José Sánchez / Sol Quintana Roo

La percepción general ciudadana del servidor público corrupto, con sus honrosas excepciones, regularmente se centra en el uniformado.

Los términos “tránsito, “tamarindo”, “mordelón” son comunes. Les siguen “los azules”, los llamados “judas”  ciertos “mps” que también tienen lo suyo. Y pareciera que hasta ahí llega la cadena, pero no.

Hay ciertos personajes que difícilmente son nombrados, quizá porque como ellos dicen, son: “dueños de la verdad” y por lo tanto inalcanzables y ¡ay! de aquél que opine lo contrario.

Pero no es así.

Un trabajo de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la Seguridad Pública 2019 (ENVIPE, revela que la toga y el birrete no son garantía de incorruptibilidad, ya que los jueces (con sus excepciones),  ocupan el segundo escaño de la corrupción a nivel nacional, según la percepción ciudadana.

De acuerdo a la encuesta, con datos recabados durante 2018, el 68.4% de los mexicanos mayores de 18 años consideran que los juzgadores son corruptos, lo que representa un incremento del 0.9% con respecto a 2017, cuando el 67.5% de la ciudadanía tuvo la misma percepción.

La estadística coloca a los juzgadores en el segundo peldaño de la corrupción, sólo por detrás de la policía.

El tercer puesto como autoridad más corrupta, con un 67.9% lo ocupan las policías municipales.

Las autoridades que hasta ahora siguen gozando de mejor percepción entre la sociedad, siguen siendo las castrenses, ya que sólo el 18.1% considera que la Marina es corrupta, mientras que el 23.6% estima que el Ejército está corrompido.

En la separación de corrupción por sexo, desglosada por la ENVIPE 2019, las mujeres tienen una percepción de corrupción ligeramente mayor, en el caso de las autoridades del ámbito federal y de los jueces.

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