Sol Quintana Roo
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RIÑONES DIABÉTICOS

Riñones diabéticos.

Vivimos una época de terrorismo social: económico con los salarios por los suelos y el costo de la vida por las nubes; político, si el diablo disfrazado de peje lagarto por fin llega a la presidencia, nos va a ir muy mal, pregonan; ¡París en llamas! Por la guerra del petróleo, con pretexto religioso; qué decir de la ansiedad terrorífica que provoca una llanta ponchada en alguna carretera, ante la inseguridad actual. Hace un par de lustros, ante una avería mecánica, uno se veía rodeado de gente dispuesta a ayudar. Hoy ¡Cuidado!

¿Y el terrorismo médico? Existe, ya lo creo que existe.

_¡En la máuser Doc Kiskesabe! Ora si me llevó la tiznada. Voy a quedar como mi compadre que ya lo están dializando por esa cochina enfermedad de la diabetes. Salí con 120 de azúcar y mi papá es diabético, me dijo el endocrinólogo que ya soy pre-diabético._Es una expresión frecuente de terror ante una cifra de azúcar en sangre de 120 miligramos, ligeramente superior a la normal de 60 a 110, y por ningún motivo definitiva para establecer diagnóstico de diabetes. Con esa cifra ya se sienten parisinos en estos tiempos de terror. Recordemos que pre-diabético es una expresión de terrorismo médico para aumentar la consulta médica y vender medicamentos y tecnología y no es diagnóstico definitivo de diabetes.

Conviene conocer algunos hechos. Un diabético ya declarado, tiene aproximadamente un 65% de posibilidades de mantener sus riñones normales 10 o 15 años después del inicio de la diabetes. Es alentador que un diabético conozca este dato ¿Porqué no les dicen esto a las personas? El terrorismo médico consiste en ocultar este dato tranquilizador y decirle a los pacientes de un pronto y alto riesgo de daño renal. Exagerar el riesgo es la estrategia mercantil. ¡Y ahí tenemos a los parisinos!

El daño renal, insisto, se puede manifestar en un 35% de los casos, varias décadas después de iniciada la enfermedad, es más frecuente y de aparición más temprana en las personas con un mal control de la diabetes. Lo más ordinario es que el daño renal se manifieste inicialmente con la presencia de pequeñas cantidades de albúmina en la orina. La albúmina circulante en la sangre, normalmente es negativa en la orina, el tamaño de sus moléculas impide que se filtre a la orina, los riñones la retienen. El deterioro en la filtración renal provoca que se filtre a la orina, y es de tomarse en cuenta con más de 300 miligramos en orina.

El daño renal en los diabéticos inicialmente puede manifestarse por el llamado síndrome nefrótico cuyo dato esencial es la presencia de más de 3 gramos (3000 miligramos) en orina de 24 horas, además puede haber o no edema y presión alta. Ahora bien, con menos de 1 gramo de albúmina en orina de 24 horas generalmente no hay edema. Mucho menos habrá síntoma alguno con 30 o 300 miligramos por ejemplo. No obstante estos hechos, a la mayoría de los pacientes con menos de estas cifras, les informan que sus riñones están muy dañados y los amenazan con la diálisis y los ponen al borde la tumba, pero del miedo.

Si ese daño renal avanza, a largo plazo, puede empeorar la filtración renal con elevación de urea y creatinina, retención grave de líquidos y es en estos casos avanzados en los cuales se puede contemplar la posibilidad de diálisis.

El terrorismo conduce a tomar medidas antiterroristas, que provocan más terror. ¿O no, parisinos? A los diabéticos les indican medicamentos “para proteger” los riñones. Actualmente utilizan captopril o enalapril, por mencionar los más frecuentes de este tipo de medicamentos, utilizados principalmente para el control de la presión arterial. Personalmente, yo utilizo estos medicamentos solo cuando hay presión arterial alta. Revisando las publicaciones de la Colaboración Cochrane, los expertos en estas lides, concluyen que en revisiones sistemáticas de las publicaciones, no se encuentran resultados científicamente confiables para afirmar que realmente se protege a los riñones con estos fármacos en personas con la presión normal.

Personalmente no descarto que esos medicamentos ayuden a proteger los riñones y otros órganos si la persona padece hipertensión arterial, sea diabética o no. El problema es que se está abusando de esa supuesta protección, al utilizar captopril y enalapril en pacientes diabéticos con la presión arterial normal.

Resultado: Más terror. Pacientes con mareos, debilidad generalizada, somnolencia, dolor de cabeza, falta de concentración por bajas de la presión arterial que disminuyen el riego cerebral, provocando caídas y fracturas de cadera o hemorragias cerebrales subdurales. Me consta porque los veo con frecuencia.

Desde estudiante de medicina aprendí que la mejor protección de la vista, los riñones y otros órganos se consigue con un buen control del azúcar, mantener el peso ideal y hacer ejercicio regular y estas recomendaciones siguen vigentes y gracias a que hace unos 50 años es cuando más se generalizó el uso de medicamentos orales para la diabetes y con ello la mejoría en el control del azúcar, los diabéticos alargaron su vida.

El mejor control del azúcar logró que los diabéticos rebasaran los 15 o 20 años y esa es la explicación de la presencia de las complicaciones crónicas como el daño renal. Los diabéticos viven más. Esto es un éxito ¿O no? Ahora bien, si se considera que vivir 20 o 30 años con diabetes es un éxito, y padecer de los riñones y estarse dializando es un fracaso, hablaríamos de una paradoja: sería el fracaso del éxito.

Suena a humor negro, pero es una realidad: la única forma para que un diabético no presente daño renal, en la vista o el corazón, es morirse antes de los diez años a partir del inicio de su enfermedad.

Pero todo lo anterior, es solo un punto de vista. Tómame o déjame, nos canta el grupo Mocedades.

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