «consiglieri» de casi todos los barones de la droga quienes tienen que pedir su «venia» para operar sin problemas.

Y se dice que casi todos, porque el Cártel Jalisco Nueva Generación, herencia de Ignacio «Nacho» Coronel Villarreal, bajo el mando del fugitivo Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho»; es el único que no se ha ceñido a la nueva «Confederación de Narcos» y se le considera enemigo a muerte de la misma y del actual régimen.

Prueba de ello, fue la emboscada que tendió a 15 federales a los que asesinó, por la detención de su hijo, Nemesio Oseguera González, «El Menchito», además de derribar un helicóptero que causó la muerte de otros 10 federales, entre ellos una agente y un Ministerio Público.

En opinión de expertos en narcotráfico, las violentas acciones del CJNG, calificadas como un abierto reto al Gobierno Federal, sólo precipitarán la caída del «Mencho» y con ello el aniquilamiento del CJNG y de esa manera se allanará aún más el camino a «Don Rafa».

Respecto al capo que nunca ha sido detenido, Ismael «El Mayo» Zambada García, es ahora el brazo derecho de Caro Quintero, de nueva cuenta el nuevo rey del narcotráfico en México.

La causa de su encarnizada persecución, es el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar y del piloto Alfredo Zavala Avelar, es el caso donde fincan las autoridades federales mexicanas y el gobierno de los Estado Unidos, toda responsabilidad al «Príncipe», pero hay versiones que señalan a la misma DEA y a la Central de Inteligencia de los Estados Unidos, como las verdaderas autoras del crimen del agente antidrogas norteamericano.

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