Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo

            —El narco manda en Veracruz porque hay vacío de Estado. Las policías están coludidas con la delincuencia y el gobierno del estado está maniatado entre la impotencia y la ineptitud

Desde hace poco más de dos décadas, el crimen organizado se afincó en el corredor petrolero Minatitlán-Coatzacoalcos y ha convertido esa región en un verdadero campo de batalla.

            Tierra de nadie, la región sur de Veracruz ha vivido tiempos aciagos desde finales de los años noventa, cuando el capo Osiel Cárdenas Guillén, entonces poderoso jefe del cártel del Golfo, se afincó en ese territorio, punto estratégico para la recepción de la droga que provenía de Chiapas o del Caribe, sus principales rutas.

            Entre 1997 y el año 2000, Osiel Cárdenas vivió una etapa de auge, imparable el capo tamaulipeco que de haber trabajado en un taller mecánico en Matamoros pasó a ser el sucesor de Juan García Ábrego, La Muñeca, quien vivió su esplendor durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

            Tras la captura de García Ábrego y su posterior deportación a Estados Unidos, Osiel Cárdenas tomó el mando y empezó su expansión en todo el Golfo de México, el Caribe y sus tentáculos llegaron hasta Jalisco, donde se refugiaba con frecuencia.

            En Veracruz se alió con Albino Quintero Meraz no obstante que éste último pertenecía al cártel de Juárez. Eso no importó. Ambos capos reestablecieron sus contactos en Centro y Sudamérica y eligieron el estado de Chiapas como el estado que sería usado como “zona de paso” de  la droga que provenía de Guatemala.

            Para Osiel, la región petrolera de Coatzacoalcos resultó clave. Por ello, extendió sus redes en varios municipios de ese corredor petrolero, uno de los más importantes para Petróleos Mexicanos, por ser estratégico: tiene enlaces hacia el Pacífico, por el Istmo de Tehuantepec, y también por el Golfo de México.

            Desde finales de los años noventa, la región sur de Veracruz no conoce la paz social. Después de que Osiel fue detenido, en 2003, el territorio se quedó libre. Lo ocuparon Los Zetas, en ese tiempo el temible brazo armado del cártel del Golfo. Más tarde arribaron a esa zona grupos del cártel de Sinaloa.

            Los Zetas se afianzaron en el sur de Veracruz y ocurrió un fenómeno regional muy curioso: conforme la situación económica se fue agravando, en buena medida por la crisis de la industria petrolera, diferentes grupos sociales comenzaron a delinquir ante la falta de oportunidades laborales.

            Esto provocó que Los Zetas se convirtieran en una franquicia: desde el municipio de Nanchital hasta Tierra Blanca, Veracruz, comenzaron a surgir grupos delictivos que se autodenominaban Zetas.

            Al principio, los cabecillas de Los Zetas se deslindaron de la actividad delictiva que grupos ajenos realizaban a nombre de ellos. Incluso, existen decenas de casos en los que los verdaderos Zetas asesinaban a los falsos Zetas y junto a los cuerpos descuartizados aparecían mensajes que decían: “Esto les pasa por delinquir a nombre de la empresa”.

             Pero tiempo después, el cártel de Los Zetas se dividió en células, igual que opera la guerrilla. En el caso de los Zetas, dichas células se llamaban “estacas”. Cada “estaca” tenía un jefe, un grupo de sicarios, operadores y un contador.

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            Así, los Zetas se convirtieron en franquicia criminal y algo parecido está ocurriendo con el cártel de Jalisco Nueva Generación: su acelerada expansión se debe a que ese cártel se ha ido diversificando en pequeños grupos o células que son más dinámicas. No tienen estructura piramidal sino horizontal.

            Y de esta forma, el cártel de Jalisco llegó a Veracruz y empezó a disputarse el control del ese estado con Los Zetas y el cártel del Golfo. Desde el año 2015, el cártel de Nemesio Oseguera opera en Veracruz y ha ocupado las principales plazas: de acuerdo con informes de la Fiscalía General de la República, ese cártel está presente en la región Córdoba-Orizaba, en la Cuenca del Papaloapan (región cañera y azucarera), en el puerto de Veracruz, Xalapa, Poza Rica-Tuxpan (también zona petrolera) y en la región sur del estado, que incluye los municipios de Minatitlán y Coatzacoalcos, lugares donde han ocurrido dos de las más escandalosas tragedias perpetradas por el narcotráfico: La masacre en la fiesta de Minatitlán y el incendio en el bar “El Caballo Blanco”.

            Los cárteles del Golfo, Zetas y Cártel de Jalisco, de acuerdo con datos oficiales, se disputan un boyante mercado de consumo de cocaína, mariguana, crack; de igual forma están infiltrados en Pemex debido al negocio del llamado “huachicoleo” (robo de combustible en los ductos de la paraestatal).

            No es todo: También controlan, cada uno por separado, a los alcaldes que están coludidos con las actividades criminales. De hecho, cada alcalde que llegó financiado por estos grupos debe otorgar una cuota mensual, la obra pública (la cual se planea de acuerdo con los intereses de los cárteles) y en algunos casos entregan hasta la concesión de la basura.

            La protección de las actividades criminales –secuestros, levantones, venta de droga, control de prostitución, piratería, tráfico humano, lavado de dinero, cobro de piso, venta de protección, robo de autos, entre otras –están bajo la protección de las policías municipales, cuyos mandos altos están en la nómina de los cárteles.

            Incluso, las propias policías municipales se encargan de realizar las detenciones de los rivales de los cárteles aliados para que sean interrogados y posteriormente asesinados y decapitados.

            Las redes extendidas por los cárteles que se disputan el estado de Veracruz también han echado mano del servicio de transporte de taxis, los cuales utilizan para la entrega de la droga que todos los días se consume. Los taxistas también hacen una doble labor: sirven de “halcones”, es decir, se informantes.

            Cada vez que las Fuerzas Federales realizan operativos, los taxistas son los primeros en pasar la información a los altos mandos del cártel, quienes los alertan para que tomen sus medidas y no sean detenidos.

            Se asegura que en Coatzacoalcos el crimen organizado tiene controlados a todos los alcaldes, tesoreros, regidores y síndicos. También a los cuerpos policiacos.

             Hace una semana, por ejemplo, un grupo de delincuentes, presuntos miembros del Cártel de Jalisco, procedió a desprender un cajero automático que estaba ubicado en los bajos del palacio municipal. El hecho ocurrió a la media noche.

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            El cuerpo de policía responsable de la seguridad en el palacio se percató del hecho, pero no hizo nada para evitar el robo del cajero, el cual fue arrancado de la pared y subido a una camioneta. Luego fue llevado a un taller donde fue abierto. Se asegura que el cajero tenía un millón de pesos en billetes de diversas denominaciones.

            Otros hechos vandálicos han ocurrido en restaurantes, donde los criminales han ingresado a despojar de sus pertenencias a los comensales. También han robado a la gente en plena misa de domingo por la tarde. Los ladrones ingresan a la parroquia armados y con amenazas despojan a la gente de su dinero y otras pertenencias. Se asegura que en muchos casos han arrasado hasta con la limosna.

            Después de la tragedia ocurrida el martes 27 en el bar “El Caballo Blanco” –con saldo de 28 muertos –la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dijo que en Veracruz no está en riesgo la gobernabilidad, sin embargo, el clima de violencia es escandaloso: más de 1,600 crímenes en nueve meses de gobierno.

            A esto se suma la pugna entre el gobernador Cuitláhuac García Jiménez y el Fiscal del estado, Jorge Winkler, a quien el mandatario acusó, falsamente, de haber detenido y liberado después a Ricardo N., alias “la Loca” –presunto autor material del incendio en el bar de Coatzacoalcos –, aunque en realidad el presunto delincuente fue detenido y liberado recientemente por la Fiscalía General de la República.

            La pugna entre ambos continúa. Winkler es un personaje ligado al exgobernador Miguel Ángel Yunes Linares, del PAN, quien gobernó Veracruz de 2016 a 2018, periodo en el que el Cártel de Jalisco se asentó en el estado, se asegura, porque el exmandatario habría pactado con ese grupo criminal.

            Ante la oleada criminal que azota al estado de Veracruz, el gobierno federal ordenó el despliegue de al menos 4 mil elementos de la Guardia Nacional que, se asegura, frenarán los embates del crimen organizado.

            Hace cuatro meses, después de la masacre en la fiesta de Minatitlán, el gobierno puso en marcha a la Guardia Nacional precisamente en el sur de Veracruz, pero nada pasó.

            El crimen organizado siguió haciendo de las suyas. El presidente López Obrador, envuelto en su festín por el primer informe de gobierno, sigue pensando en que el crimen organizado también es pueblo y que no echará mano de las Fuerzas Armadas para reprimir al pueblo.

            Mientras esto ocurre, el crimen sigue suelto.

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