(IV y última parte)

*De acuerdo a la DEA y al Departamento de Estado de la Unión Americana, Nicolás Maduro y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, máximo jerarca de la Fuerza Armada, están involucrados

*Rubén Vargas, analista experto en narcotráfico, señala que Perú es el principal exportador de droga para el Cártel de Sinaloa y detalla que Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, habría estado en Perú en 2008

STAFF SOL QUINTANA ROO


Ciudad de México.– Los cárteles mexicanos que dominan el mercado, por su poder, infiltración e importancia, son: Cártel de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Cártel del Golfo y Los Zetas, en ese orden.

En Panamá, los carteles mexicanos se apoyan en pandillas a cuyos miembros los hacen responsables de custodiar y movilizar su droga. Dos de esos grupos llamados ‘‘Viteri” y el ‘‘West Side”, en Colón, son los encargados de custodiar los cargamentos de droga del Cartel de Sinaloa, mientras que el grupo “Kalor Kalor”, le brinda el mismo servicio al CJNG, en tanto que Los Zetas operan por su cuenta.

El caso de la droga que llega de Venezuela es por demás ilustrativo de cómo funciona el Cártel de los Soles: los negocios oscuros de los militares venezolanos.

De acuerdo a la DEA y al Departamento de Estado de la Unión Americana, Nicolás Maduro y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, máximo jerarca de la Fuerza Armada, son las cabezas principales de dicho cártel.

Su nombre Cártel de los Soles, se refiere a las insignias de soles que distinguen a los altos oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Cuatro soles en las insignias o charreteras para la más alta jerarquía de General en Jefe, tres para el grado de Mayor General, dos para el General de División y un sol para el General de Brigada.

El gran negocio del Cártel de Los Soles comenzó en 1999, cuando  el presidente Hugo Chávez envía a Colombia a oficiales de las fuerzas armadas a negociar casos de secuestros de venezolanos en manos de las FARC o del ELN.

Ahí las bandas terroristas colombianas, les explican que el gran negocio no son los secuestros, sino el tráfico de cocaína y que obtener vía franca a través de Venezuela para el trasiego, sería una jugada determinante para el paso de la droga.

Y así fue.

Rubén Vargas, analista experto en narcotráfico, señala que Perú es el principal exportador de droga para el Cartel de Sinaloa y detalla que Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, conocido también como “El Señor de los Túneles”, habría estado en Perú en el año 2008, conformando una organización para el acopio de cocaína que se procesaba en la zona Amazónica de los Valles del Río Apurímac, Ene y Mantaro, considerado el emporio mundial de la cocaína.

Para el especialista, la captura del jefe del Cartel de Sinaloa no cambia en nada la situación, las operaciones de esa organización mexicana asentada ya en Perú no sufrirán ninguna alteración, debido a la estructura y a la capacidad operativa con que cuenta la organización.

Rubén Vargas precisó que las organizaciones criminales de la magnitud como la del Cartel de Sinaloa, no son fáciles de exterminar pues cuando una de sus cabezas cae, hay por lo menos media docena más de sus integrantes capacitados y listos para reemplazarlo.

Desde el año 2000, señala el experto, los capos mexicanos se han hecho presentes, “y están aquí con nosotros, con operadores intermedios de esas organizaciones criminales mexicanas, especialmente del Cartel de Sinaloa, del Golfo, Los Zetas y ahora del Cártel Jalisco Nueva Generación”.

La mayoría de operativos antinarcóticos de las autoridades peruanas se llevan a cabo en las zona cocaleras como el Vraem y otras regiones de la Amazonía peruana, donde miles de campesinos cultivan hoja de coca desde tiempos inmemoriales, como parte de su cultura.

Un reporte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), precisa que Perú se mantiene como uno de los principales exportadores de cocaína, de los cuales una buena parte tiene como destino final el Cartel de Sinaloa, porque si bien Colombia es el primer productor de cocaína, Perú sigue siendo el primer exportador, pese a que Colombia tiene más cultivos de hoja de coca.

Una prueba de que el Cartel Jalisco Nueva Generación opera ya en Perú, fue la captura del mexicano Alberto Domínguez Martín del Campo, quien sería el número uno de  dicho cartel en Perú y de José Ángel Gonzáles Velásquez, alias “Cochino”, oriundo de Venezuela.

Cuando fueron detenidos, llevaban decenas de “tabiques” (paquetes) de cocaína, con el logotipo de “Marca Perú”, escondidos en máquinas moledoras para alimentos de mascotas.

En Bolivia, desde hace ocho años, se detectó la presencia de los cárteles mexicanos de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el de Los Zetas.

En 2011, Jesús Alfredo Guzmán Salazar, hijo del Chapo, viajó a Santa Cruz para tomar cursos de pilotaje de aviones y contactar a traficantes de droga locales.

En diciembre de 2017, Brasil dio a conocer que fue capturado en su territorio José González Valencia, uno de los tres líderes del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que presuntamente residía en Bolivia. Fue detenido con un documento boliviano en un complejo turístico en Fortaleza. El mexicano portaba una cédula con identidad boliviana, a nombre de Jafett Arias Becerra.

Asimismo, en agosto de 2017, un informe de EU dio a conocer que el líder del cártel de Jalisco Nueva Generación, Raúl Flores Hernández, alias “El Tío”, compró un equipo de fútbol de primera división en Bolivia.

Según autoridades antinarcóticas, en Bolivia hay tres rutas de la cocaína que se trazan por la Amazonía de los departamentos de La Paz, Beni y Santa Cruz y Pando, hacia los países de Brasil y Paraguay.

La forma más usual de narcotráfico local en Bolivia es “El Clan”, organización compuesta generalmente por familiares y personas cercanas, que trafican droga a pedido de organizaciones transnacionales.

Generalmente producen droga en cantidades menores, ya que las grandes narcofábricas son regenteadas por extranjeros. Los clanes dominan el transporte de la droga.

Generalmente es su mayor ocupación, ya que conocen el terreno donde operan y suelen asociarse con emisarios de los cárteles mexicanos.

El flujo de la cocaína hacia México es gigantesco, porque no sólo proviene de un país, sino al menos de media docena y mientras no haya un real intercambio de datos, de experiencias y de conocimientos, así como una verdadera coordinación entre las naciones productoras, de tránsito y de consumo de droga, la situación seguirá siendo la misma, convirtiendo la frontera sur de México en una puerta abierta para la llegada de cientos de toneladas de droga.

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