Fernando Irala/Sol Quintana Roo

Irán: las consecuencias para México

La venganza de Irán luego del asesinato de uno de sus generales de más alto rango, ha empezado a manifestarse, lo mismo en el bombardeo de bases militares norteamericanas, que en la barbaridad de haber derribado, por error, se ha dicho, un avión comercial ucraniano.

        Es posible que esta escalada desemboque en un conflicto bélico formal; es posible que no.

        Pero lo que ya se ha manifestado es una tensión que se respira en distintas zonas del planeta, y que ha impactado de inmediato en los mercados y las finanzas internacionales: las divisas, los metales, y en particular el petróleo.

Irán es importante productor de petróleo, pero sobre todo está ubicado en la región de mayor producción y tráfico de hidrocarburos del mundo.

México, sumido en un estancamiento económico al que no se le ve fin pronto, puede ahora tener mayores problemas.

Con un mercado de hidrocarburos al alza, ello podría interpretarse como un beneficio para las exportaciones petroleras mexicanas.

Y así será. Pero en cambio, la importación de petrolíferos refinados, en particular gasolinas, nos implicará mayores gastos.

Así, el gobierno se verá en el dilema de dedicar las divisas excedentes a subsidiar el precio de las gasolinas, con lo cual cometerá el mismo error de los gobiernos panistas, que dilapidaron enormes recursos que ingresaron al país en la primera década del siglo, para no subir el precio de los combustibles. O bien, dejará el producto al libre mercado, con la consecuente alza que puede ser significativa, con lo cual habrá roto su promesa de que no habría gasolinazos. Hoy por cierto, las gasolinas son cerca de un diez por ciento más caras que al iniciar el sexenio, aunque nadie parece darse cuenta de su discreto pero constante incremento.

Otras distorsiones económicas derivadas de la tensión bélica podrían afectarnos. Pero ésta del petróleo y los combustibles será la que mayores apuros nos hará pasar.

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