*Zedillo y Salinas

Pablo Cabañas Díaz/Sol Quintana Roo

Carlos Salinas y Ernesto Zedillo llegaron al poder con una característica: los impusieron sobre la vieja estructura política, por ser expresión del modelo neoliberal y la integración económica. Sus carreras políticas son dos flechazos directos a la Presidencia de la República. No fueran favorecidos por ninguna encuesta de la época, ocuparon el máximo poder presidencial.  Salinas y representan la descomposición acelerada del país y  la corrupción. Esta realidad, se observa en los últimos meses del sexenio de  Zedillo que  estuvieron marcados por dos acontecimientos relevantes: el triunfo de la oposición en la elección presidencial y la visita al país del expresidente Carlos Salinas de Gortari. La aparición del expresidente en el programa de televisión “Zona abierta”, conducido por Héctor Aguilar Camín perteneciente al grupo Nexos, marcó un reto importante para Zedillo. Durante la entrevista con  Aguilar Camín y Joaquín López Dóriga, Salinas no sólo se dedicó a promover un libro de su autoría sino  a dejar un clima propicio para un eventual regreso al país, sino que también se retiró de manera despectiva en más de una ocasión a Ernesto Zedillo.

Salinas habló de la entrevista privada que sostuvo con Zedillo durante su “huelga de hambre” que llevó a cabo en Monterrey. Comentó que un presidente en funciones no podía tener un total control de sus hermanos para justificar el caso de Raúl Salinas de Gortari, el hermano incómodo, e hizo una acusación indirecta al decir que se le preguntara a Zedillo si no era así, aludiendo a los comentarios que se hacían de supuestas denuncias contra los hermanos de este último.

Salinas volvió a tocar el tema del “error de diciembre”, que llevó al país a una severa crisis económica e insistió en que nunca le ocultó información, y  recalcó  que Zedillo sabía del endeudamiento del gobierno mexicano, del vencimiento de los tesobonos, y del estado del peso mexicano. En consecuencia, concluyó Salinas, la crisis económica de diciembre de 1994 fue el resultado de una mala decisión de Jaime Serra Puche, obviamente avalado por Ernesto Zedillo.

 Muy en su estilo el presidente  parecía que no daría respuesta a la entrevista; sin embargo, Zedillo anuló la posibilidad del regreso en el corto plazo de Carlos Salinas. La respuesta fue sencilla: se dio a conocer la grabación de una conversación telefónica entre Raúl Salinas de Gortari y su hermana Adriana. En ella el llamado hermano incómodo se quejaba de la actitud de Salinas durante el programa “Zona abierta” mencionadas líneas atrás. Consideró que Carlos Salinas lo traicionó al dar a entender que él era culpable, y al decir que no sabía de los actos ilícitos que estaba cometiendo su hermano. Raúl afirmó que Carlos Salinas estaba al tanto que él tenía documentos de identidad falsos. Indicó también que en sus cuentas había recursos  de dinero público, y le dice a su hermana Adriana que la sociedad va a estar muy gustosa de que lo regrese. También le pide que le diga a Carlos que deje de pedirle dinero por medio de Juan José, hijo de Raúl. A pesar de las reiteradas protestas y negaciones de Adriana Salinas, la información que se daba conocer en el noticiero que conducía Joaquín López Dóriga este evento es un ejemplo del papel que tenían los medios de comunicación en los años en que gobernaba el PRI en el siglo XX. 

Tal como se acostumbraba, la entonces Procuraduría General de la República presentó los resultados de un análisis técnico de la conversación grabada, y concluía que eran las voces tanto de Raúl como de Adriana Salinas de Gortari? ¿Quién grabó la conversación? ¿Cómo la obtuvo López Dóriga? Las hipótesis son tres, fundamentalmente: la grabó el propio Raúl Salinas y la difundió como una forma de venganza hacia su hermano Carlos. La grabó el Centro de Investigación sobre Seguridad Nacional (Cisen) y alguien la hace llegar a Televisa. O bien que el Cisen la graba y que por órdenes del entonces presidente Zedillo la entregó a la televisora. La duda hasta ahora no se ha disipado.

En una sociedad como la nuestra, y en un  gobierno que sistemáticamente negó información, los rumores hicieron su labor. Se dice que la hipótesis en donde entra Ernesto Zedillo es la válida; Tal vez haya sido así. El golpe publicitario al libro de Salinas, y la entrevista en la televisión para desacreditar a Zedillo, no funcionaron. 

El presidente en funciones  tuvo una estrategia muy fina para evitar el regreso del expresidente Salinas. Meses después aparecía en la prensa la noticia de que  Zedillo recibió de regalo un automóvil Audi de más de 120 mil dólares. La casa de Zedillo en el Pedregal  fue valuada, en su nivel más bajo,  en esos años en  30 millones pesos, lo cual era, una evidentemente, una ostentación de poder. El 20 de noviembre de 1999, el subcomandante Marcos reveló en una carta que el padre y el hermano de Zedillo habían recibido, por la vía de recomendación presidencial, contratos para obra pública en los cuarteles militares de Chiapas. Había demandas penales contra los hermanos del expresidente Zedillo por negarse a pagar adeudos. Y dentro de la gravedad de las denuncias anteriores,  se denunció que las empresas de familiares de Zedillo habían recibido amnistía fiscal preferencial. Salinas, Zedillo y sus familiares gozaron de la condonación en el pago de impuestos.

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