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COLUMNA POLÍTICA DEL SOL

ES INMORAL, PERO NO ILEGAL, ASÍ QUE NO PASA NADA*

STAFF SOL QUINTANA ROO

Gabriel García Hernández, morenista de cepa, goza del preciado don de la ubicuidad.

De otra manera no se explica que, al mismo tiempo, pueda ser coordinador de los “superdelegados” del Gobierno federal, un cargo de alta envergadura en la Presidencia; secretario de Organización de la Dirigencia Nacional de Morena, otro puesto de nivel en el partido más poderoso, por ahora, y que también pueda echarse su “palomazo” como senador.

La Dirección de Prerrogativas y Partidos Políticos del Instituto Nacional Electoral, confirma que García Hernández es secretario en MORENA. Simultáneamente ostenta la titularidad de la Coordinación General de Programas Integrales de Desarrollo, desde el uno de diciembre de 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia de la República.

La Comisión Nacional de Honor y Justicia de MORENA, prohíbe a funcionarios públicos del Gobierno federal ocupar al mismo tiempo cargos de dirección al interior del partido y precisa que los órganos de dirección ejecutiva, no deben incluir autoridades funcionarios o integrantes de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial de los municipios, estados o de la Federación y de no renunciar podrían ser sancionados.

Empero, el ubicuo García Hernández, “distinguido” personaje del primer círculo de López Obrador, junto con Alejandro Esquer Verdugo, secretario particular; Lázaro Cárdenas Batel, coordinador de asesores; Alfonso Romo Garza, jefe de la Oficina de la Presidencia y Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de Comunicación Social, sigue siendo secretario en MORENA y además senador con licencia, por aquello de “no te entumas”.

Por otra parte, en el caso del doctor Alejandro Gertz Manero, López Obrador consideró que no es ilegal que el Fiscal General de la República y Emilio Lozoya Austin, ex director de Petróleos Mexicanos, tengan por abogado al que en un tiempo fuera llamado, “El Fiscal de Hierro”, Javier Coello Trejo, “no es ilegal pero sí inmoral, pero no me corresponde a mí, ni a ninguna institución resolverlo, le corresponde a él”, dijo.

¿Cuántas inmoralidades que no alcanzan visos de ilegalidad, conforme a la 4-T, se cocinan en el partido-gobierno en el poder?

Desde los pasillos del congreso de la Unión

Mientras el senador Mario Zamora utiliza el presidium para pedir que se modifique la fracción tercera del Artículo 21, para que en horario laboral se pueda tomar una o dos cervezas, en comisiones unidas del Senado se avaló la Ley de Austeridad Republicana, impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. Morena y sus aliados se impusieron en la votación, previamente la oposición abandonó el debate. La priista Vanessa Rubio le dijo a los morenistas que no se puede legislar con el estómago. «Yo creo que esto va a definir mucho el ambiente legislativo hacia adelante. Ojalá que prevalezca el ambiente legislativo que habíamos construido hasta la semana pasada y no el que se trató de imponer hoy porque no se vale en la democracia; lo que queremos es trabajar en consensos», expresó.

Las comisiones aprueban en sus términos la minuta que propone expedir la Ley Federal de Austeridad Republicana, la cual será de orden público e interés social y tendrá por objeto regular y normar las medidas de austeridad que deberá observar el ejercicio del gasto público federal y coadyuvará a que los recursos económicos de que se dispongan se administren con eficacia, eficiencia, economía, transparencia y honradez, conforme lo establece el artículo 34 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Sus disposiciones serán aplicables a todas las dependencias, entidades, organismos y demás entes que integran la Administración Pública Federal (APF).

Los poderes Legislativo y Judicial, las empresas productivas del estado y sus empresas subsidiarias, así como los órganos constitucionales autónomos tomarán acciones para dar cumplimiento a los principios de la presente ley de acuerdo con la normatividad aplicable.

Falsa austeridad

Mucho ruido se ha hecho con la llamada Ley de Austeridad Republicana que la mayoría morenista logró aprobar con su aplanadora en el Senado. Y no es para menos, pues se trata de 50 mil millones de pesos que el presidente López Obrador podrá manejar a discreción, sin ningún control ni filtro ni nada que tenga que ver con transparencia y cuentas claras.

Obvio, el inquilino de Palacio Nacional negó que se trate de una partida secreta, como la que ejercieron en su momento los presidentes del PRI y del PAN.

AMLO rechazó que exista esta partida porque «una regla de oro de la democracia es la transparencia» y que esas afirmaciones «sí calientan».

«No soy Salinas, vamos respetándonos», dijo.

López Obrador señaló que ya era una facultad del Presidente el decidir el destino de los ahorros generados por la Ley de Austeridad, pero que transferiría esta tarea a la Secretaría de Hacienda de Carlos Urzúa.

«Los ahorros generados como resultado de la aplicación de dichas medidas deberán destinarse, en los términos de las disposiciones generales aplicables, a los programas del ejecutor del gasto que los genere. Por cuanto hace al Poder Ejecutivo, dichos ahorros se destinarán a los programas previstos en el Plan Nacional de Desarrollo o al destino que por decreto determine el titular», apunta el artículo 61 de la legislación aprobada por la Cámara de Senadores.

Sin embargo, todo México sabe que el secretario de Hacienda hace y dice lo que le ordena el presidente López, por lo que en la práctica los recursos ahorrados a costa del despido de miles de empleados del gobierno federal, de echar abajo programas en beneficio de la niñez mexicana, de las mujeres victimadas, de desabastecer de medicinas a clínicas y hospitales, de cancelar becas a deportistas, investigadores, pasantes de medicina que hacen servicio social en zonas rurales, y un etcétera etcétera, irán a parar a las “prioridades” de AMLO.

Y adivine estimado lector, ¿cuáles son esas primicias del presidente de México?

El reparto de recursos en forma directa a beneficiarios de sus programas sociales, pues el presidente de México tiene muy presente que el 2021 se renovará la Cámara de Diputados y 13 gubernaturas, por lo que hay que ir preparando el terreno, calentando motores, y para aceitar máquinas, hay que repartir dinero a su nombre. No cabe la menor duda, AMLO es todo un estadista.

El año entrante no habrá elecciones por decirlo complicadas (diputaciones locales en Coahuila y ayuntamientos en Hidalgo), por lo que la mirada de AMLO está puesta en el 2021.

Su estrategia comenzó desde que resultó electo presidente de México y se irá radicalizando para no perder el control del Congreso de la Unión

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