(III de cuatro partes)

*Procedentes de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Panamá, sin que ninguno de los gobiernos: federal, estatal o extranjero, combatan realmente el gigantesco trasiego de drogas por la frontera sur de México

*Quintana Roo continúa siendo la puerta de entrada para la droga que llega a territorio mexicano, conforme reportes del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito

STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- Cada año son introducidas a nuestro país no menos de 500 toneladas de cocaína provenientes no sólo de Colombia, uno de los principales abastecedores; sino de Perú, el más grande exportador de ese tipo de droga, por encima de Colombia.

También llega de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Panamá, sin que ninguno de los gobiernos: federal, estatal o extranjero, combatan realmente el gigantesco trasiego de drogas por la frontera sur de México.

Conforme a reportes del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Quintana Roo continúa siendo la puerta de entrada para la droga que llega a territorio mexicano, principalmente por aire, aunque en menor cantidad por mar y tierra, con la complacencia de todas las autoridades federales, estatales, municipales y extranjeras.

En lo que respecta a Colombia, según el reporte, el Cártel del Norte del Valle, disminuido considerablemente, sigue siendo uno de los que surten a los cárteles mexicanos de la droga, pero la parte frontal ahora está a cargo de “Los Invisibles” y “Las Bancrim” (bandas criminales).

Se trata de pequeñas organizaciones que se mueven en el anonimato, con ejércitos menos ostentosos, con una nueva estructura interna, personal más reducido, bajo la premisa de evitar la violencia extrema, para lo cual se camuflan bajo estructuras empresariales.

Es un sistema de muchos grupos de distintos tamaños y en distintas partes de la cadena que controlan los territorios donde se ubican las siembras ilícitas, como Los Urabeños, el Clan del Golfo y las disidencias de las FARC; además de otros más pequeños y sofisticados.

El primer cambio en Colombia surgió tras la muerte o captura de los cabecillas de los cárteles de Colombia, Pablo Emilio Escobar Gaviria, al frente del de Medellín, muerto en septiembre de 1993 y la detención de los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, que lideraban el Cártel de Cali.

El Cártel de Medellín prácticamente desaparece, mientras que los jefes que quedaban del Cártel de Cali se reúnen para ofrecer al gobierno colombiano su disolución, a cambio de condenas mínimas y la no aplicación de la Ley de Extinción de Dominio, es decir no quitarles sus propiedades.

No hubo acuerdo y fue cuando nació en Cártel del Norte del Valle.

Su primer líder fue Ramón Quintero y después hubo una veintena más, hasta que cayó el último de sus jefes: Wilber Alirio Varela. A la fecha se desconoce quién lo encabeza, pero ya no tiene la fuerza ni el poder que tuvo en la década de los noventas del siglo pasado.

Ahora son “Los Invisibles” o “Los Bancrim” los que operan con una mayor discreción, sin exponerse a ningún tipo de pérdidas, al ceder el mercado a los cárteles mexicanos: Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nuevas Generación, Cártel del Golfo y Los Zetas.

Los narcotraficantes colombianos le cedieron a los cárteles mexicanos la distribución de los grandes mercados, como el de Estados Unidos, que una vez lo tuvieron los carteles de Medellín y Cali, como una medida mercantil inteligente para no arriesgarse a intercepciones, incautaciones y confiscamiento de activos.

“Los Invisibles” y “Los Bactrim”, lavan dinero en empresas legalmente constituidas, dependen casi exclusivamente de la tercerización y lo único que manejan directamente son las rutas, que es la base de las organizaciones traficantes de droga, así como las relaciones con los clientes.

Los grupos colombianos, en conjunto, aunque de manera individual, hacen llegar a México un promedio de 40 toneladas de cocaína al mes, lo que equivale a poco más de 500 toneladas al año.

Las narcoavionetas son las más empleadas para el tráfico de enervantes, por medio del llamado “Triángulo de Narcopistas”, que se localiza entre Belice, Bacalar, Quintana Roo y Campeche, donde llevan a cabo el bombardeo de droga.

Los recientes hallazgos de naves abandonadas, bien porque se accidentaron o tuvieron que aterrizar de emergencia, dejando incluso los cargamentos de droga, evidencian la constante utilización de la mencionada ruta para el trasiego de la cocaína.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos, a través de trabajos de inteligencia, refieren que Colombia batió récord en producción de coca entre 2016 y 2017, al pasar de 146 mil hectáreas a 171 mil, un aumento de 17 por ciento.

Aquí en México, el general de la 34 zona militar en Chetumal, revela que en este año se han detectado más de 100 vuelos de narco avionetas que pretenden cruzar el espacio aéreo quintanarroense, provenientes de Venezuela y Colombia.

Las agencias antidrogas de la Unión Americana, elaboraron una lista de países a los que consideran como territorios del narcotráfico, bien porque son productores de droga o porque son lugares de tránsito por su ubicación geográfica, lo que los vuelve atractivos para el trasiego.

En ese listado figuran Perú, Colombia, Bolivia y Venezuela como productores, mientras que Guatemala, Belice, El Salvador y México, como puntos de tránsito, aunque en los últimos años México también es considerado lo mismo como productor, que como introductor y país de alto consumo.

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