Sol Quintana Roo
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TEMAS CENTRALES

La otra realidad. 

Miguel Tirado Rasso / Sol Quintana Roo

El Presidente Andrés Manuel López Obrador celebró, su primer año de gobierno, bien arropado por una numerosa multitud que llenó el zócalo de la capital, sobre 250 mil personas, según cuentas de la policía local, muy a su estilo: con una verbena popular y un mensaje, en el que reiteró mucho de lo ya expuesto en sus informes, del aniversario de su triunfo electoral, el primero de julio pasado, y el oficial de gobierno, el primero de septiembre anterior. 

Una oportunidad más, para enfatizar lo expresado, una y otra vez, en sus diarias mañaneras, sus ideales, filosofía, pensamiento y sus polémicos “otros datos” que, está claro, constituye su mejor estrategia, su gran secreto quizás, para conservar una popularidad, casi sin mengua, a pesar de que las cosas no están resultando tan sencillas ni los logros tan evidentes. 

Con una sobre exposición que incluye 255 “conferencias” mañaneras en 365 días y, prácticamente, tres informes de gobierno en sólo cinco meses, sería de esperar un desgaste natural del personaje, bien por la repetición de temas o por imprecisiones o errores que resultarían, hasta algo normal, ante el exceso de declaraciones. Pero queda claro que, lo que a cualquier otro presidente no se le perdonaba e impactaba negativamente, casi de inmediato, en su imagen, (basta recordar el tropiezo de Enrique Peña Nieto en la FIL de Guadalajara), para el actual mandatario existe una gran tolerancia que, al menos hasta la fecha, lo tiene casi blindado contra cualquier crítica por algún resbalón verbal. 

Y es que, si bien, los índices de aprobación hacia el Ejecutivo Federal han caído entre 10 y 15 puntos, el rango de casi 60 puntos de aprobación, al cabo de un año de gobierno, resulta envidiable para cualquier Jefe de Estado

Esa es una realidad, pero hay otra que no comparte tanto optimismo. Es la opuesta a los “otros datos”, en la que no bastan el carisma, los buenos propósitos, la mejor intención, toda la voluntad y el 90 por ciento de honestidad, porque la gobernanza requiere, además de diálogo, conciliación y entendimiento, el conocimiento, la experiencia, profesionalismo, compromiso y vocación de servicio para lograr resultados. Y en esto, muchos de la 4T no están a la altura. 

Por una aversión, que no se entiende, los relevos en los cargos de alta responsabilidad de gobierno han recaído en personajes sin experiencia y ajenos a los temas de las dependencias a las que son asignados, desplazando a quienes, por experiencia y conocimientos, resultarían ser los candidatos idóneos. Se entiende que, ante la curva de aprendizaje y la falta de preparación de los designados, no queda más que ser indulgentes y no crear falsas expectativas en cuanto al desempeño y los resultados, aunque otras sean las necesidades del país. 

En el Congreso y en el partido del gobierno, todo funcionó sin mayor alteración con las posiciones y cargos diseñados para el arranque por YSQ, hasta que llegaron los tiempos para la renovación de algunos puestos directivos y, entonces, la armonía en el equipo de la 4T se desvaneció. Antes de cumplir el primer año de gobierno, el apego excesivo a ciertas posiciones, pero más al poder que estas confieren, descubrió la verdadera personalidad de algunos personajes, que sin ningún recato maniobraron para prolongar su permanencia en los cargos, a como diera lugar. 

Fue el caso de la renovación de la presidencia de las Mesas Directivas de las cámaras de Diputados y de Senadores, tema que fue, finalmente, resuelto, no sin dejar heridas y no pocos resentimientos. Ahora sucede lo mismo en Morena, en donde a cuatro meses de que inició el proceso para la elección interna de su nueva dirigencia, no ha habido manera de lograr un acuerdo entre dos candidatas al cargo, la presidenta en funciones del partido y la presidenta del Consejo Nacional. El proceso de sucesión está atorado por la pugna entre estas dos dirigentes que juegan a las vencidas, sin que ninguna parezca estar dispuesta a dar su brazo a torcer. 

El Presidente López Obrador inicia su segundo año de gobierno, en un ambiente interno politizado, en donde hay visos de indisciplina por la ambición de poder, con inquietudes madrugadoras para la formación de equipos, no precisamente institucionales. A estos tendrá que leerles la cartilla, y no, necesariamente, la moral, porque está visto que la falta de control puede entorpecer, más aún, su programa de gobierno. 

También tendrá que enfrentar la realidad, la otra, la que no le convence mucho, en dos temas, principalmente, que demandan su atención y ajustes, porque hasta el momento son asignaturas pendientes. La economía y la seguridad, a todos preocupan y afectan. De no corregir el rumbo, 2020 puede convertirse en un año de pesadilla, con terribles consecuencias. 

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