Sergio Gómez Montero/ Sol Quintana Roo

Talad, talad: que no descuelle
su corazón de música oprimida
M. Ana: “Canto absoluto a la libertad”

De a poco, lentamente, el régimen de gobierno se asienta, se estabiliza, en la medida que todos sabemos cada día, con mayor certeza, qué es lo que se persigue y cómo es que se piensa llevar a cabo. En efecto, falta aún el plan, pero para él eso es peccata minuta y no tiene caso discutir al respecto: es cosa de intelectuales que no conocen la realidad (no han recorrido al país como él) y que, por ende, no tiene caso ahorita discutir con ellos, se escucha en los pasillos de Palacio, cuando los fantasmas de la Historia asaltan esos lugares. Lo importante es que ya la estabilidad se vislumbra y más vale seguir adelante.

Pero, ¿qué es la estabilidad?

Ella está conformada por cosas relativamente sencillas, a cuya cabeza destaca que más o menos el 70% de la población mantiene su apoyo hacia el gobierno de AMLO y que eso le permite a él y a su régimen de gobierno administrar al país como él considera más conveniente, lo que, al no haber plan de desarrollo (PND), es un verdadero estira y afloja en todas las áreas de gobierno, o al menos en las primordiales. Así, por ejemplo, la austeridad se entiende como justa limitante a los gastos suntuosos de la administración pública, ¿pero eso que tiene que ver con el recorte brutal e inexplicable, desde todo punto de vista, de las becas destinadas a nuestros estudiantes en el extranjero? Está bien volver a impulsar la industria petrolera del país, ¿mas por qué descuidar como se está descuidando, como nunca, el cuidado del medio ambiente, tal y como lo dice el actual secretario del ramo? Muy bien impulsar en todo lo que se pueda a la educación pública del país, ¿pero qué tiene que ver con eso el otorgar a los normalistas plaza automática al terminar sus estudios, a costa de sacrificar así la eficacia y efectividad del proceso educativo, que encuentra precisamente en el pésimo rendimiento docente una de las razones de su bajísimo rendimiento? ¿Por qué bajó, en dos meses, 56% el flujo migratorio sur-norte ante las amenazas del gobierno de Estados Unidos, sin que mediara ninguna acción de apoyo por parte de ese gobierno para los países centroamericanos y en nuestra frontera sur el ejército y la GN bloquearan el paso de migrantes? Y así pudiéramos mencionar múltiples acciones inexplicables de la administración pública, que de ninguna manera se justifican, pero que tanto el gobierno como, aparentemente, una gran parte de la población del país pasa por alto.

Es decir, la estabilidad vuelve a ser lo mismo que con los gobiernos anteriores: neutralizar los golpes que los enemigos políticos del pasado inmediato fintan y tiran los primeros meses, para, de ahí, entonces sí, comenzar a gobernar con plena libertad, aunque hoy con escasos recursos, pues la gran mayoría de ellos fueron dilapidados (Pemex) o aún no fluyen (los ficticios y sucios en gran medida de la inversión extranjera o los escasos y tramposos de la inversión nacional), lo que deja al Estado en una situación difícil: el ser él el único responsable de impulsar el crecimiento del país del 0% actual al 4% que se quiere de aquí a seis años, lo que en el contexto mundial recesivo actual del capitalismo pareciera ser una tarea muy difícil de cumplir.

Rara y difícil, pues, la estabilidad actual del gobierno de López Obrador, la que cada vez se entiende más como una estabilidad en los marcos de un gobierno que busca conciliar con el sistema capitalista actual, con programas que tienen escasos y reales efectos que modifiquen de raíz el sistema de pobreza que domina al país, que detengan, a fondo, las diferencias de género (comenzando por los feminicidios) o que, importantísimo, se comprometa por defender a fondo el medio ambiente cada vez más deteriorado.

O se cambia la noción de estabilidad o el país (comenzando por su gobierno) seguirá siendo la misma porquería de siempre.   

*Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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