(Cuarta Parte)

STAFF SOL QUINTANA ROO

SUS COMPLICES

Rodolfo García Gaxiola, Leopoldo Rodríguez Rementería, Antonio Bautista Salazar (compadre del «Chuy» Labra»), Raúl Batres Campos, Rafael Ramírez Jaimes, Cuauhtémoc Herrera Suástegui, Horacio Brunt Acosta, Alejandro Vera Cerón, Jorge Núñez Mora, Martín Armendáriz Chaparro, Julio Vera Flores, Guillermo Salazar Ramos y Raúl Loza Parra, todos comandantes de la PJF, eran algunos de sus protectores.

Guillermo Robles Liceaga, Jorge Núñez Mora, Mario Silva Calderón, Miguel Angel Silva Caballero, «El Chicochangote»; José Luis Larrazolo Rubio, Luis Antonio Ibáñez Cornejo, Roberto Saavedra Gutiérrez, alias «El Burro», delegados o subdelegados de la Procuraduría General de la República, fueron mencionados también como policías vinculados a dicha organización.

Varios de ellos fueron asesinados por órdenes de los Arellano Félix, al considerar que incurrieron en una traición o no cumplieron con lo pactado. De esa manera, ya en la década de los noventas los Arellano Félix se encontraban en el pináculo de su carrera delictiva.

Reacios a someterse a cualquier arreglo y menos a un ordenamiento, jamás quisieron acudir a las reuniones «cumbres» con los demás jefes de los cárteles del narcotráfico del país, organizadas por Juan José Esparragoza Moreno, apodado «El Azul», considerado como el capo di tutticappi.

Las últimas reuniones de ese tipo, se llevaron a cabo en Apodaca, Nuevo León, a fines de diciembre del 2001 y en enero del 2002; como de costumbre, «Los Aretes» no estuvieron presentes.

SUS VICTIMAS

En el año de 1989, los Arellano desplegaron febril actividad para acabar con sus rivales. Uno de los primeros fue Manuel Salcido Unzueta, alias «El Cochiloco». En ese mismo año, Armando López, alias «El Rayo», cayó abatido de 12 impactos, afuera del club Deportivo de Tijuana.

Un crimen sin razón, fue el ocurrido el 26 de febrero en el famoso árbol de Pirúl, cuando el joven Héctor Raúl Gastelum se atrevió a pedirle que bajara el volumen de su estéreo.

En 1991, Rigoberto «El Rigo» Campos, ex agente de la Dirección Federal de Seguridad, presuntamente al servicio del Cártel de Juárez, fue emboscado y asesinado junto con cuatro escoltas. Se dijo entonces que los huesos y jirones de piel se confundían con los pedazos de carrocería de un lujoso automóvil. El vehículo había recibido no menos de 500 impactos.

El 8 de noviembre de 1992, Los Arellano Félix se enfrentaron con miembros de la banda de Joaquín «El Chapo» Guzmán Loera en las afueras de la discoteca Christine de Puerto Vallarta, Jalisco. Siete personas muertas del bando contrario a «Los Aretes» fue el trágico saldo.

El 28 de abril de 1993, fueron asesinados con ráfagas de metralleta el director de Seguridad Pública de Tijuana Federico Benítez López y su escolta Ramón Alarid. Se dijo que el jefe policiaco había rechazado sobornos de cientos de miles de dólares de los «Aretes».

El cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, junto con cinco personas más, fue asesinado por los gatilleros de los Arellano el 24 de mayo de 1993, al ser confundido, según versión oficial, con «El Chapo» Guzmán, hipótesis sólo creíble por Procuraduría General de la República, cuyo titular de aquél entonces, Jorge Carpizo McGregor, ofreció la versión que fue denominada por los periodistas de la fuente como «El Nintendo de Carpizo».

El 11 de junio de 1994, fue colocado un auto-bomba frente al hotel Camino Real, en Guadalajara, Jalisco. Los Arellano Félix pretendían acabar con Amado Carrillo Fuentes que había asistido como invitado a los 15 años de la hija de Enrique Fernández.

El artefacto hizo explosión antes, cuando era manipulado por dos de los sicarios de los Arellano. De haber estallado dentro del hotel, las víctimas hubieran sido de cientos, ya que había no menos de 400 personas en el interior.

Pero no nada más gente contraria a ese grupo fueron ejecutados, muchos de los narcojuniors también cayeron víctimas de las balas de sus mismos compañeros que recibieron órdenes de asesinarlos, entre ellos El Smeke y El Chuy, acribillados en el centro de Tijuana.

Hendir, Enaín y Yadira Meza, hijos del narcotraficante Héctor Meza Nahúm, también narcojuniors, fueron ejecutados por sus compañeros al considerar que habían traicionado al CAF.

En 1995, cuando Javier Caro Payán, anterior jefe de los Arellano, había salido de una prisión de Canadá y pretendía recuperar su territorio, fue asesinado por Ramón, Benjamín, «El Tiburón» y «El Abulón». Ese mismo año, el reportero Dante Espartaco Cortés del periódico local El Mexicano, que había publicado notas referentes al asesinato, fue acribillado el 18 de junio a las afueras de las instalaciones del mismo medio.

El año de 1996, fue especialmente funesto para los enemigos de los Arellano: en febrero, fue asesinado el comandante Sergio Armando Silva Moreno, a un costado de la sede de la PJF, en la Ciudad de México y cuatro días después, su novia Rebeca Acuña Sosa, Ministerio Público Federal, también sería ejecutada en Tijuana, Baja California. Ambos habían combatido a la organización de los Arellano.

En abril del 96, Sergio Moreno Pérez, ex delegado en Tijuana y su hijo Osmani Moreno Burgos, fueron secuestrados en Tijuana en el mes de mayo, al igual que el licenciado Arturo Ochoa Palacios, titular de la Delegación. Días después sus cuerpos sin vida fueron localizados en el Estado de México.

El 19 de julio, el comandante Isaac Sánchez Pérez, al llegar a su domicilio en la Ciudad de México, fue acribillado. Un mes después, el coordinador de Ministerios Públicos Jesús Romero Magaña, fue también asesinado a las puertas de su domicilio. Se dijo que su victimario había sido «El Tiburón» y que ambos eran amigos, ya que también el funcionario estaba al servicio de los Arellano.

José Francisco Sánchez Naves, subdelegado y su escolta Gerardo Valderrama Aguilar, fueron ametrallados a una calle de la entonces sede de la PJF, en Reforma y Jaime Nunó, colonia Guerrero, en el Distrito Federal.

Antes los dos ya habían sufrido un atentado en Acapulco, Guerrero. Los asesinos, sicarios de los Arellano, huyeron sin problemas ante la mirada de cuando menos 250 agentes federales que no pudieron o no quisieron reaccionar.

Ernesto Ibarra Santés, comandante de la PJF, acérrimo enemigo de los Arellano y quien en 1993 había capturado a Francisco Rafael, fue ametrallado junto con tres de sus escoltas, así como el taxista que habían contratado en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, al llegar procedentes de Tijuana. Antes, en el mes de septiembre, en la colonia Guerrero, en la Ciudad de México, el subdelegado Jorge Rodríguez Bazaldúa también fue acribillado al llegar a su casa.

En octubre fueron secuestrados, torturados y asesinados a batazos (sus cuerpos fueron atados con alambres de púas, amordazados y encobijados), el comandante Jorge García Vargas, el ex comandante Miguel Angel Silva Caballero, «El Chico Changote» y cinco agentes más, que, curiosamente, también habían estado comisionados durante un tiempo en Tijuana.

El atentado contra el periodista Jesús Blancornelas, las masacres de El Limoncito y El Sauzal, donde fueron asesinados brutalmente 34 personas entre niños, mujeres, ancianos y hombres adultos; el crimen del jefe de la Policía Judicial de Tijuana, Alfredo de la Torre Márquez, el asesinato del fiscal especial Odín Gutiérrez Rico, el secuestro y la ejecución del coordinador de Ministerios Públicos José Luis Patiño Moreno, los del Ministerio Público Federal Oscar Pompa Plaza y el capitán Rafael Torres Bernal, fueron otros de sus crímenes.

La ejecución de los abogados Gustavo Gálvez Reyes, defensor de «El Chuy» Labra, hijo del comandante federal Gustavo Gálvez, apodado «El Súper Ratón», quien acostumbraba interrogar a los detenidos bajo la amenaza de una vieja leona desdentada a la que azuzaba contra el interrogado cuando no admitía su culpabilidad; y Eugenio Zafra, la de Jesús «El Bebé» Gallardo Vigil y muchos otros asesinatos más, se les atribuyeron a los Arellano Félix, sin contar aquellos que por su irrelevancia no fueron conocidos.

También se les adjudicaron los asesinatos de los magistrados Benito Andrade Ibarra y Jesús Ayala Montenegro, quienes resolvieron de manera negativa asuntos relacionados con Los Arellano.

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