*Violencia Desatada

 *Espacios Tranquilos

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  Por Rafael Loret de Mola/STAFF SOL QUINTANA ROO

       Es un hecho, aunque el presidente tenga otros datos, que la violencia está en alza en la mayor parte de las entidades federales y en la Ciudad de México. No se puede ocultar el sol con un dedo y, mucho menos, pretender que las cosas mejoran porque así lo determina la voluntad y el discurso del presidente. Por desgracia, el consejo de empresarios que lo rodea sólo se centra en hacer buenos negocios a cambio de minimizar los datos negativos para elevar sus posibilidades rentables. 

        En materia de asesinatos –y por hoy no consideramos el elevado índice de suicidios, sobre todo en el sureste del país-, llama la atención que sea Colima, una entidad de reducidos límites territoriales, la que tenga el dudoso honor de encabezar la lista de las regiones con un mayor número de crímenes: 7.9 por cada cien mil personas lo que la coloca en un nivel de extrema emergencia, poco atendida, por los gobiernos de origen priista. No se olvide que esta entidad, además de Campeche, Coahuila, Hidalgo y el Estado de México, no ha visto la alternancia política y sí ha debido repetir dos elecciones para gobernador en medio de tragedias tales como los magnicidios contra el ex gobernador Silverio Cavazos y el gobernador Gustavo Vázquez Montes en 2005 luego de ganar, a la vieja usanza, dos elecciones porque la primera fue anulada por la descarada intervención de su predecesor, Fernando Moreno Peña –este apellido salta a la vista-, quien además ha sido uno de los más cercanos a las mafias y uno de los de alta alcurnia entre los ladrones: se quedó con los terrenos aledaños a sus obras de circunvalación y también fue víctima de un atentado singular: los sicarios le dispararon una docena de veces y apenas le hicieron daño; todo, perfectamente calculado bajo el estigma de las actuaciones del cártel de las metanfetaminas que fundaron los hermanos Beltrán Leyva.

       En la lista siguen Baja California, en donde se debaten entre la ley “Bonilla”, para ampliar el mandato del gobernador electo a cinco años transgrediendo el término impuesto por el que se votó, y la resistencia del gobierno central; Chihuahua, en donde el cártel de Juárez y los feminicidos van al alza con un índice de 6.3; Sonora, la parcela de Manlio Fabio Beltrones quien impuso a Claudia Pavlovich Arellano para gobernar la entidad, Guerrero, tierra sin ley desde los acontecimiento de Ayotzinapa y las evidencias de esclavitud entre Iguala y Cocula; Guanajuato, uno de los feudos panistas más arraigados –el otro lo perdió en Baja California-, sede de bandas de secuestradores y otros criminales protegidos por las altas autoridades, con un ínide de 4.1.

        Por debajo pero con niveles altos se sitúan Morelos, Michoacán, Zacatecas, Quintana Roo –asiento de varias bandas criminales-, Oaxaca, Jalisco, Tlaxcala, Sinaloa y Tabasco con índices superiores al 2 por ciento entre cada cien mil habitantes.

        De esto, esperemos, que hable el presidente de la República con prioridad, esto es priorizando los datos criminales por su o9bsesión de señalar a la prensa “fifí”.

        La Anécdota

        El estado con menor índice de asesinatos es Yucatán, con 0.1. Y no puede ser de otra manera puesto que sus gobiernos han brindado a las familias de los sicarios y capos más distinguidos una urbe en apariencia tranquila, Mérida, con retenes por doquier y una población obligada a convivir con personas de fuera, con apariencia a veces grotesca, que han encarecido todo por la economía poco sana del narcotráfico.

       Y también Baja California Sur, con 0.2, es un paraíso de solaz para los criminales que pagan muy bien por no ser molestados en el paraíso casi exclusivo de los suyos. Según van los tiros van las acciones.

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