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RUPTURA EN MORENA

*Nacido apenas hace cinco años, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se encuentra sumido en una crisis de identidad y unidad provocada por una contienda interna donde predominan los intereses personales, los golpes bajos y las ambiciones de poder. Al interior del partido se están generando corrientes que buscan crear nuevos órganos políticos con miras a las elecciones del 2021, lo que lo encamina hacia un escenario similar al que vivió el PRD y que culminó con su casi extinción. En las elecciones de junio pasado, Morena perdió tres millones de votos, así como entre el 15 y 20 por ciento de su base electoral. La renovación de la dirigencia de Morena está presentando los mismos vicios de los partidos políticos que tanto criticó. Los cuatro contendientes que buscan el liderazgo no reconocen las reglas ni están dispuestos a ceder a sus intereses personales. Todo indica que el partido del presidente de México está destinado a la división, al cacicazgo y a la creación de tribus morenistas que se disputan el control de las jugosas prerrogativas que le destina el INE y que el año entrante ascenderán a mil 700 millones de pesos. En la práctica, los que buscan el liderazgo han caído en viejos vicios como el acarreo, la inducción al voto, el amiguismo o la manipulación. La guerra morenista apenas comienza y los aspirantes al liderazgo nacional ya enseñan el cobre. El proceso interno podría judicializarse y llegar al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Es el partido del presidente López Obrador.

STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- El Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido creado por el presidente López Obrador, está inmerso en una severa crisis provocada por una contienda interna donde predominan los intereses personales y las ambiciones de poder.

Tal vez el mayor reto que tiene el partido luego de haber conquistado la Presidencia de México, son las elecciones del 2021, las cuales no podrá ganar si no sale fortalecido en su proceso interno con un liderazgo capaz de conciliar a las diversas tribus que ya se pelean por la dirigencia.

Al interior de Morena se están generando tres o cuatro corrientes que buscan crear nuevos partidos políticos para 2021, lo que encamina al partido hacia un escenario similar al que vivió el PRD y que culminó con su casi extinción.
Todo esto dinamita la unidad de Morena, al existir pugnas internas por ver quién controla las estructuras, olvidándose de la militancia, donde existe mucha inconformidad porque las decisiones solo las toman los dirigentes.

En las elecciones de junio pasado, Morena perdió tres millones de votos, así como entre el 15 y 20 por ciento de su base electoral.

Y es que no es para menos lo que se viene dentro de dos años. En el 2021 se renovarán las gubernaturas de Baja California Sur, Chihuahua, Campeche, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Tlaxcala, San Luis Potosí, Sonora, Sinaloa, Querétaro, Zacatecas, además de la Cámara de Diputados, presidencias municipales y congresos locales.

En estos momentos, Morena gobierna siete entidades: Puebla, con Miguel Barbosa; Baja California, Jaime Bonilla; la Ciudad de México, con Claudia Sheinbaum; Tabasco, con Adán Augusto López; Chiapas, con Rutilio Escandón Cadenas; Veracruz, con Cuitláhuac García y Morelos, con Cuauhtémoc Blanco.

Sin duda hay mucho en juego y por ello resulta interesante ver cómo resuelven la renovación de su dirigencia nacional, pues todo indica que la lucha interna apenas comienza. Ya hay claros indicios de cacicazgo, divisionismo y proliferación de grupos que buscan el poder.

Por principio de cuentas, el Congreso convocado para definir las líneas de la convocatoria para la renovación de la dirigencia nacional, fue suspendido debido a una serie de acusaciones entre los integrantes de la cúpula partidista que derivaron en una confrontación entre sus dirigentes por quejas de ilegalidades.

Yeidckol Polevnsky líder nacional saliente y quien pretende relegirse, dio madruguete a los cuadros y bases de Morena al emitir un día antes su propia convocatoria.
La contienda interna para la renovación de la dirigencia se complicó el 18 de agosto, al entramparse la emisión de una convocatoria única al III Congreso Nacional de ese partido, en el que se elegiría al nuevo liderazgo.

Ese domingo 18 aparecieron dos convocatorias, pero la contienda se complica aún más porque al menos tres instancias de Morena buscan incidir en las bases.
Por el momento, dos facciones mantienen la disputa por el control del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) responsable de expedir el llamado a proceso.

La dirigente Yeidckol Polevnsky y su mayoría en el CEN, dieron «madruguete» al expedir el día 17 una convocatoria a Congreso, es decir, al proceso electivo, la cual fue desconocida por un grupo de consejeros y por los integrantes de las comisiones nacionales de elecciones y la de «notables», electa para coadyuvar en el proceso.

Estas instancias presentarían en Consejo Nacional una propuesta de convocatoria que contenga reglas de «piso parejo» para el proceso de elección del nuevo dirigente nacional.
A su llegada al Consejo, la dirigente Polevnsky anunció que la convocatoria ya había sido emitida y defendió su legalidad, pues alegó que por estatuto sólo el CEN puede emitirla.
Felipe Rodríguez, integrante de la Comisión Nacional de Elecciones (CNE), señaló que el artículo 46 del estatuto establece que éste órgano es el responsable de proponer al CEN las convocatorias que debe analizar y votar.

Además, agregó, el Consejo nombró el 7 de julio a una Comisión de «notables» que coadyuve en el proceso y haga propuestas, pero las instancias no fueron escuchadas por la dirigente Polevnsky.

Héctor Díaz Polanco, presidente de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, reconoció la existencia de dos convocatorias y señaló que en reunión de las tres instancias, el CEN, la CNE y la Comisión de «notables», se acordará expedir sólo una.
De acuerdo a Díaz Polanco, es la única forma de evitar que el proceso interno se judicialice y llegue al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

«Es lo que queremos evitar, porque si hubiera una propuesta de convocatoria a Congreso que no fuera aceptada por una parte, esa otra parte iría al Tribunal», comentó.
Polevnsky Gurwitz, por el contrario, indicó que ya hay una convocatoria, la que emitió el CEN y no habrá reunión con otras instancias; sin embargo, se dijo dispuesta a oír propuestas.

También desconoció las resoluciones de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, según las cuales el padrón válido sería de 3.1 millones de afiliados, pues «es ilegal, está inflado».

Ante la evidente fractura, Díaz Polanco, convocó a un nuevo encuentro de conciliación y que se escuchen todas las propuestas para sacar finalmente una convocatoria de unidad.
Sin embargo, Yeickol no quiere saber nada de sus opositores y disidentes internos y advirtió que ya no hay nada que discutir ni cambiar.

Los contrincantes por el liderazgo

En este contexto es en el que Polevnski, y al menos otros tres aspirantes -Alejandro Rojas Díaz Duran, Mario Delgado y Bertha Lujan-, van por el liderazgo nacional de Morena.
La lucha interna va con dados cargados en todos y cada uno de los aspirantes, pues los cuatro fueron destacados militantes del PRD, al que renunciaron para irse a Morena.

No hay duda que si el nuevo liderazgo se decidiera por cercanía con AMLO, la presidente del Consejo Nacional de Morena, Bertha Luján Uranga, sería la escogida.

Fue secretaria de la Contraloría del Distrito Federal cuando López Obrador se desempeñó como jefe de gobierno (2000-2006) e integró el «gabinete legítimo» como secretaria del Trabajo, cuando se denunció el fraude electoral en 2006. Ha estado al lado de López Obrador desde el principio.

Es esposa del abogado laboral Arturo Alcalde Justiniani, uno de los más influyentes en el actual gobierno y madre de Luisa María Alcalde, secretaria del Trabajo y Previsión Social.

Originaria de Chihuahua, Luján vive en la Ciudad de México desde hace décadas y fue coordinadora en la alcaldía de Coyoacán de Morena- que inició casi como corriente dentro del PRD- antes de que renunciará junto con López Obrador al perredismo y formaran su propio partido.

Además, se desempeñó como la primera secretaria general de Morena cuando López Obrador fue su presidente en 2014; pero luego fue nombrada presidenta del Consejo Nacional de ese partido, cargo que ocupa a la fecha.
Otra de las contendientes es la actual presidenta interina de Morena, Yeidckol Polevnsky, también ex perredista.

Su acercamiento fue de los primeros del PRD con líderes empresariales, pues sucedió cuando era integrante de la dirigencia de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) y del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

En 2005 fue la candidata del PRD a la gubernatura del Estado de México, donde compitió y perdió frente a Enrique Peña Nieto, pese a que en esa campaña AMLO hizo amplio despliegue proselitista en su favor, de quien es muy cercana desde aquellas fechas.

Sin embargo, la militancia acusa que Polevnsky se aprovecha de su liderazgo para recorrer todo el país con cargo a los recursos de Morena haciendo campaña sin ningún disimulo.
Por su parte, el diputado Mario Delgado Carrillo –otro de los aspirantes- es un economista del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), y si bien es cercano a López Obrador, se formó con el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, pues fue secretario de Finanzas y secretario de Educación durante su administración en la Ciudad de México.

Delgado fue senador por el PRD, partido al que estuvo afiliado desde 2005 y hasta 2015. Su salida fue también para irse a Morena, partido por el que ocupa una curul en San Lázaro, donde es presidente de la Junta de Coordinación Política y líder de la bancada morenista.

El otro contendiente, Alejandro Rojas Díaz Durán, es cercano al líder de los senadores, Ricardo Monreal de quien es suplente, así como a Marcelo Ebrard.

De los contendientes, es el único que ha pertenecido no sólo al PRD sino al PRI (1975-1996), además de haber fundado al extinto Partido Centro Democrático (PCD) en 1999, junto con Ebrard y el mentor político de ambos, el fallecido Manuel Camacho Solís.
En los años 80, siendo líder juvenil, Rojas Díaz Durán apoyó la Corriente Democrática del PRI, movimiento que a la par salió del Revolucionario Institucional, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y el mismo López Obrador, pero Rojas se salió del tricolor hasta 1996.

Fue secretario de Porfirio Muñoz Ledo, actual presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados, y coincidió con él durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera en la Ciudad de México, como miembro del Consejo Consultivo para la reforma política de la capital.

También ha sido dos veces integrante de la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal y una vez diputado federal.

Hasta hace unos meses era coordinador de asesores de Morena en el Senado, cargo que dejó luego de una disputa pública con Yeidckol Polevnsky, a la que acusó de favoritismo e imposición como abanderado de Miguel Barbosa, actual gobernador de Puebla.

El Congreso Nacional de Morena se efectuará el 23 y 24 de noviembre para elegir 200 integrantes del Consejo Nacional, así como su presidente y 21 integrantes del Comité Ejecutivo Nacional, aunque desde ahora afloran los vicios y el desaseo en el proceso.

AMLO llama al orden

Ante los golpes bajos por la renovación de la dirigencia, el presidente López Obrador llamó a sus correligionarios a no recurrir durante la contienda interna al fraude o a prácticas como el acarreo, la inducción al voto, el amiguismo o la manipulación.

El jefe del Ejecutivo anunció que mandará una carta a Morena, previo al Congreso de noviembre, para dar su opinión sobre lo que se debe cuidar en el partido.

“Quiero manifestarme con miras a la elección, entonces si es el día de la elección ya no tiene caso ir. Lo que quiero es expresar mi sentimiento sobre lo que se tiene que cuidar en Morena, cómo se tienen que mantener ideales y principios y no dar entrada al oportunismo y a la politiquería, que no debe de ser el objetivo el buscar el poder por el poder, ni mucho menos la ambición al dinero, el objetivo tiene que ser servir al pueblo”, dijo.

“Y desde luego que no haya manipulación, que no haya inducción al voto, que no haya acarreo, que se deje en libertad a los militantes, a los ciudadanos, que decidan”, insistió.
Según AMLO se acabaron los tiempos del líder moral, del cacique, del caudillo o del primer militante del partido, y que “pierden el tiempo quienes piensan que saldrán adelante haciendo política a la ‘antigüita’”.

En realidad, lo que se está viviendo en la contienda interna de Morena por la designación de su liderazgo, es una guerra descarnada por el poder donde predominan las ambiciones, sobre todo cuando el partido será el que reciba mayores recursos del Instituto Nacional Electoral que el año entrante ascenderán a mil 700 millones de pesos.

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