Sol Quintana Roo
Hoy Escribe

DESAFÍO

*Sigue Siendo Niño
*La Comida Secreta

Por Rafael Loret de Mola / Sol Quintana Roo

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Con aquello de traer a la palestra política la nostalgia por Gaspar Henaine “Capulina” –“lo que diga mi dedito”, frase repetitiva durante las emisiones televisivas de este personaje singular-, y Germán Valdés Tin-Tan –“me canso, ganso”, su emblema histriónico de batalla-, y a veces emularlos, cae Andrés Manuel López Obrador muy lejos de la dignidad del cargo que ostenta aunque insista en su quehacer populachero como signo de una transformación que, hasta el momento, va como los cangrejos.

Es un horizonte bastante negativo para el común de los mortales, muchos de los cuales adoran al icono porque no han tenido tiempo de asimilar sus procederes diarios envueltos en la maleza de los grandes empresarios –salvo quienes lo desdeñaron y combatieron durante su campaña, entre ellos el poderoso cervecero, minero y comerciante Alberto Baillères de quien se quieren vengar prohibiendo las corridas de toros porque también es empresario taurino, ganadero y apoderado-, quienes se alejan de sus sueños de transformación y se alejan en el “más de lo mismo”, una condición invariable pese a las tres alternancias en la titularidad del Ejecutivo: del PRI al PAN, del PAN al PRI y del PRI a la Morena casquivana que a veces se cansa del yugo presidencial y se da a correr la legua en busca de su libertad de acción… pero vuelve al carril casi siempre.

Si yo preguntara a los lectores cuáles son las empresas más odiadas de nuestro país colocaría en los primeros lugares a Televisa –consolidado su desprestigio por el servilismo habitual ante el poder central-, FEMSA –que, entre otras mercancías, maneja la Coca-Cola en México-, y el Grupo “México”, mal nombrado así, del miserable Germán Larrea MotaVelasco quien jamás ha sido siquiera llamado a declarar en torno a la brutal explosión en Pasta de Conchos, Coahuila, por las malas condiciones de las minas y un saldo mortal de sesenta y cinco obreros cuyos restos no fueron encontrados y es imposible hallarlos dada las temperaturas a las que estuvieron sometidos: se convirtieron en cenizas minutos después del estallido del gas grisú; la promesa de excavar hasta poder hallar rastros es un acto de perversa demagogia. Y, sin embargo, hay quienes le creen a quien ordenó los trabajos.

A veces, muchas ya, el presidente parece un niño porque le gusta jugar con el cariño del pueblo, incluyendo el de sus radicales colocados para denostar a sus críticos, sobre todo aquellos que lo hemos puesto en predicamento. Bastaría ver el rostro de Andrés cuando le inquirieron sobre el convenio de publicidad con Televisa, quedándose pasmado y sólo refugiándose en un “NO es cierto”, para después zanjar la discusión respirando hondo. Los gestos delatan a los embaucadores, siempre.

Lo grave es que también cree que con todos los mexicanos se puede jugar a la perinola de la manipulación infecunda. Y en eso se equivoca; va en declive la credibilidad suya no la de quienes lo señalamos. Porque, cada día, pasa más saliva al responder y tal obliga a pensar que está cerca el fin…

La Anécdota

¡Qué sabrosos son los tacos de cochinita –los mismos de siempre- en el estadio de béisbol que lleva el nombre de su constructor! No tienen nada que ver con los yucatecos rebosantes de achiote y en su punto sabroso aunque con exceso de grasa, el punto negro para el colesterol. ¡Pero a nadie le importa!

Y lo mismo decía cuando los devoraba en caso, gracias a la sapiencia culinaria de su gran admiradora Chelito Narváez, quien no deja de asistir a la convocatorias de Andrés Manuel y le está inmensamente agradecida por los centavos que le entrega para su despensa a sus más de ochenta años. Nunca sobra aunque siempre tratamos de ayudarla y siempre será demasiado poco por cuanto hizo por mí y los míos, incluso este acercamiento con el actual presidente, que ya no lo es, cuando quería entrarle al toro de Yucatán con la muleta del

Dudo mucho que pueda almorzar, alguna vez, esos tacos de maravilla. Quizá me anime y le pida a Chelito que aconseje a Beatriz Gutiérrez Müller para que se los haga. A mí me da igual pero siento pena por él y su mal gusto: solía almorzar, cuando era jefe de gobierno, distintas formas de las hamburguesas MacDonalds. Nada más mexicano.

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E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com

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