*Juan José Esparragoza Moreno, presuntamente muerto.

*Más de 40 años activo en el narcotráfico, siempre como jefe.

*De agente de la DFS a consigliere de capos.

*Siempre con bajo perfil, en estratégico segundo plano.

*Lozano Gracia lo tuvo enfrente, pero no lo reconoció.

*Único capo al que no le hicieron corrido, no le gustaban.

*Tres veces lo detuvieron y de sus captores no quedó uno solo vivo.

*Capturaron “Al Azul” que resultó “El Negro”, hijo del capo.

STAFF SOL QUINTANA ROO 

Ciudad de México.- Juan José Esparragoza Moreno, alias “El Azul”, de 69 años de edad, de los cuales 42 años permaneció activo en el narcotráfico como alto jefe, merced a su bajo perfil, presuntamente está muerto, aunque ninguna autoridad ha confirmado su muerte, todo han sido especulaciones; se dice incluso que hasta para morir fue discreto.

Tan no lo consideran muerto, que la Procuraduría General de la República y el gobierno de los Estados Unidos siguen ofreciendo por su captura 30 millones de pesos y 5 millones de dólares, en total más de 130 millones de pesos.

Esparragoza Moreno, contemporáneo de grandes varones de la droga como Miguel Ángel Félix Gallardo, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, Pedro Avilés, Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo y su sobrino, Amado Carrillo Fuentes, entre otros, habría muerto la tarde del viernes 6 de junio de 2014, a la edad de 65 años, víctima de un infarto, en un hospital privado de la ciudad de Guadalajara, Jalisco.

Según la versión difundida por el portal sinaloense “Río Doce”, “El Azul”, mote impuesto por el color moreno (azulado) de su piel, convalecía de un accidente –no se precisa de qué tipo–, ocurrido a fines de mayo de ese año que le ocasionó graves lesiones en la columna vertebral.

La versión, señala que Esparragoza Moreno trató de incorporarse de la cama hospitalaria donde convalecía y por el esfuerzo realizado le sobrevino el infarto que le causó la muerte.

Sin que tampoco se haya confirmado, se dice que un día después (el sábado 7), fue cremado y sus cenizas entregadas a sus familiares que se las llevaron a su natal Badiraguato, Sinaloa.

Hasta la fecha, la información se ha mantenido en total hermetismo y ni la Procuraduría General de la República, con Jesús Murillo Karam, Arely Gómez González, Raúl Cervantes Andrade y ahora Alberto Elías Beltrán, ni los secretarios de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong y Alfonso Navarrete Prida, confirmaron o desmintieron tal rumor, aunque dijeron, en su momento, que se estaba investigando.

“El Azul”, originario de la localidad de Huixiopa, municipio de Badiraguato, Sinaloa, nació el 3 de febrero de 1949 y desde los 23 años ocupó un lugar preponderante en el mundo del narcotráfico en el que al menos durante cinco lustros se convirtió en el consejero y conciliador entre las diferentes organizaciones criminales del país.

A principios del año 2014, los Estados Unidos lo sacaron de su anonimato al boletinar decenas de empresas y presuntos cómplices que lavaban millones de dólares del Cártel de Sinaloa, organización de la que se convirtió en líder, junto con Ismael “El Mayo” Zambada García (un capo que nunca ha sido detenido), tras la captura del “Chapo” Guzmán.

Los mismos capos consideraban a Esparragoza Moreno, como el mejor negociador entre cárteles, de tal suerte que era llamado, al estilo de la mafia siciliana, “El consiglieri de los consiglieri”.

En diversas ocasiones burló la acción de la justicia y escapó lo mismo de manos de militares, marinos, federales, estatales y municipales, gracias a su equipo de seguridad que se anticipaba a los operativos implementados en su contra.

Uno de los últimos y fallidos operativos, se realizó en las inmediaciones de Plaza Antares, entre avenida Acueducto y Patria, en pleno centro de la Perla Tapatía, pero al frustrarse dio pie a que corrieran diferentes versiones, entre ellas la de que ambos narcotraficantes, “El Azul” y Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, a la postre líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, considerado como el más sanguinario y poderoso en la actualidad, habrían muerto; lo cierto es que ninguno resultó afectado ya que fueron alertados a tiempo y a la hora de la balacera ya no estaban en el lugar.

Con esa escapatoria sumaron tres intentonas –de 2010 a la fecha en que Juan José escapó por diferencia de horas o quizá de minutos, gracias a su red de guardaespaldas y escoltas que le informaban a tiempo.

La explicación de que Esparragoza Moreno hubiera permanecido casi tres décadas como uno de los más importantes barones de la droga, sin que fuera reconocido, y desplegado una actividad de 42 años en el mundo del narcotráfico, fue por su bajo perfil, señalan expertos en la materia.

A diferencia del clásico capo de las drogas, ostentoso y ávido de fama, Esparragoza siempre fue (¿o es?) discreto, amable, nada ostentoso, culto y excelente conversador, de buen gusto para el vestir, no al estilo del narco de antaño, con botas, chalecos de pieles exóticas cinturones piteados, joyas, cadenas, relojes, escuadra al cinto y el “cuerno de chivo” al hombro, dueños de mansiones y palacetes.

La primera exigencia a sus hombres cercanos era no llamar la atención, bajo ningún motivo, tanto él como el personal a su servicio tenían que pasar desapercibidos y quien no respetara esas reglas pagaba las consecuencias a veces hasta con la vida.

Una anécdota que pinta de cuerpo entero a Juan José, ocurrió a principios de 1995 cuando se encontraba en uno de los reservados de un exclusivo restaurante en la zona de Polanco, en la Ciudad de México.

Se disponía a comer. Sus escoltas se hallaban distribuidos estratégicamente en mesas en derredor de su jefe y otros de sus hombres en diferentes puntos del establecimiento, incluso en el exterior para cubrir cualquier eventualidad.

De pronto, uno de ellos corrió a avisar a su jefe que estaba por llegar gente de la Procuraduría General de la República, por lo que “El Azul” se levantó y salió apresuradamente. En su precipitada carrera no se fijó en un hombre que esperaba le asignaran una mesa y trompicó con él de manera accidental.

Detuvo su marcha y se excusó: “Por favor, discúlpeme”, le dijo a aquel comensal, elegantemente vestido, que esperaba de pie en el vestíbulo.

—No se preocupe, no hay cuidado, respondió el recién llegado, a lo que Juan José le dijo “buen provecho” y siguió caminando con tranquilidad.

El personaje que esperaba su turno, era nada más ni nada menos que Fernando Antonio Lozano Gracia, recién designado procurador general de la República (PGR), pero ninguno de los dos se conocía, así que cada quien continuó su camino.

Cuando estaba por iniciar el operativo, uno de los guardaespaldas del procurador Lozano le informó que se disponían a capturar a Esparragoza Moreno, que comía en el lugar.

-¿Cómo es? preguntó el procurador.

Al describirle a un hombre alto, fuerte, moreno, de tez casi cobriza y pelo quebrado, entrecano, supo que se había topado de frente con el escurridizo capo, quien todavía tuvo tiempo de ofrecerle disculpas y desearle bon appetit.

A “Don Juan”, como le llamaban sus colaboradores, no le gustaba la fama e incluso no permitió que le hicieran corridos, a diferencia de la mayoría de capos que hasta pagaban para que se los escriban.

La orden de pasar desapercibidos era tajante. Su lema era: “No hay que dejarse ver, sino hacerse sentir”.

“El Azul”, más viejo que “El Mayo” Zambada y más joven que “El Chapo”, ha sido uno de los pocos sobrevivientes durante décadas, de una generación de capos que hoy están muertos o presos, como Miguel Ángel Félix Gallardo, “El Jefe de Jefes”; Rafael Caro Quintero, prófugo; Albino Quintero Meraz, Ernesto, “Don Neto” Fonseca Carrillo, también actualmente preso; Emilio Quintero Payán, Manuel Salcido Unzueta, “El Cochiloco”, ejecutado con más de 250 tiros; el “desaparecido”

Amado Carrillo Fuentes y el también asesinado, Pablo Acosta Villarreal, alias “El Pablote” o “El Zorro de Ojinaga”.

La generación de narcos que precedió a la anterior, también fue asesorada por Esparragoza Moreno, entre los que destacan Vicente Carrillo Fuentes, “El Viceroy” y “El Mayo” Zambada, el primero también detenido en este sexenio y el segundo, que nunca ha sido detenido, se halla fugitivo y operando.

El desaparecido José Luis Santiago Vasconcelos, cuando era subprocurador en Delincuencia Organizada, dijo de “El Azul”: “Es un gran negociador, quizá el más fino estratega que ha tenido el narcotráfico en México, el único que ha podido sentar a la mesa de negociaciones a todos los capos. Sabe, como pocos, estar siempre en segundas posiciones, pues su experiencia le ha dictado que sacar la cabeza significa la muerte o la cárcel”.

Según una carta fechada en octubre de 2004 y que fue enviada a la Presidencia de la República, varios capos se reunieron un mes antes en Monterrey, Nuevo León, para discutir la forma en que podrían constituirse como un grupo hegemónico para manejar el narcotráfico en México.

En ese encuentro, Esparragoza Moreno logró sentar a la mesa de negociones a Ismael Zambada García, Joaquín Guzmán Loera y a Marcos Arturo Beltrán Leyva, entre otros narcotraficantes de importancia.

El ex agente de la Policía Judicial Federal, estrechó lazos con “El Chapo” Guzmán, al casarse con la cuñada de éste, Gloria Monzón y fue compadre de Amado Carrillo Fuentes al apadrinar a Juan Manuel, uno de los hijos del desaparecido “Señor de los Cielos”. También entabló relación de compadrazgo con “El Mayo” al ser padrino de bautizó de uno de sus hijos.

Esa “alianza de sangre” siguió cuando Juan José Esparragoza Monzón, primogénito de “El Azul”, se casó con una hermana de los Beltrán Leyva y se fortaleció aún más cuando Patricia Guzmán Núñez, “La Patrona”, sobrina del “Chapo”, fue pareja de Alfredo Beltrán Leyva, alias “El Mochomo”, actualmente preso.

El 12 de junio de 2013, “El Azul” acudió a una fiesta de XV años en el estado de Colima, en el exclusivo Fraccionamiento Residencial Victoria. Al término del vals de la Quinceañera, Esparragoza Moreno fue informado de un posible operativo en su contra y antes de la medianoche abandonó el lugar.

Dos horas después, cientos de federales, militares y marinos, a bordo de unidades terrestres y helicópteros Black Hawk, llegaron al lugar en su “operativo sorpresa” más los sorprendidos fueron ellos porque “El Azul” nuevamente se les había escapado de las manos.

Esparragoza Moreno estuvo preso en tres ocasiones por delitos contra la salud; dos veces fue absuelto, pero en el tercer proceso tuvo que purgar, “de punta a cola”, dicen en el argot carcelario, una pena de siete años de cárcel. Salió libre en 1992 del penal de Almoloya, ahora llamado de El Altiplano y enseguida se reincorporó a sus actividades.

Pero antes fue compañero de presidio con Amado Carrillo Fuentes, en el Reclusorio Sur de la Ciudad de México, cuando todavía no se ganaba el mote de “El Señor de los Cielos”; de esa cárcel fue enviado a la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, en Iztapalapa.

Ahí, como en el Reclusorio Sur se convirtió también en amo absoluto.

Los mismos directivos del penal al referirse a él, decían: “El Señor”. La propina para el custodio que le abriera la reja para pasar de un lado a otro era de 50 dólares, cifra que lógicamente aumentaba considerablemente si el servicio lo hacía algún funcionario, incluido el mismo director.

Investigadores antidrogas de la PGR, dicen que “El Azul” pudo sobrevivir tantos años en el narcotráfico por su habilidad y su excelente conversación. Le gustaba beber y sabía hacerlo, acostumbraba arreglar sus diferencias con dinero y favores, no con balas, no mataba por matar, sólo cuando lo atacaban, por eso entre los narcos no sólo lo respetaban, sino lo querían.

Al salir compurgado del penal de Almoloya, se perdió durante algún tiempo, pero nuevamente volvió a las andadas y se dejó ver en varias entidades de la República, aunque en 2003 escogió el estado de Morelos para residir de manera permanente, gracias al amparo del gobierno panista que encabezaba el gobernador Sergio Estrada Cajigal.

En dicha entidad su poder no tuvo límites, no compraba jefes policíacos, sino a toda la corporación que utilizaba para su uso personal y la protección de sus socios y familiares. Los jefes de la Policía Ministerial, Agustín Montiel y Raúl Cortez, lo protegían de manera personal para que pudiera utilizar el aeropuerto de Cuernavaca y bajar aviones con cocaína que era transportada en vehículos policíacos.

Pese a la caballerosidad y gentileza que caracterizaba a Esparragoza Moreno, también se le consideraba un hombre extremadamente rencoroso, cruel y vengativo, que no perdonaba nunca y menos una traición y para cobrar venganza no le importaba esperar años.

A mediados de 1986, Esparragoza Moreno fue detenido en el Cerro de las Campanas, Querétaro, en una casa de seguridad. El operativo de la Policía Judicial Federal lo encabezaron Florentino Ventura Ventura y Guillermo Robles Liceaga.

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