Sol Quintana Roo
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VIOLENCIA DEL NARCO EN TAMAULIPAS: ACTOS DE TERRORISMO

Ricardo Ravelo / Sol Quintana Roo

Por primera vez desde que la violencia del crimen organizado rebasó a las autoridades federales un gobernador se refirió a este flagelo como actos de “narcoterrorismo”. Fue el mandatario de Tamaulipas, Francisco Cabeza de Vaca, quien al encabezar el desfile del 20 de noviembre se refirió en estos términos al alto nivel de criminalidad que enfrenta Tamaulipas y el estado de Nuevo León

“Son actos de narcoterrorismo” –afirmó, tajante –y añadió: “Y vamos a actuar en consecuencia”. 

El cártel del Noreste tomó de nueva cuenta el control de la ciudad de Nuevo Laredo: bloqueó calles, asesinó a varias personas e hizo lo propio en Monterrey, Nuevo León, donde frente a la zona militar dejaron bolsas negras con cuerpos humanos descuartizados. 

De igual forma, asesinó a otros rivales, presuntamente del cártel de Los Zetas Vieja Escuela, quienes también descuartizaron a varias personas en diversas colonias de esa ciudad. 

El Grupo de Coordinación Estatal para la Paz de Tamaulipas informó que, tras los enfrentamientos, un policía estatal resultó herido y dos miembros de la llamada “Tropa del Infierno” –brazo armado del cártel del Noreste – fueron detenidos. 

Además, tres presuntos delincuentes resultaron abatidos durante los enfrentamientos que iniciaron ayer por la tarde, cuando grupos armados de estos cárteles comenzaron a robar vehículos a particulares tanto en la vía pública como en centros comerciales, un evento que, toda proporción guardada, tuvo escenas parecidas a las que ocurrieron en Culiacán el 17 de octubre último, aunque no intervinieron las Fuerzas Armadas. 

En la ciudad de Monterrey la policía se vio rebasada ante los hechos de violencia que los mismos grupos protagonizaron. 

Ante este escenario, el gobernador de Tamaulipas, Daniel Cabeza de Vaca, dijo hoy que estos hechos cometidos por el crimen organizado ya pueden ser considerados como propios del terrorismo y es necesario que el Estado mexicano combata al crimen con todas las herramientas disponibles. 

Sin embargo, para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador todo está bien. La violencia no se combatirá con violencia. 

Después del llamado operativo fallido contra el cártel de Sinaloa, que terminó con la liberación de Ovidio Guzmán, el investigador Edgardo Buscaglia –quien además es profesor de la universidad de Columbia –dijo que el gobierno de México ya debe catalogar estos hechos como actos del terrorismo o narcoterrorismo. 

De esta forma –dijo –México tendría inmediatamente el apoyo de una veintena de organizaciones antiterroristas que se pondrían a trabajar de inmediato para neutralizar el poder del cártel de Sinaloa y otras organizaciones que incurran en estos eventos. Además, México también dispondría de apoyo financiero internacional. 

Sin embargo, a decir de Buscaglia, el gobierno de México está totalmente descoordinado en su lucha antimafia: el único que está haciendo las cosas bien, dijo, es Santiago Nieto, responsable de la Unidad de Inteligencia Financiera, quien por cierto anunció antier nuevos golpes contra el lavado de dinero ahora que empezaron a investigar a gobernadores y exgobernadores. A ver si es cierto. 

Sin embargo, Buscaglia dijo que Santiago Nieto está muy solo en esta batalla: “No tiene el respaldo de un pool antimafia conformado por jueces de control, fiscales, aduanas, Unidad de Inteligencia Financiera, Secretaría de la Defensa Nacional, es decir, de una orquesta que toque una melodía afinada, dijo. 

Agregó: “Santiago Nieto tiene demasiados problemas con el Fiscal Alejandro Gertz Manero porque muchas de las carpetas de investigación son bloqueadas con argumentos poco convincentes. Además, en el Poder Legislativo también hay obstáculos: Ricardo Monreal no quiere que haya legislación para que los partidos políticos sean auditados y así evitar que el dinero sucio del crimen circule en las campañas; tampoco quiere que la sociedad se organice para establecer auditorías a los candidatos que van a los puestos de elección popular, a fin de que ningún cártel infiltre a miembros suyos… 

–¿Qué dice Monreal de sus propuestas, doctor? –se le pregunta al investigador. 

–Dice que no se le puede dar tanto poder a la sociedad. Es claro que esta gente sólo tiene el disfraz de la izquierda pero todos ellos siguen siendo priistas, conservadores. No quieren trascender en estos temas antimafia porque ellos mismos temen ser encarcelados. 

A un año de distancia, Alfonso Durazo apenas propuso la estrategia para combatir a la delincuencia en los penales del país y habló de un programa nacional permanente y sexenal para combatir el problema de las adicciones, el cual deriva de la gran cantidad de droga que se queda en el país. 

Obviamente, el funcionario federal no habló del diagnóstico del país en esta materia: no dijo, por ejemplo, que el 70 por ciento de las cárceles están controladas por el crimen organizado y que no existe ninguna posibilidad de readaptación social: son escuelas del crimen. 

Tampoco habló del flujo de drogas que existe en el país ni cuántos tipos de enervantes se consumen; ni una sola palabra del problema de las drogas sintéticas, una de las sustancias más adictivas y destructivas que se mueven en el territorio y que, además, resultan ser muy difíciles para detectar y combatir porque con facilidad cambian las moléculas en los laboratorios y luego aparecen con otra fórmula y nombre. 

Es positivo, sin embargo, que se realice una campaña nacional, permanente y sexenal, como lo propuso el señor Durazo, pero es todavía más importante que haya materias específicas con respecto a las drogas en las escuelas: desde preescolar hasta nivel superior deben existir materias que aborden la problemática de las drogas en México y en el mundo. 

Holanda –un país avanzado y ejemplo en esa materia –lo empezó a hacer y obtuvo resultados; Portugal, donde todas las drogas están despenalizadas, también trabaja muy fuerte en la prevención y ni se diga Austria, donde los planes de estudio, desde preescolar hasta niveles superiores, contemplan materias fijas y optativas para orientar a los jóvenes en el tema de la drogadicción. 

En esos países, en efecto, el consumo está despenalizado, pero hay reglas para ello: un consumidor puede, por ejemplo, comprar mariguana o cocaína y consumir, pero lo hace en lugares específicos. Después de consumir no puede salir a la calle hasta que los efectos de la sustancia hayan pasado y pueda conducirse con normalidad. 

En Austria –particularmente en Viena o Graz –el Estado austriaco mantiene campañas permanentes de orientación para prevenir el consumo de drogas. Pero no criminaliza el consumo ni aplica una política prohibicionista. 

Basa su política en operar con mucha información y dispone de unidades especiales, que se colocan –un ejemplo en México serían las unidades de alcoholímetro –cerca de las discotecas donde los jóvenes pueden llevar a analizar la sustancia que van a consumir para saber si no está adulterada. En pocos minutos la sustancia se somete a un análisis y se otorga el resultado. Le dicen al consumidor: puedes consumir o no puedes por estas u otras razones. 

La política de liberar las drogas ha dado lugar a un cierto consumo responsable en esos países, lo que no existe en México porque estos niveles de cierta responsabilidad no se han trabajado a través de la educación, la única vía para inyectarlo a la sociedad y abrir eso que suele llamarse la consciencia que, por desgracia, no existe en los hombres que nos gobiernan. 

Las reformas educativas no incluyeron como obligatorio incorporar materias especiales sobre el tema de las drogas, por lo que sigue habiendo un vacío de información que resulta lamentable dado el elevado nivel de violencia y consumo que priva en México. 

El hecho de que seamos una mafiocracia, de la cual queremos salvarnos, sería una razón poderosa para impulsar los cambios urgentes que se necesitan. 

Eso es actuar con responsabilidad y no pontificar cada mañana, como disco rayado, que todo está bien cuando el escenario de este país es verdaderamente caótico y triste. 

Si el presidente ya no lo reconoce es porque cayó, como otros mandatarios, en la ceguera que origina el poder. Desde Palacio Nacional él mira otra realidad: la que le conviene.

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