Sol Quintana Roo
Hoy Escribe

EL SINIESTRO MANUEL BARTLETT

Nadie entiende cómo el presidente Andrés Manuel López Obrador ofreció La Cuarta Transformación del país con personajes como Manuel Bartlett en el Gabinete. El exsecretario de Gobernación forma parte de la historia negra del país y en nada se identifica con la renovación que ofrece el nuevo gobierno, por el contrario, representa el retroceso más atroz que haya vivido México en 1988 con el fraude electoral y sus presuntos vínculos con el crimen organizado. Hoy es investigado por un presunto enriquecimiento del que todo el mundo sabe que es responsable, pero pese a las evidencias, el presidente dice que confía en él. ¿Cambio o gatopardismo?

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo

Personaje ligado a la historia negra de México, Manuel Bartlett Díaz, director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ya es investigado por la Secretaría de la Función Pública (SFP) por una presunta riqueza superior a los 800 millones de pesos en casas y terrenos que no ha incluido en su declaración patrimonial.

De acuerdo con algunas investigaciones periodísticas, el exgobernador de Puebla posee 23 residencias en el Estado de México, Ciudad de México y el estado de Puebla, así como dos terrenos de alta plusvalía que omitió declarar.

Esto motivó que una persona, cuyo nombre se desconoce, interpusiera una denuncia ante la SFP y de esta manera se abrió un expediente para investigar el patrimonio que Bartlet Díaz posee a través de testaferros, en este caso, familiares suyos que aparecen como dueños de esas propiedades ocultas.

En una de sus conferencias de prensa, el presidente Andrés Manuel López Obrador se refirió al tema: dijo que pese a esa denuncia él le tiene confianza a Manuel Bartlett y señaló al reportero Carlos Loret de Mola autor del reportaje que puso en evidencia la riqueza que posee el funcionario –de actuar con el propósito de afectar a su gobierno.

El hecho es que la SFP ya inició la indagatoria y ahora el director de la CFE tendrá que demostrar que las propiedades no son suyas o en caso contrario deberá explicar por qué no las incluyó en su lista de bienes y en la declaración patrimonial.

La inclusión de Manuel Bartlett en el gabinete de López Obrador causó polémica y en muchos casos hasta rechazo. Y no era para menos. Bartlett está ligado a la historia negra de México: se le atribuye haber operado en favor de Carlos Salinas el fraude en 1988, con el que le arrebataron la presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas, quien en realidad fue el ganador de aquella elección histórica. También se le carga una parte de responsabilidad a Cárdenas por timorato y por no haber defendido “con güevos” el voto de la gente. Prefirió bajar los brazos.

Bartlet Díaz ocupaba la secretaría de Gobernación, la segunda instancia con más poder después de la presidencia de la República. Fue el último secretario de Gobernación de seis años. Su poder era descomunal: tenía a su disposición el aparato de espionaje de todo el país, el brazo armado de la Dirección Federal de Seguridad, el Servicio Secreto, todos estos organismos tenían el trato directo con los capos de la droga y en general con toda la delincuencia organizada.

Fue la época en la que Enrique Camarenael agente de la DEA asesinado en 1988 –fue secuestrado y torturado por órdenes de los capos Ernesto Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo, entonces poderosos cabecillas del cártel de Guadalajara.

En los expedientes de la DEA aparece mencionado Manuel Bartlett como un personaje oscuro ligado al caso Camarena, presunto cómplice del narcotráfico. Desde entonces, Bartlett resultó fichado y no puede entrar a Estados Unidos. Si entra a ese país, lo detienen.

La historia de Camarena señala que fue secuestrado en Guadalajara, donde tenía su búnker para espiar a los capos emblemáticos de entonces. Luego fue llevado a un rancho en Michoacán que, se dijo entonces, era propiedad de la familia Cárdenas. Ahí fue torturado.

El doctor Humberto Álvarez Macháin, un personaje conocido en Guadalajara, presuntamente fue contratado por los capos para que no dejara morir a Camarena y de esa forma seguirlo torturando.

Cuando la DEA inició las investigaciones sobre el crimen de Camarena, envió a sus agentes a México y secuestraron a Álvarez Macháin. Después fue liberado por falta de pruebas.

Larga es la historia de Manuel Bartlet en la política sucia del viejo régimen, pues fue un opositor de la libertad de expresión: a él también se le atribuye, si no la planeación, al menos sí haber dado el visto bueno para que fuera asesinado el periodista Manuel Buendía, el autor de la célebre columna Red Privada.

Buendía se había convertido en un estorbo para el régimen. Estaba a punto de revelar información clave de la corrupción en el sexenio de Miguel de la Madrid y de quitarle el velo de honestidad a muchos funcionarios de entonces ligados presuntamente al narcotráfico, entre ellos, a Manuel Bartlet.

Uno de sus hombres de mayor confianza –José Antonio Zorrilla Pérez, entonces titular de la Dirección Federal de Seguridad –fue arrestado el 12 de septiembre de 1989 porque se le achacó haber planeado el crimen de Buendía. Zorrilla era el encargado de acallar a la prensa. Lo hizo con varios medios, incluido el semanario Proceso, a donde un día acudió para impedir la publicación de un reportaje en el que unos sobrinos de Bartlet aparecían implicados en un escándalo internacional.

Zorrilla, de acuerdo con esa historia, acudió a Proceso casi casi con una amenaza de muerte para Julio Scherer si ese texto se publicaba. La historia la contó Vicente Leñero, años después, en la cual explicó que Zorrilla tenía un vaso de agua en la mesa de juntas donde discutía con Scherer y Leñero. Exigió que no se publicara el texto y ofreció, en palabras de Scherer, “un billete descomunal”, el cual le fue rechazado.

–La nota no se publica –exigió Zorrilla.

–Si se publicará –respondió Scherer con la autoridad que le confería ser director de Proceso.

–Que no se publica –insistió Zorrilla –porque si sale publicada a ustedes los periodistas les puede pasar esto –y enseguida empujó el vaso de agua hasta la orilla de la mesa y lo dejó caer haciéndose trizas.

El mensaje se entendió. El reportaje no se publicó en ese momento.

Ese era Zorrilla y ése era Manuel Bartlett.

Bartlett Díaz también carga con una historia negra por las desapariciones que se le atribuyeron a la temible Dirección Federal de Seguridad, la policía política del régimen, creada en tiempos de Miguel Alemán Valdez.

Tan siniestra era la famosa DFS que de sus filas emergieron varios de los capos legendarios del narcotráfico mexicano: Rafael Aguilar Guajardoasesinado en Cancún, Quintana Roo, en 1993 –, Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, oficialmente declarado muerto en 1997, así como Manuel Bitar Tafich, quien fuera el cerebro financiero del cártel de Juárez cuando Carrillo Fuentes instaló su organización criminal en Sudamérica.

La historia de torturas, desapariciones y protección al narcotráfico no se entenderían sin la complicidad y participación directa de la DFS, que fue dirigida en distintas épocas por Javier García Paniagua, Fernando Gutiérrez Barrios, Miguel Nassar Haro, entre otros.

A partir de estos negros antecedentes –en el que además debe incluirse el presunto asesinato de Manuel Clouthier, el aguerrido panista que fue asesinado en 1988 y cuya muerte también ensució a Bartlet –es que no se entiende por qué Andrés Manuel López Obrador incrustó a este personaje en su gabinete.

Ha sido duramente criticado López Obrador por este hecho, pues no se entiende cómo es posible que venda al país la Cuarta Transformación de México teniendo en su gobierno al siniestro Manuel Bartlet.

Un cambio de régimen no se puede emprender con personajes del viejo régimen, con opositores del cambio, criminales de la política y de la democracia.

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