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EL ASESINATO DE KENNEDY

PARTE 2.2

STAFF SOL QUINTANA ROO

El estudio de los sucesos, los contactos humanos y las influencias que contribuyeron a formar el carácter de Oswald, puede arrojar cierta luz sobre los motivos de su crimen. Y tal vez la conclusión más importante que se saca de dicho estudio es que Oswald estuvo siempre profundamente separado del mundo en que vivió.

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Las características de su vida fueron el aislamiento, la frustración y el fracaso. En raras ocasiones, si es que alguna vez, llegó a establecer un contacto verdaderamente humano con alguien y nunca llegó a encontrar su sitio en el mundo, nada le satisfacía. Cuando se hallaba en los Estados Unidos, consideraba el sistema capitalista como una forma de explotación de los hombres de su condición y soñaba en Rusia y en Cuba.

Cuando estaba en la Unión Soviética, sufría, según parece, al ver los privilegios de que disfrutaban los miembros del partido comunista, y hablaba bien de los Estados Unidos.

También acusaba a su esposa de preferir a otros y la impulsaba en Estados Unidos a que regresara a la Unión Soviética sin él, pero sin concederle el divorcio. Y al mismo tiempo le decía que “la quería y que no podía vivir sin ella”. Según Marina Oswald, su marido no podía ser feliz en ningún sitio, “sólo en la luna, tal vez”.

A los 13 años, Lee no había tenido problemas en la escuela, su hermano Robert estaba en la Marina y su hermano John Pic, en el Servicio de Guardacostas, apostado en Nueva York. Las relaciones entre Marguerite y John eran tensas. John estaba casado y no se llevaba muy bien con Lee porque éste “había amenazado con una navaja de muelle a su cuñada”.

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Un examen reveló que Lee era tenso y retraído, que experimentaba gran repugnancia a hablar de sí mismo y de sus sentimientos y evitaba sistemáticamente la comunicación con otros. Las causas de ello eran la angustia, la timidez y el sentimiento de inseguridad. “No quiero ningún amigo y no me gusta hablar, todos me son antipáticos”, decía. Y para compensar sus defectos y frustraciones, Lee se imaginaba omnipotente. Un doctor de apellido Hartogs resumía así su dictamen: “Ese chiquillo bien hecho, de 13 años, posee recursos mentales superiores y apenas funciona un poco por debajo del nivel de su capacidad, a pesar de su tendencia crónica a escapar de la escuela. No se le ha descubierto lesión neurológica ni cambios mentales psicóticos. Tiene disturbio de la personalidad con caracteres esquizoides y tendencias pasivo-agresivas. Hay que considerar a Lee como un chiquillo muy sacudido emocionalmente, que sufre bajo el impacto de varios factores que existen realmente: aislamiento y privación emocional, falta de afecto, ausencia de vida de familia, rechazo por parte de una madre autocentrada y llena de conflictos”.

La señora Siegel, de clínica psiquiátrica, dijo que Lee se había retraído porque nadie había respondido a su necesidad de amor, la madre lo dejaba solo todo el día y el chico no tenía amigos, por eso se reconcentró en una vida totalmente aislada y despegada, donde hacía lo que se le antojaba y no tenía que acomodarse a ninguna regla ni entrar en contacto con los demás, lo que confirmó Lee al decir que “sentía que él jamás había importado un comino a su madre”.

Marguerite Oswald era superficialmente amable pero, en realidad, era una persona de actitud defensiva, rígida y concentrada en sí misma, con una dificultad real para aceptar a otros y entrar en relaciones con ellos, con poca comprensión de la conducta de su hijo y de la concha de protección en que éste se había encerrado.

El doctor Hartogs añadió en su oportunidad que la señora Oswald no se daba cuenta de que el retraimiento de su hijo era una forma de “protesta silenciosa, pero violenta, contra el abandono en que ella lo tenía y manifestaba su reacción a la falta completa de verdadera vida de familia”.

Un esfuerzo paciente y prolongado en una relación continua con un terapeuta pudo haber dado buenos resultados y el “daño podía repararse en parte”, dijo la señora Siegel.

Pero el jovencito no recibió jamás la ayuda que necesitaba, se pensó en enviarlo a una clínica para jóvenes, pero Marguerite consiguió otra casa alquilada y lejana, antes de que Lee pudiera ser obligado a recluirse.

Fue cuando le llegó otra idea homicida: eliminar a Eisenhower “porque estaba explotando a los trabajadores”.

Ya había comenzado Lee a interesarse en literatura comunista, alababa a Nikita Krushchev y declaró en otra ocasión que le molestaba mucho en Nueva Orleáns no encontrar a otras personas que se interesaran en el comunismo como él.

En los años que pasó en la Marina estudió marxismo y algunos compañeros le llamaban “Oswaldovich”, estudiaba ruso y leía periódicos en ese idioma, tenía un gran deseo de pasar a la historia como un hombre que había visto mucho más lejos que sus contemporáneos y había sabido optar por el futuro. Si la vida no le brindaba satisfacciones, parecía evidente que Oswald se dedicaría en cuerpo y alma a su gran sueño de pasar a la historia.

Ya en Rusia Oswald escribió a su hermano John que pensaba vivir en la Unión Soviética toda su vida, sin embargo, ahí también tuvo desengaños, como los había tenido en los Estados Unidos. El primero fue que la Unión Soviética no lo recibía con los brazos abiertos, sino que le negaba el permiso de permanecer en ella.

Esto lo impulsó a tratar de suicidarse, el 21 de octubre de 1959, abriéndose las venas de la muñeca izquierda. Pero lo descubrieron a tiempo y lo trasladaron al hospital, en el que estuvo hasta el 28 de octubre.

A los 20 años había partido a la Unión Soviética, llenos de ilusiones y, antes de cumplir los 23, regresó a los Estados Unidos, muy desilusionado.

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