(Segunda Parte)

STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- Algunos veteranos comentan que la imprudente invitación presidencial actual, que prolonga de manera incierta la migración centroamericana y otras por nuestro país, y el pésimo cálculo sobre la “compensación” a supuestos braceros, sólo tienen paralelismo con el grave error del general Lázaro Cárdenas del Río, quien ordenó que se les dieran facilidades a los adictos mexicanos para que compraran su mercancía en farmacias, dispensarios y clínicas ambulatorias, eliminando “viejos edictos punitivos sobre los delitos de drogas”.

Igual que en el caso de los “migrantes invitados”, el mundo se le vino encima al Presidente Cárdenas y, en menos de cuatro meses, tuvo que introducir nuevamente la legislación punitiva de 1931.

Se cree que fue víctima de los “expertos” de gabinete, quienes, al arribar al poder, se creen autorizados a inventar programas que parecen tener un prometedor futuro positivo y sus proyectos estallan como globos fiesteros pinchados con alfiler.

Antes de volver al tema de la monumental falla histórica con la entrega de dinero a supuestos ex braceros o familiares de ellos, debemos relatar la equivocación de Cárdenas y dos terribles dramas que costaron la vida, primero, a 25 braceros no mexicanos, a quienes sacrificó a machetazos un jalisciense esquizofrénico, a quien no aliviaron ni siquiera los electrochoques antidemenciales que recibió poco antes de sus crímenes.

Luego nos referiremos a los brutales sacrificios en Tamaulipas, que mandaron a la tumba casi a 300 migrantes de diferentes nacionalidades, en el Estado de Tamaulipas. En esta tragedia primero se localizaron 72 cadáveres, entre hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, un ecuatoriano y 4 brasileños.

El BBC History Magazine encargó al investigador Benjamín Smith, en abril de 2018, un resumen de la decisión mexicana para “legalizar” las drogas.

El artículo no tiene desperdicio. El 5 de enero de 1940, el Presidente de México, Lázaro Cárdenas del Río, hizo algo verdaderamente revolucionario: promulgó el nuevo Reglamento Federal de Toxicomanías.

La legislación eliminó los viejos edictos punitivos sobre los delitos de drogas, autorizó a los médicos a recetar narcóticos a los adictos, estableció clínicas ambulatorias y formuló peticiones más amplias “para tratarlos como enfermos y no como criminales”.

Menos después de un mes, indicó Smith, después de la firma el reglamento entró en vigor.

La venta y la compra de pequeñas cantidades de drogas, incluida la mariguana, la cocaína y la heroína, “fueron efectivamente despenalizadas”.

Los delincuentes a pequeña escala fueron liberados de la cárcel y de las clínicas de adicción a las drogas de la ciudad de México. Los agentes de policía redujeron drásticamente los arrestos por delitos de drogas y se establecieron media docena de dispensarios en la capital del país. Algunos periodistas mexicanos conservadores pensaron que con la medida se corría el riesgo de provocar una ola de delincuencia en territorio mexicano, “pero la mayoría lo consideró un gran éxito”.

A mediamos de marzo de 1940, al menos 1,000 adictos asistían a los dispensarios diariamente a comprar pequeñas dosis controladas de cocaína y morfina “bajo supervisión médica y a valor del mercado”. Los médicos y periodistas se pronunciaron a favor del cambio. Lo mismo opinaban los toxicómanos.

Los bajos precios que ofrecían esas clínicas paralizaron el comercio ilegal. La morfina del gobierno se vendía a 3.20 pesos el gramo. En la calle, la misma cantidad de heroína costaba entre 45 y 50 pesos. Además, estaba muy diluida con lactosa, carbonato de sodio y quinina. Un gramo puro probablemente costaba cerca de 500 pesos.

Esos precios socavaban a los distribuidores, los traficantes de la ciudad de México perdían 8,000 pesos al día. Sin embargo, antes de que pasara medio año…la “nueva” legislación fue anulada.

El 7 de junio de 1940, afirma Benjamín Smith, “el gobierno declaró que la escasez de cocaína y morfina debido a la guerra impedía que el plan funcionara. El mes siguiente se introdujo de nuevo la antigua legislación punitiva de 1931. La breve historia del coqueteo de México con la legalización tiene una profunda resonancia contemporánea. Desde 2006 hasta 2016, se estima que la guerra de México contra las drogas le ha costado la vida a 160,000 personas, aproximadamente”.

En la atmósfera internacional actual, la política de México de 1940 “parece curiosamente profética”, cree Benjamín Smith.

Aunque esa política dejó varias interrogantes. ¿Por qué legalizaron las drogas?  Y si fue tan exitosa, ¿Por qué la detuvieron de repente?

En muchos sentido, añade Smith, “la legalización mexicana fue una creación de un hombre: Leopoldo Salazar Viniegra. Médico de formación, estudió Siquiatría y Neurología en Francia antes de regresar a México. En 1938 fue puesto a cargo del Hospital de Drogadicción de ciudad de México. El lugar estaba repleto. Al igual que EUA, México encerraba a miles de adictos cada año”.

En  un trabajo que tituló “El mito de la marihuana”, argumentó que los peligros eran muy exagerados y que…”independientemente de la clase social, la educación o la edad, la mariguana, (puede escribirse con “g” o con “h”), no hacía “más que secar los labios, enrojecer los ojos y producir una sensación de hambre”.

La drogadicción, argumentó, debe tratarse “como un problema de salud pública y no como un delito”, pues no “hay un vínculo intrínseco entre la adicción a las drogas y la criminalidad”.

De hecho, afirmó, “el alto precio de las drogas, generado por la prohibición, es lo que llevaba a los usuarios a cometer crímenes”.

En lugar de atiborrar las cárceles con los usuarios, Salazar sugirió una combinación de educación, tratamiento farmacológico y ayuda siquiátrica.

En tercer lugar propuso poner fin a la prohibición y “establecer un nuevo monopolio estatal de drogas”.

La prohibición había generado el mercado de drogas ilegales y “detener a los narcotraficantes era casi imposible”.

Además decía, “el comercio ilegal tenía dos consecuencias suplementarias importantes: corrompía a la fuerza policial mexicana, a la que se le pagaba para proteger a los grandes comerciantes de drogas, y aumentaba los precios, forzando a los usuarios a cometer delitos”.

Como resultado, razonó, “la mejor manera de lidiar con la adicción a las drogas no era a través de la prohibición, sino del control estatal. Un monopolio estatal de drogas que vende drogas a precios de mayorista, sacaría a los concesiones del negocio, reduciría la corrupción policial y le permitiría a los usuarios alimentar sus hábitos sin recurrir al delito”.

Pero en mayo de 1940, todas las exportaciones de morfina y cocaína fueron suspendidas por EUA, y sin la cooperación de las compañías farmacéuticas alemanas bloqueadas por la guerra, las autoridades mexicanas se vieron obligadas a renunciar. Benjamín Smith es profesor de Historia de América Latina en la Universidad de Warwick, especializado en la historia moderna de México.

Le faltó decir al historiador algo importante que publicaron oportunamente algunos de los periodistas a los que criticó…

Ellos calificaban como “asquerosas las maniobras realizadas por los traficantes de drogas”. Facultativos inmorales en connivencia con farmacéuticos, (diario La Prensa, 22 de septiembre de 2004), “comerciaban con estupefacientes”.

Los narcotraficantes habían encontrado el apoyo de una mafia de médicos sin escrúpulos, que se valían de los propios recetarios que para la venta de enervantes expedía el Departamento de Salubridad Pública, para encubrir a los viciosos que fácilmente podían adquirir cocaína y heroína en muchas de las farmacias de la capital de la República.

En enero de 1942 resultó que muchos boticarios se habían convertido en verdaderos traficantes de drogas y amparados por las recetas autorizadas de médicos impúdicos, proporcionaban la droga a los viciosos cobrándoles por ellas precios enormes. La Segunda Guerra Mundial había provocado escasez de cocaína y heroína en México, particularmente heroína, pues ambas drogas eran importadas. Entonces… ¿a quién de los funcionarios se le ocurrió aconsejar al Presidente Cárdenas para su polémico Reglamento Federal de Toxicomanías, que eliminaba las “viejas” leyes punitivas sobre delitos de drogas, de las que escaseaban precisamente ese año por las actividades bélicas?

Sin embargo, por unas semanas, siguieron recibiéndose cantidades suficientes para surtir las necesidades de algunas farmacias, lo que fue aprovechado por farmacéuticos que, lejos de usar las drogas en la elaboración de medicamentos recomendados por doctores honestos, se dedicaron como comerciantes a entregar “polvo” a los adictos. El gramo se cotizaba en México a 50 pesos, cuando el gobierno lo vendía a 3.20 pesos.

Salubridad proporcionaba recetarios especiales para autorizar los preparados medicinales a base de drogas heroicas; cualquier médico titulado podía obtener los recetarios especiales. La realidad era diferente. El verdadero uso de los recetarios se perdía entre la documentación y se encubrían así las turbias actividades de muchos narcotraficantes surgidos al amparo de la falta de castigo.

Los viciosos llegaban a la botica en busca de la droga y el boticario fingía no tenerla “en esos momentos”, pero recomendaba a X médico para que proporcionara las recetas necesarias.

A cambio de la receta el médico recibía 10 pesos, por cada recetario el médico inmoral ganaba 1,000 pesos extras, con en 1942 “constituían una pequeña fortuna”.

El caso era todavía peor cuando impúdicos galenos que colaboraban en y usufructuaban el tráfico de drogas, expedían a un mismo paciente tres o más recetas al día, con distintos nombres, a fin de que obtuvieran sin problemas el nefasto producto.

El gran problema creció y provocó  un informe oficial: “De acuerdo con instrucciones especiales del jefe del Departamento de Salubridad, se lleva estricta contabilidad en todo lo que se relaciona con el tráfico de enervantes, tanto desde el punto de vista terapéutico, como el que se refiere al llamado tráfico ilícito de los estupefacientes. En tratándose del consumo de enervantes con fines terapéuticos, sólo se autorizan los permisos que llenan todos los requisitos legales, de acuerdo con lo dispuesto en el Código Sanitario vigente y las reglamentaciones especiales sobre el particular…

“Indudablemente que existen facultativos que, olvidando los más rudimentarios principios de la ética profesional, hacen mal uso de los recetarios especiales para prescribir enervantes, y boticarios complacientes que por obtener utilidades trabajan en complicidad con médicos y viciosos; pero debe tomarse en cuenta que al practicar las diarias visitas en las droguerías y boticas, los inspectores químico farmacéuticos del departamento recogen las recetas que han sido surtidas, y tanto en estos casos como al entregar los médicos los talonarios de sus blocks para prescribir enervantes, se estudian esos antecedentes, para que al comprobarse que los facultativos usan con demasiada frecuencia narcóticos o que en las boticas se despachan también en forma sospechosa las mismas sustancias, se practica minuciosa investigación por medio de la policía de narcóticos de la Oficina de Toxicomanías, y al comprobarse que algún médico hace mal uso de los expresados recetarios, se le suspende el suministro de ellos por algunos meses, y en caso de reincidir, por un año o definitivamente”. Esas medidas extemporáneas a nadie asustaron, obviamente.

JUAN V. CORONA

Juan Vallejo Corona nació el 7 de febrero de 1934 en Autlán, Jalisco. Tuvo un  hermano homosexual y violento de nombre Natividad Corona. En 1953 emigraron a Estados Unidos y Juan procreó cuatro hijas con su esposa. Al paso de los años se transformó en subcontratista de braceros mexicanos. En 1956, de acuerdo a Wikipedia, reconoció estar enfermo de esquizofrenia y se sometió a la novedad de los electrochoques…que nunca lo aliviaron.

Nadie se quejó de abusos económicos o físicos por parte del subcontratista, quien rezaba todos los domingos en una iglesia, se dice que para beneficiar a su hermano el violento, quien atendía el café “Guadalajara” en Marysville, pero un joven fue herido en el baño del negocio y demandó a Natividad por un cuarto de millón de dólares, por lo que el soltero Corona vendió sus bienes y regresó huyendo a México.

El 19 de mayo de 1971 un granjero japonés notó que entre dos árboles de su huerta de duraznos  había una especie de tumba y, al regresar por la noche, encontró parejo el terreno. El japonés avisó a la policía y fue encontrado el cadáver de un hombre blanco y delgado (Kenneth Whiteacre), fuertemente golpeado en la cabeza y apuñalado en el pecho.  Como entre la ropa le hallaron pornografía homosexual, se supuso que había motivos vinculados a individuos “de costumbres raras”.  De momento no había indicios contra Juan Vallejo Corona. Pero el 24 de mayo, unos trabajadores que operaban un tractor en un rancho vecino encontraron otra tumba improvisada, donde yacía Charles Fleming, otro vagabundo conocido por la zona.

La policía realizó entonces una búsqueda mejor especializada y encontró varios cadáveres en distinto estado de descomposición, que presentaba el mismo tipo de heridas con machete. También se encontraron unas facturas a nombre de Juan V. Corona.

El 4 de junio se dio por terminada la búsqueda. Habían sido hallados 25 cuerpos y fueron identificados 21 de ellos. Del total de muertos 22 fueron anglosajones, ninguno era de origen mexicano. Se localizó un recibo bancario a nombre de Juan Corona, quien finalmente fue acusado y detenido.

Pero si bien halló la policía rastros de sangre en su camioneta, resultó ser de un trabajador herido que había transportado y, en su machete, no se encontraron rastros sanguíneos. Algunas huellas de neumáticos no concordaron con  las de su camioneta ni la bala hallada en uno de los cadáveres pertenecía a la pistola de Corona, quien además usaba muletas para caminar en la época de algunas de las muertes.

El juicio contra Juan Vallejo Corona de nacionalidad estadunidense y mexicana-, fue largo, costoso y complejo, máxime cuando la acusación en lugar de elegir algunos casos como era usual, le imputó los veinticinco homicidios. Inicialmente Corona fue asistido por el defensor público nombrado por el Tribunal, pero el 14 de junio el acusado lo reemplazó por Richard Hawk, un abogado privado que en lugar de honorarios recibió de Corona los derechos literarios exclusivos respecto de su historia, e incluso, fue relevado de la obligación de guardar reserva acerca de sus comunicaciones con el acusado. Hawk optó por desistir de una defensa de insania y prescindió de los siquiatras. Durante su detención Corona tuvo dos ataques cardíacos.

La defensa aducía que Natividad Corona fue el verdadero autor de los crímenes y que había dejado indicios como facturas y boletas de depósito bancario para incriminar a su hermano. Pese a la probable motivación sexual de los crímenes no se comprobó que Juan Vallejo Corona fuera homosexual.

Wikipedia informa que finalmente en 1973 el Jurado, tras 45 horas de deliberación, decidió que Juan Vallejo Corona era culpable de veinticinco homicidios y el Juez lo condenó a veinticinco cadenas perpetuas con derecho a pedir la libertad condicional al cabo de siete años. En esa época la Suprema Corte del Estado de California había establecido el criterio de que la pena de muerte era inconstitucional.

En el año 1982 un nuevo grupo de abogados tomó la defensa y alegó que no se le había defendido correctamente en su primer juicio, pero no consiguió que se modificara la condena. El Jurado consideró que Natividad Corona (ya fallecido a esa fecha), no había tenido el tiempo ni oportunidad para cometer los crímenes y que, en cambio, el acusado no tenía una explicación razonable sobre por qué los nombres de algunos de los hombres muertos aparecían en sus registros de trabajo.

En la prisión, Corona fue atacado a puñaladas por cuatro internos y casi muere, perdiendo un ojo en el ataque. El jalisciense continuó purgando sentencia en la prisión estatal de Corcoran en California, y durante sus últimos años en dicha prisión, padeció de demencia senil y su salud se fue agravando. El 5 de diciembre de 2011 le fe rechazado su pedido de libertad bajo palabra y no pudo solicitarlo de nuevo hasta 2016. El 4 de marzo de este año falleció en la cárcel de Corcoran, según informo el Departamento de Correccionales y Rehabilitación de California.

CASI 300 MUERTOS

En estremecedor relato, Jacobo García, de El País, expresó el drama de casi 300 migrantes sacrificados en Tamaulipas. Los veteranos de la ruta, desde sacerdotes a organizaciones no gubernamentales lo habían advertido antes de 2010: “México es una gigantesca fosa común para los migrantes centroamericanos que atraviesan el país en dirección a Estados Unidos”.

Jacobo García inicia su reportaje: “Son las siete de la mañana del 24 de agosto de 2010 y después de recorrer 22 kilómetros, un ecuatoriano sangrante y mal herido llega hasta un retén del Ejército en la carretera 101 de Tamaulipas, en la frontera entre México y Estados Unidos. Se arrastra hasta el primer soldado que encuentra y dice: “Soy Luis Freddy Lala Pomavilla, de 18 años, inmigrante ecuatoriano rumbo a los Estados Unidos. Hombres armados nos secuestraron. Los mataron a todos”.

Antes de desfallecer en un hospital, comenta Jacobo García, “el ecuatoriano acompañó a los soldados hasta un rancho abandonado en el municipio de San Fernando, donde localizaron el horror: 72 migrantes tirados en el suelo y asesinados a bocajarro. 58 hombres y 14 mujeres, la mayoría centroamericanos entre ecuatorianos, brasileños y uno indio. Vestidos con gorras de béisbol y ropa desgastada, yacían formado en fila y maniatados”.

La bestialidad de la matanza y la tranquilidad con la que se ejecutó dejó estupefacta la región y  una expresión corrió de boca en boca y de albergue en albergue entre los migrantes: “México está cañón”…

El secuestro de los migrantes era un nuevo rubro en el negocio del narco. El drama para los 72 migrantes había comenzado tres días antes, a sólo unos kilómetros de la ansiada frontera con Estados Unidos. Todos ellos viajaban hacinados en dos camiones que fueron secuestrados por ocho tipos en el municipio de San Fernando, Tamaulipas y conducidos hasta un alejado rancho con una nave. Los obligaron a bajar, les ataron las manos y al día siguiente, les dieron opciones: trabajar para los Zetas o la muerte. Sólo un migrante aceptó el empleo. Al resto le vendaron los ojos y lo fueron ejecutando con disparos en la espalda y la cabeza después de multitud de golpes. Los cadáveres pasaron 24 horas a la intemperie bajo el sol de agosto de Tamaulipas. Habrían de descubrirse después más de 200 cuerpos en fosas clandestinas. CONTINUARÁ.

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