STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad Juárez, Chihuahua.- En 1986, Ciudad Juárez vivió un incidente nuclear, el más grande en el continente Americano. Todo comenzo en un hospital privado de la ciudad fronteriza cuando fue robada una máquina de radioterapia equipada con cobalto-60.

De acuerdo con el informe de la Comisión de Seguridad Nuclear y Salvaguardias (CNSNS), el 6 de diciembre de 1983, un empleado de mantenimiento del hospital, desmontaron la máquina con la intención de venderla como chatarra, pero al desarmarla perforaron el centro de la bomba de cobalto, por lo que durante el traslado hacia el Yonke Fénix, la camioneta dejó un rastro del material radiactivo por toda la ciudad.

Además, el cobalto contaminó las piezas y metales del yonke, los cuales fueron vendidos a fundidoras del área. El metal radiactivo fue utilizado por empresas como Aceros de Chihuahua y Falcón de Juárez para hacer mesas y varillas para construcción, material que se estima en unas seis mil toneladas y que fue distribuido a varios estados del país y a Estados Unidos.

Tras esto, el Departamento de Salud de Texas y la Comisión Reguladora Nuclear alertaron a México sobre la radiactividad, quienes días después descubrieron la camioneta de Sotelo como una gran fuente de radiación. El auto se encontraba en la colonia Altavista, de las más humildes de Ciudad Juárez.

La cantidad de personas afectadas por el cobalto-60 se desconoce, ya que la información no fue divulgada y se mantuvo en secreto, aunque había 109 distribuidores del metal contaminado en la mitad del país, señala Cruz Zaragoza del Instituto de Ciencias Nucleares en la UNAM. El investigador también comentó que unas mil toneladas del metal contaminado nunca se recuperó, material que podría haberse utilizado en la construcción de unas 300 casas.

Entre los estados afectados por el metal radiactivo se encuentran Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Baja California Norte, Baja California Sur, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Zacatecas, Tamaulipas, Querétaro, Durango, Hidalgo y Estado de México.

Hace cinco años, en el 2014, vino personal de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias, a dar la última inspección, donde detectaron que apenas si había un 10% de radiación, la cual ya no es dañina para la salud

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