Sergio Gómez Montero /Sol Quintana Roo

Preservar el futuro
No cumplí cuanto debía.
Me arrepiento.
Es difícil olvidar, no quién es uno, sino andar sin epicentro
G. Celaya: “Qué puede uno”

La responsabilidad es mucha, y está ya aquí, a la vuelta de la esquina. No puede uno, todos, evadirle. Hay una responsabilidad que cumplir y hay que cumplirla. Además hay que cumplirla preservando no sólo los principios actuales, sino ahondar en esa preservación para así garantizar, en el futuro inmediato, lo que hoy se está haciendo. A nosotros, los viejos, nos toca seguir en la trinchera; a los jóvenes, e inmediatamente después a los niños, profundizar en la lucha que hoy se está dando. Ahora sí que no hay vuelta atrás: o destruimos al neoliberalismo para abrirle paso a un nuevo régimen social o el país volverá a caminar por los senderos sinuosos y oscuros del capitalismo depredador y opresivo.

¿Qué futuro, pues, es el que nos espera? Sin duda, un futuro de lucha, no queda de otra, si hoy estamos viendo que desde julio del año pasado se ha estado tratando, insistentemente, de desestabilizar al régimen de gobierno actual, saboteando continuamente porque no se entiende o se entiende de más lo que está haciendo, y que busca por sobre todas las cosas frenar los excesos del neoliberalismo y el empobrecimiento creciente, entre otros sectores de la población, de la población rural del país y en general de todos los trabajadores. El presente, en términos de gobierno, desde julio del año pasado, no ha sido fácil, en el ánimo de conciliar se han tenido que hacer concesiones que no se entienden a grupos de poder que insisten en oponerse sistemáticamente a los cambios que el Estado promueve en beneficio de los sectores más desprotegidos socialmente en términos de bienestar, porque ¿cómo es posible que una economía que ocupa el lugar 14 a nivel mundial mantenga al 61% de su población laboral en niveles de pobreza? Es decir, pues, que esos indicadores de desigual distribución del ingreso se deben necesariamente que borrar si se quiere que el país sea más justo y ecuánime, como hoy, desde el gobierno, se quiere que así sea.

Pero ése es un problema. El otro –en muchos sentidos más complejo– es cómo, en términos de futuro, se puede, desde hoy, garantizar que en el futuro (inmediato y mediato) lo que hoy se está haciendo no sólo se conserve sino se ahonde en el afán de borrar las brutales diferencias que hay en el país entre los que mucho tienen y aquellos que apenas tenemos para irla pasando y que somos más de la mitad de la población, que nos mantenemos en la pobreza o muy cerca de ella. Ese, que es hoy el problema más dramático del país, debe necesariamente de desaparecer los años por venir y eso sólo llegará a suceder si se conserva la actual dirección del Estado.

Así, a nivel político la tarea central conlleva determinar si la democracia representativa, basada en lo electoral, es la mejor manera de garantizar la representatividad popular verdadera que, hasta hoy, intermediada por los partidos políticos, deja mucho que desear y de allí la necesidad de cuestionarla seriamente para ver si en el futuro sigue siendo útil o si, para entonces, se debe de pensar en otra forma de organización social para garantizar una real representación popular.

De momento, sería bueno que al menos MORENA fuera pensando en eso, creo.

*Profesor jubilado de la UPN

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