Sol Quintana Roo
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EN 2020, MÁS DINERO CONTRA EL CRIMEN, PERO SIN ESTRATEGIA

-Sin una estrategia clara, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador sigue construyendo su propio fracaso frente al crimen: en el 2020 dispondrá de un presupuesto descomunal, pero se resiste a utilizar la mano dura contra los cárteles de la droga.

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo

En el paquete económico 2020 que presentó la Secretaría de Hacienda ante el Congreso se estima que para el próximo año las prioridades se centrarán en el rescate de Petróleos Mexicanos –quebrada por la corrupción y la falta de proyectos –, el fortalecimiento de los programas sociales y la atención al tema de la seguridad pública. En total, el presupuesto que ejercerá el gobierno de Andrés Manuel López Obrador será de 6.1 billones de pesos, el más elevado de la historia.

Es claro que el mandatario está empeñado en revertir con dinero público la honda brecha que separa a las clases sociales. Hay cerca de 50 millones de pobres en México y otros 20 millones padecen pobreza extrema. Ahí, en ese rubro, López Obrador seguirá construyendo su base electoral bajo el argumento de que se atiende la pobreza.

Por otra parte, Petróleos Mexicanos es un barril sin fondo: en el 2020 se le inyectarán 86 mil millones de pesos y ni así se logrará sacarla del bache en el que se encuentra porque carece de proyectos, los precios internacionales del petróleo no han repuntado y existen pocas posibilidades de que la producción petrolera aumente porque, en principio, ya no hay petróleo y el que existe está en aguas profundas o en zonas montañosas, lo que implica un alto costo sacarlo y aun así no conviene –dicen los expertos — porque el precio del crudo no es el óptimo en el mercado internacional.

El propio presidente López Obrador sostiene que su gobierno sigue batallando para vencer la corrupción en Pemex y un claro ejemplo de ello es que ha reconocido que todavía no se ha podido abatir en su totalidad el robo de gasolinas, el llamado “huachicol”, operado por los cárteles en contubernio con funcionarios de la paraestatal.

Gran parte de la atención gubernamental en el 2020 se centrará en el combate a la inseguridad pública, pero para ello se tendrá que rediseñar la estrategia que se ha seguido hasta ahora.

Al crimen organizado no se le derrotará repartiendo dinero entre los pobres porque la pobreza no engendra criminalidad, pues ésta se origina del vacío de Estado, de la ausencia del Estado en municipios y zonas serranas, donde los criminales hacen de la suya porque tienen de su lado a las autoridades corruptas.

En realidad, el mexicano es un Estado fallido por donde se le mire. Basta analizar lo que pasa en Guerrero, Tamaulipas, Michoacán o Veracruz: en esos territorios hay vacío de Estado y el crimen organizado tiene el control de las autoridades que procuran justicia. También controlan a las policías y a las fiscalías responsables de investigar los delitos graves y menores.

Cuando un brazo del crimen controla a una fiscalía y a su vez manda en la policía y ejerce poder sobre la autoridad a base de violencia y corrupción, el Estado desaparece y es el crimen y sus redes el que gobierna y toma el control total de una población o de una entidad.

Otro ejemplo: En Culiacán, zona de cárteles, personajes como Ismael El Mayo Zambada ejercen poder en determinada zona geográfica. Tambén es un benefactor social: atiende las necesidades de la gente: reparte dinero para comprar medicamentos, para que haya atención médica, para techar una casa, construir una escuela, una iglesia y para que la gente coma y resuelva su día a día.

En casos como estos –que abundan en el país –el crimen organizado suple las funciones del Estado y la gente se convierte en un fuerte músculo social del crimen y dejan de creer en el gobierno porque desatiende los reclamos de una sociedad necesitada.

Estos son los más claros ejemplos del vacío de poder, del vacío de Estado, problema que se multiplica por todas partes. De ahí la hegemonía que ejerce el crimen y el narcotráfico, su versión más violenta, en buena parte de la República mexicana.

¿Cómo se puede revertir esto? ¿Cómo debilitar el músculo social que protege al crimen? Con mayor presencia del Estado, abatiendo la impunidad y aplicando la ley. Con estos ejes en funcionamiento se puede incorporar el apoyo de los programas sociales. Pero actualmente el reparto de dinero a través de los programas sociales camina en solitario por todo el país sin el concurso de otras acciones que, en conjunto, puedan lograr que el crimen organizado se aleje de las comunidades.

Es evidente que el dinero público no alcanza para revertir este profundo problema del país. Pero ahí está el dinero del crimen organizado. Hay que quitárselos con acciones contundentes y legalmente bien soportadas. Con el dinero de la mafia se pueden crear empresas y ponerlas a funcionar para darle empleo a la gente.

Se necesita, por su puesto, una Ley de Extinción de Dominio pero con dientes y que se aplique ahí donde haya actividades empresariales ligadas a la delincuencia. La presencia del Estado aumentará cuando baje la impunidad que actualmente raya en el 95 por ciento. Hay que encarcelar a los políticos y empresarios relacionados con el lavado de dinero y la delincuencia organizada. Sólo así el Estado crecerá en presencia.

Durante muchos años en Italia se echaron a andar programas tendientes a revertir los embates del crimen: incluso trabajaron con criminales y los volvieron hombres y mujeres productivos que se emplearon en las empresas arrebatadas a los propios mafiosos.

Fue un largo programa que se sostiene hasta la fecha para ir desapareciendo a la delincuencia organizada. También hubo mucha labor de acercamiento y diálogo con grupos criminales para que abandonaran sus actividades y se pasaran del lado de la legalidad. Esta fue otra forma de abatir al crimen.

La actividad central, por su puesto, fue la educación. Todo pasa por este puente clave: educar, formar, crear consciencia entre la gente. Abatir el analfabetismo –todavía es un problema grave en el país –y crear riqueza, crecimiento, desarrollo. Pero esta evolución no se logra sólo repartiendo dinero sino enseñando a la gente a trabajar, a ganárselo, haciéndolos sentirse útiles primero para ellos mismos y luego para otros. El paternalismo del Estado engendra generaciones sin futuro, es un vicio del populismo.

La urgencia que tiene el gobierno de López Obrador es la de diseñar una estrategia integral de combate al crimen. Es obvio que el actual gobierno carece de ella. No se enfrenta al crimen con palabrería vacía: se enfrenta con acciones reales, con la ley, con un programa amplio que abarque al menos cuatro ejes centrales: educación, empleo, aplicación de la ley y debilitamiento del nervio financiero mafioso. Luego se acompañan estas acciones con los apoyos sociales, muy necesarios, sin duda, pero insuficientes si van solos como tarea única.

Es necesario, también, que la Unidad de Inteligencia Financiera construya un organigrama amplio de la delincuencia organizada y disponga de un diagnóstico respecto del patrimonio que actualmente maneja la mafia a través de terceros. Y emprender acciones para desmantelar este andamiaje pernicioso que le permite a la mafia disponer de poder económico para corromper a funcionarios y taladrar a las instituciones para ponerlas a trabajar a su servicio.

De igual forma, si el gobierno pretende acabar con la delincuencia organizada debe trabajar en coordinación con otros países para que puedan tener éxito las investigaciones sobre lavado de activos, uno de los delitos más difíciles de combatir.

Si la delincuencia organizada opera en México y tiene amplia actividad es porque en nuestro territorio encuentra las condiciones legales adecuadas: vacíos legales, leyes flácidas, impunidad y la ausencia del Estado en todo el territorio. Esto permite a los mafiosos invertir en México enfrentando cero riesgos. Así, México es un verdadero paraíso para la mafia.

De esta forma, nadie puede abatir a la delincuencia organizada. Por el contrario, los criminales seguirán controlando instituciones, lavando dinero y construyendo torres de lujo en zonas de alta plusvalía, para lavar sus activos, sin que nadie los perturbe. También seguirán causando violencia por todas partes, cobrando piso a los comerciantes, secuestrando e inundando de sangre al país.

Con las palabritas del presidente –“pórtense bien, piensen en sus mamacitas” –la delincuencia organizada mantendrá feudalizados cada vez más amplios territorios, controlando grupos sociales, poniendo alcaldes, diputados, senadores y gobernadores a sus anchas. Nadie los perturba. Porque mientras el presidente los trata con palabras dulces ellos corrompen, asesinan y secuestran sin que el Estado actúe contra ello.

Esperemos que el mandatario despierte y mire el verdadero monstruo que tiene enfrente y afine las estrategias para enfrentarlo. De otro modo, la complicidad con los criminales se consumará por omisión

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