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Isegoría


Nueva vida partidaria y política

Sergio Gómez Montero*

Aquí he de permanecer incólume
Esperando el alba para regar mi frente;
Aquí he de estar al frente

R. Obregón: “Bolívar”

Desde luego, no es sólo el subsidio excesivo e inexplicable que se destina para los partidos políticos lo que se vuelve insultante e injustificable hoy entre nosotros, sino que es, hoy, toda la vida partidaria la que lastima en el país y que pareciera querer mantenerse de aquí al infinito y más allá como estigma que tiene patente de corso para permanecer por los siglos de los siglos en el país. Nada representa tampoco la elección de nuevo dirigente del PRI, un partido que es hoy una tristeza desde todo punto de vista, al que ya nadie le hace caso. Es decir, habría que pensar que vale la pena dedicarle hoy a eso, a la partidocracia burguesa, el tiempo que sea necesario para preguntarnos: ¿qué tipo de vida partidaria, política, se necesita concretar actualmente en el país? Porque, en efecto, no es fácil darle respuesta a lo anterior si suponemos, como lo supone hoy el INE, que perdida la autoridad del Estado para preservar las reglas de la contienda política, dejar al poco Estado que nos queda cada vez más fuera del juego, para que las fuerzas de facto sean las que fijen las reglas, es entrar a una vida política en donde lo que prevalecería sería tan sólo la ley de la selva…, y ¿a quién conviene eso?

Problema no menor el anterior, urge entrar a regularlo para tratar así que la vida política de la nación sea más sana, más transparente, más justa.. No es poco, pues, lo que está en juego. Más si tomamos en consideración que de 1972 para acá las reformas constitucionales (varias) sobre la materia han sido sólo más de lo mismo y llover sobre mojado, pues la lógica que ha imperado al respecto ha sido la de las cuotas partidarias y, por eso, los beneficiarios sólo lo han sido PRI y PAN, que impusieron sus criterios, para que las legislaciones en la materia los favorecieran de una u otra manera, a la hora de manipular la democracia representativa (partidaria y parlamentaria) que todavía prevalece en el país.

Una verdadera reforma política sobre la materia es allí, en la democracia representativa, en donde debiera centrarse, pues ese tipo de democracia (que traslada del pueblo a los partidos toda la acción política) ha demostrado entre nosotros no solo su inoperancia, sino más que nada su maldad, pues sus juegos de suplantación del poder formal del pueblo trasladado a los partidos políticos ha sido y será siempre un fraude de dimensiones mayúsculas, ya que los partidos utilizan la representatividad no sólo para monopolizan los recursos que el Estado destina para fines electorales, sino que también, bajo reglas de discrecionalidad muy complejas, hace uso de los recursos privados que por muy diversas vías les llegan.

Eso y sólo eso es la democracia representativa.

Habría, pues, que pensar si no ha llegado ya la hora, con la Cuarta Transformación o sin ella, de una nueva vida política para la nación, más sana, más limpia, más transparente, en donde lo público y lo privado se complementen mientras la transición se completa y el pueblo decide qué tipo de vida pública y social es la que prefiere, para así poder definir qué tipo de vida política es la que va a prevalecer.

Pero mientras son peras o son manzanas, a la democracia representativa habría que darle cran.

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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