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Gil Díaz: Poder y derrumbe

Pablo Cabañas Díaz/Sol Quintana Roo

Decía el escritor Víctor Hugo que “era extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”. Francisco Gil Díaz, el polémico ex secretario de Hacienda del sexenio de Vicente Fox, entró al ojo del huracán, en virtud que la Fiscalía  General de la República  requirió a la Interpol girar una  ficha roja para localizar y aprehender a Gonzalo Gil White y José Antonio Cañedo White, exdirectores y fundadores de la empresa Oro Negro. Gil White y Cañedo White, son hijo y sobrino de quien fue alto funcionario de Hacienda.

Una anécdota retrata el grado de prepotencia con el que Gi Díaz actuó  como funcionario.  Fue en  2006, cuando el cantante argentino Laureano Brizuela publicó el relato de su detención, en donde culpa a Francisco Gil Díaz – poderoso subsecretario de Ingresos del salinismo y en el sexenio Vicente Fox intocable secretario de Hacienda. Desde que fue detenido el cantante en 1989 y encarcelado por una presunta evasión y defraudación fiscal,   no se ha quitado de la mente al hombre que -dice- le destrozó la vida, en lo personal, en lo familiar y en lo profesional: Francisco Gil Díaz.

Brizuela estuvo cuatro meses en el Reclusorio Norte, salió libre bajo fianza -de 120 millones de pesos- y fue absuelto en diciembre de 1996. Los jueces determinaron que no había razón para imputarle el delito equiparable de defraudación fiscal, por un monto superior a los mil 300 millones de pesos. Para denunciar todos los atropellos del ahora exsecretario se decidió a escribir el libro “Infamia del poder en México Mi crónica del terrorismo fiscal, sus víctimas, sus tácticas y sus inquisidores”  bajo el sello de la editorial Grijalbo.

En ese libro, Brizuela sugiere que Gil Díaz llegó al gabinete de Vicente Fox por un acuerdo con  el PRI para tapar toda suerte de corruptelas del gobierno de Ernesto Zedillo. Según Brizuela, Gil Díaz posee una incalculable e injustificable fortuna que nadie se animaba a denunciar.

Las modificaciones fiscales de inicio del gobierno de Carlos Salinas llevaban una idea implícita: todo contribuyente es no sólo un sospechoso de evasión, sino también un defraudador fiscal en potencia Con eso en mente, Gil Díaz se volcó a las calles, contra personas y empresas, en una búsqueda afanosa de presuntos delincuentes, cuyos dineros, también presuntamente mal habidos, le hacían falta al erario

Empezó la cacería, el famoso terrorismo fiscal del que Gil Díaz fue ideólogo y brazo ejecutor Durante el primer año del gobierno de Salina s, cayeron miles de contribuyentes en todo el país, de todos los tamaños, de todo tipo de actividad económica Con un ingrediente adicional: para mostrar la mano dura, para que presuntos evasores y defraudadores escarmentaran en cabeza ajena, para asustar y obligar al pago de impuestos, Hacienda ideó irse sobre nombres públicos Fueron muchos, pero entre los relevantes se recuerda fácilmente a Eduardo Legorreta, Rod Stewart, Yolanda Vargas Dulché y toda la familia De la Parra, Sergio Bolaños (prestanombres de La Quina), grupos industriales como el Santa Fe y el Ferretero Amutio, entre otros. En 2019, Gil Díaz es un fantasma de lo que fue. Su poder va en picada. Su prepotencia llevó a sus familiares más cercanos a estar a unos pasos de pisar la cárcel.

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