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¡A LA BAJA!

Lo salvan sus beneficiados

*Resulta bastante difícil que en lo que resta del año las expectativas que ha generado el presidente López Obrador se cumplan, como el hecho de que se acabe la corrupción, que la economía mejore, que los programas sociales lleguen a todos los mexicanos que los necesitan, sobre todo cuando los recursos públicos son insuficientes.

El gran reto que enfrenta AMLO es mantener sus niveles de aprobación, pues las encuestas más recientes refieren que han ido descendiendo. Esto demuestra que al Presidente no le ha sido suficiente ser un buen comunicador y mantener el ritmo en sus conferencias mañaneras de todos los días.

La aprobación de López Obrador como presidente depende de dar resultados concretos en tres rubros: Combate a la corrupción, Seguridad Pública y crecimiento económico.

En el primero tiene mayor margen para mostrar avances, mientras que en los otros dos se ve más complicado.

Los expertos advierten que en caso de no alcanzar los resultados esperados, sus niveles de aprobación se mantendrán más o menos estables por lo menos este año, pues al final todavía cuenta con recursos para que sus programas sociales sigan funcionando. Los apoyos sociales representan ese paliativo.


En la medida que se acerca el proceso electoral del 2021, se empiezan a construir escenarios para una elección que en la práctica será una validación de su gobierno.

Por ello, la aprobación es importante, porque en la medida que nos acercamos a las elecciones es un tema por el cual AMLO se está preocupando, y ocupando.

La caída en su aprobación tiene un piso: El cada vez mayor número de beneficiarios de sus programas clientelares electorales.

Dicha base de apoyo está agrupada mayoritariamente en Morena, su partido. La lealtad de estos seguidores está blindada contra la criminalidad y el estancamiento económico en tanto sigan recibiendo sus apoyos del gobierno.

STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- Producto de una serie de decisiones de gobierno erráticas, la aprobación del presidente López Obrador descendió por lo menos 10 puntos porcentuales desde que asumió la presidencia de la República hasta el día en que rindió su primer informe de gobierno.

Diversas encuestadoras coinciden en que los niveles de aprobación de AMLO tienden a la baja debido a los nulos resultados en temas de vital importancia para los mexicanos como son la seguridad y la economía.

El presidente López Obrador llegó a su primer informe de gobierno con la aprobación de 61.8 por ciento de los mexicanos, un porcentaje menor a 66 por ciento de respaldo social que tuvo en el 2007 Felipe Calderón en el mismo período de su gobierno, de acuerdo con una encuesta de Consulta Mitofsky.

En contraparte, tenemos que a nueve meses de su administración, AMLO registra 37 por ciento de desaprobación por parte de los mexicanos.

El análisis muestra que Enrique Peña Nieto llegó a su primer informe con 56 por ciento de respaldo y 41 por ciento de rechazo. Felipe Calderón llegó a 66 por ciento de aprobación y 32 por ciento de rechazo.

Por lo que respecta a Vicente Fox, llegó a su primer informe con 62 por ciento de apoyo, similar al de López Obrador.

Pero un dato interesante que aporta la encuesta de Mitofsky, es el caso de Carlos Salinas de Gortari, quien llegó a su primer informe de gobierno con un 70 por ciento de aprobación de los mexicanos.

Así, es el expresidente que más apoyo ha obtenido en los primeros nueve meses de gobierno.

Otras encuestadoras dan cifras diferentes, aunque todas coinciden en que la aprobación y popularidad de AMLO van a la baja si tomamos como punto de partida el día en que tomó protesta como Presidente de México.

Según el portal de análisis Oraculus, el promedio de aprobación del presidente hasta el día de su informe de gobierno, fue del 70 por ciento.

Indermerc fue la encuestadora que posicionó al presidente con mayor aprobación a unos días de su informe de gobierno, mientras que la realizada por El Universal la puso en el menor rango, con 69 por ciento.

Sin embargo, habrá que precisar que el día de su toma de protesta como Presidente de México, su nivel de aprobación era del 78 por ciento, el cual subió hasta 82 por ciento dos meses después. Desde esa fecha ha ido a la baja.

A nueve meses de su administración, los porcentajes reflejan que AMLO ha sido el presidente con mayor nivel de aprobación de los mexicanos en los últimos 25 años, aunque habrá que ver cómo llegan esos índices el próximo 1 de diciembre cuando cumpla un año de gobierno.

Las encuestas revelan que Carlos Salinas de Gortari logró una aprobación de 66 por ciento durante su primer año de gobierno, contra un 37 por ciento de su sucesor Ernesto Zedillo, quien llegó a la Presidencia luego de una campaña política ensangrentada por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el nacimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y la devaluación del peso en 1994, factores que en nada favorecieron su arribo a Palacio Nacional.

En el caso de Vicente Fox (2000-2006) su popularidad y aprobación se debieron en gran medida a que fue el primer mandatario surgido de un partido de oposición (PAN), luego de siete décadas de dominio priista.
La aprobación de Fox previo a su primer informe de gobierno en 2001 llegó al 62 por ciento.

El caso de su sucesor, Felipe Calderón también tuvo una tendencia al alza; en agosto de 2007 –días antes de su primer informe- tenía el 66 por ciento de la aprobación nacional.

Con Enrique Peña Nieto se rompió el esquema que venía prevaleciendo, pues las encuestadoras lo ubican como el presidente con menor popularidad y aprobación en la historia moderna de México.

Peña Nieto tuvo 53 por ciento de aprobación antes de su primer informe de gobierno, nivel que fue descendiendo drásticamente hasta que en enero de 2017 alcanzó tan sólo el 17 por ciento.

López Obrador llegó a la Presidencia de México con el mayor número de votos del padrón electoral: 30 millones 113 mil 483, lo que le permitió iniciar su administración con una aprobación promedio del 78 por ciento, y para febrero pasado aumentó a 82 por ciento.

Se desploma la popularidad de AMLO

Las encuestas de De las Heras Demotecnia y de Mitofsky coinciden en que la popularidad de AMLO es bastante alta a pesar de su acelerado descenso de 10 puntos porcentuales registrado en los últimos meses, si partimos del pico de 80 por ciento alcanzado en las primeras semanas de su gobierno.

Refieren que la popularidad tan alta registrada durante el primer semestre de gobierno, ha sido la norma con todos los presidentes desde el año 2000, sin dejar de reconocer que la de AMLO ha alcanzado los niveles más altos, pero también la que se ha desplomado más aceleradamente.

A mayo de 2001, 2007 y 2013, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, respectivamente, tenían una aprobación de 63, 65 y 57 por ciento.

A diferencia de los presidentes anteriores, en el caso de López Obrador, es de destacarse la tendencia tan marcada del descenso de su popularidad y aprobación apenas iniciado su sexenio.

Otras encuestadoras como Parametría señalan que la aprobación del entonces presidente Vicente Fox cayó de 55 a 37 por ciento, su punto más bajo, hasta octubre de 2005 (cinco años después de iniciado su sexenio).

Lo anterior, debido al proceso de desafuero contra AMLO incitado por el entonces mandatario. La popularidad de Calderón cayó de 68 por ciento a 55 por ciento hasta marzo de 2010 (más de tres años después de iniciado su mandato) a consecuencia de la crisis financiera mundial.

La popularidad de Peña Nieto inició el sexenio con 55 por ciento de aprobación y llegó a 63 por ciento en 2013, con la firma del Pacto por México, acordado por PRI, PAN y PRD para aprobar las reformas estructurales pendientes.

Desde ese punto, y en forma consistente, la aprobación de Peña Nieto fue cayendo, pero especialmente a partir de 2015.

Ese año surgió el escándalo de la Casa Blanca, la mansión con valor aproximado de siete millones de dólares, propiedad de uno de los contratistas consentidos de Peña (Grupo Higa) y que su esposa y familiares habitaban.

Igualmente, ese mismo año se dio la desaparición forzada de 43 estudiantes en Ayotzinapa, Guerrero, factores que contribuyeron a la baja en los niveles de aprobación y popularidad del entonces presidente.

Las encuestadoras coinciden en que el gobierno de Peña Nieto cerró con niveles de aprobación del 24 por ciento.

El común denominador que compartieron los gobiernos de Peña y anteriores fue el bajo crecimiento económico y el aumento de la desigualdad, factores que, sumados a la corrupción y los altos niveles de criminalidad, alentaron la llegada al poder del gobierno populista representado por López Obrador.

A diferencia de los anteriores presidentes, en el caso de AMLO, es de destacarse la tendencia tan acelerada de descenso de su popularidad apenas iniciado su sexenio.

De acuerdo con encuestadores y expertos en comunicación, la aceptación del presidente se explica tanto por la claridad de su mensaje, las decisiones de austeridad tomadas desde el principio de su administración, así como por su cercanía con la gente.

También por el ambiente de marcada polarización social y hasta por la bajísima aprobación con la que termino su sexenio el presidente Peña Nieto.

Sin embargo, la caída en su aprobación tiene un piso: el cada vez mayor número de beneficiarios de sus programas clientelares electorales, base de apoyo agrupada mayoritariamente en Morena, su partido.

Politólogos y encuestadoras coinciden en que la lealtad de estos seguidores está blindada contra crisis económica, de inseguridad, violencia y casos de corrupción, mientras sigan recibiendo apoyos a través de los programas sociales creados por el mismo AMLO.

Para el presidente de Consulta Mitofsky, Roy Campos, si se pone en perspectiva la aprobación de AMLO, ésta tiende a bajar, no a subir.

Opinó que para el jefe del Ejecutivo no va a ser fácil mantener la aceptación que tiene hasta ahora para el final de su sexenio, porque siempre tuvo el problema de estar muy alto en la aceptación y eso lo que implica es que es más fácil bajar que subir.

Cuando estás muy bien aprobado es porque generaste una alta expectativa. Si se cumple la expectativa no subes, simplemente la mantienes, pero cuando no se cumple entonces empiezas a perderlo, explicó Campos.

Consideró que en lo que resta del año, es muy difícil que todas las expectativas que generó López Obrador se cumplan; por ejemplo, que se acabe la corrupción, que mejore la economía, que a todos les van a llegar los programas sociales que necesitan, sobre todo cuando empiezan a faltar recursos para esos programas.

Ante esa situación destacó que al presidente no le va a bastar ser un buen comunicador para mantener los niveles de aprobación que ahora tiene.

Dijo que el presidente López Obrador ha manejado la agenda pública para mantenerse bien evaluado; utiliza la promesa de programas sociales, el lenguaje sencillo y se dirige siempre a los suyos con la intención de mantener su base.

Ha llegado a colocar la idea que todo mexicano tiene que caber en alguno de los programas sociales del gobierno, ya sea por edad, por estudio, por discapacidad.

Asimismo, dijo que, con todo y que hay muchas personas que critican la eficacia de las mañaneras de López Obrador, en realidad sí le están sirviendo porque, de entrada, todos los medios hablan de la conferencia matutina.

Le sirven para fijar agenda, para dar instrucciones a sus colaboradores, para tomar decisiones, pero sobre todo para dar una imagen en dos variables: con eso da la imagen de transparencia (pues todos los días se expone a las preguntas y responderlas) y da la idea de que es un presidente que trabaja muchísimo. Además, las aprovecha todo el tiempo para recordarnos el régimen corrupto anterior.

En síntesis, habrá que ver si esa base electoral, de grupos beneficiados con sus programas sociales, soportaría una abrupta devaluación del peso o una crisis económica como ha sucedido en el pasado reciente y que provocó la caída estrepitosa en los niveles de aprobación y popularidad de presidentes anteriores.

AMLO tiene en los beneficiarios de sus programas sociales un piso de apoyo que detendrá la caída de sus niveles de aprobación, esto mientras no ocurra un fuerte deterioro de la economía, una crisis financiera que altere los parámetros de bienestar social o el desbordamiento de la inseguridad y la violencia, como ya está ocurriendo en este último rubro.

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