Aletia Molina /Sol Quintana Roo

Andrés Manuel López Obrador ha sido descrito innumerables ocasiones, por muchos y por todos, sus seguidores al punto de llamarlo ‘mesías’, en la definición de una persona en quien se confía ciegamente.

López Obrador pertenece a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que nació del fervor religioso en Estados Unidos durante el primer tercio del siglo XIX, con la creencia de que estaba en camino el segundo advenimiento de Jesucristo. Su religiosidad lo ha metido en contradicciones, ¿cuándo no?, con sus inclinaciones políticas. Por ejemplo, su admiración a Benito Juárez, quien promulgó las Leyes de Reforma, o su vertical forma de conducir procesos, que lo asemejan a Tomás Garrido Canabal, quien gobernó Tabasco con un fuerte anticatolicismo, a quien evoca sin mencionar por su inclinación hacia la socialización de la vida pública.

La religión acompaña todo el tiempo a López Obrador, quien reconoce como vital en su formación al poeta político Carlos Pellicer, a quien acreditan la descripción del ‘socialismo guadalupano’ de los políticos mexicanos. Se sabe que en el bolsillo izquierdo del pantalón lleva un escapulario, y su discurso es altamente teológico.

Así, López Obrador comparó el pasado fin de semana las políticas y programas sociales de su gobierno con la labor que realizó Jesucristo y con el cristianismo, señaló que ambos luchan por mejores condiciones de vida para los más pobres.

«El propósito (de su gobierno), es que tengan mejores condiciones de vida y de trabajo para los más necesitados, esto es humanismo, es justicia social, y es también cristianismo».

«Me van a criticar, pero lo voy a decir”… Le vale y le tiene sin  cuidado la crítica, sabe el impacto de lo que dijo, a quién lo dirigió y a dónde… “Miren: ¿por qué sacrificaron a Jesucristo? ¿Por qué lo espiaban y lo seguían? Por defender a los humildes, por defender a los pobres, esa es la historia. Entonces que nadie se alarme cuando se mencione la palabra cristianismo. Cristianismo es humanismo, todas las religiones tienen ese propósito el humanismo, el amor al prójimo, esa es la justicia social, eso se le puede llamar solidaridad, se le puede llamar fraternidad. Se le puede llamar de distintas maneras, pero es ser realmente fraterno con los demás, que haya humanismo, que no se le dé la espalda al que sufre».

En reunión con la comunidad indígena mayo, y a más de una semana del fallido operativo para detener a Ovidio Guzmán López, pidió a los menores y adolescentes de esta comunidad alejarse de la delincuencia, del consumo de drogas, de una vida donde supuestamente les garantizan alhajas, «muchachas guapas, muchachos guapos. Hay que decirles que con esas drogas, con el cristal, pierden la vida en esos laboratorios donde se realizan esas drogas, en donde se utilizan raticidas».

Se aventuró a decir que hasta antes de su llegada a la presidencia imperaba una situación insostenible, «porque había un gobierno que estaba al servicio de una minoría, un comité que tenía secuestrado al gobierno, pero eso ya se terminó, ahora es gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo».

Aseguró que las “transas” más grandes se hacían con el aval de los presidentes, pero que desde el 1 de diciembre se inició una limpieza de la corrupción… según.

Algunos, hemos querido creer que no sabe lo que dice… pero no, este personaje tiene bien meditado su discurso, no sabe que gobierna para todos los mexicanos, cree que sigue haciéndolo para los treinta millones de crédulos que hasta lo del mesías se siguen creyendo.

Causa escozor que se compare con el Cristianismo (e, indirectamente, se asuma como el nuevo Mesías)… sería conveniente que el Presidente no mezclara la Cuarta Transformación con el Cristianismo, y menos aún que comience a sentirse el treceavo apóstol. Bastaría que se asomara a los datos reales, a los que tenemos todos y no solo él para acaso ubicarse y volver a sentirse terrenal.

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