Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo

*Se declara culpable de los cargos de narcotráfico y busca no cargar con una cadena perpetua.

Eduardo Costilla Sánchez, a quien Osiel Cárdenas le heredó parte del liderazgo del cártel del Golfo –era uno de sus más leales hombres de confianza –emergió de las filas de la policía ministerial en Tamaulipas y, con el paso del tiempo, hizo carrera en el mundo criminal: era pasador de droga del cártel del Golfo, gatillero y responsable de manejar la corrupción en los cuerpos de seguridad.

            Su etapa de mayor auge la vivió en el crimen organizado cuando Osiel Cárdenas asesinó a Salvador Gómez Herrera, “El Chava” Gómez y se entronizó en la jefatura del cártel del Golfo, en 1996, después de que otro capo de altos vuelos –Juan García Ábrego –cayó en manos de la justicia estadunidense tras ser detenido en Nuevo León y extraditado, en forma urgente, a Estados Unidos, donde le esperaban dos cadenas perpetuas.

            También surgido de las filas policiacas –era madrina de la ministerial en la ciudad de Matamoros –Osiel Cárdenas dejó sus funciones de soplón, mecánico y se metió de lleno en el negocio del narcotráfico a gran escala; se asoció con Albino Quintero Meraz, jefe de la plaza del cártel de Juárez en Veracruz y ambos cruzaban cuantiosos cargamentos de droga a través de Guatemala y Chiapas, las rutas más explotadas.

            Costilla Sánchez, “El Coss”, formó parte de la estructura criminal más cercana conformada por Cárdenas Guillén: le asignaron la plaza de Tampico. A través del puerto localizado en esa ciudad Costilla se encargaba de mover toneladas de droga para introducirlas a Estados Unidos a través de una amplia red de operadores, según reconoció en el juicio que enfrenta en Estados Unidos.

            Cárdenas Guillén tuvo su etapa de auge como líder del cártel del Golfo de 1996 a 2003. En esos siete años conformó al grupo armado Los Zetas –hoy cártel del Noreste –y se posicionó en Tamaulipas como capo emblemático durante los gobiernos de Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández, quienes gobernaron de 1999 a 2012.  Actualmente los exmandatarios están presos: el primero en Estados Unidos, el segundo en Tamaulipas: se les acusa de brindar protección al crimen organizado, lavado de dinero y de fomentar el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

            Después del golpe espectacular que significó la fuga de Joaquín Guzmán Loera del penal de Puente Grande en el año 2000 –16 días después de que Vicente Fox tomó posesión como presidente de la República –el gobierno panista que inauguraba el nuevo siglo emprendió una cacería de capos: detuvo a Benjamín Arellano, jefe del cártel de Tijuana y también a Osiel Cárdenas, líder del cártel del Golfo, llamado “El Mata Amigos” porque solía traicionar a sus más cercanos compañeros.

            Era claro que el gobierno de Vicente Fox le quitaba rivales al cártel de Sinaloa golpeando a sus contrincantes en el negocio. Benjamín y Osiel fueron extraditados a Estados Unidos. Así, la plaza de Tamaulipas quedó acéfala, pero no por mucho tiempo: Osiel nombró a sus hermanos Ezequiel Cárdenas Guillén –“El Tony Tormenta” jefe de la plaza, pero durante un enfrentamiento fue abatido por efectivos de La Marina.

            El otro hermano de Osiel , Mario Cárdenas, fue detenido.

            El espacio de abrió para que Eduardo Costilla Sánchez se convirtiera en el nuevo jefe del cártel del Golfo. Este personaje era temible por la saña con la que torturaba y mataba.

            En el año 2012, Costilla Sánchez empezó a ser fuertemente perseguido en Tamaulipas debido a que se le atribuyó el crimen del candidato del PRI al gobierno de esa entidad, Rodolfo Torre Cantú, quien se habría negado a pactar con el narcotráfico, según dijeron fuentes cercanas a su equipo.

            Durante una gira como candidato, el abanderado del PRI regresaba a un evento a la capital, Ciudad Victoria, pero en el camino fue interceptado: varias camionetas con hombres armados le cerraron el paso en plena autopista, de donde descendieron decenas de hombres armados. Eran los gatilleros de “El Coss”.

            De inmediato abrieron fuego en contra del candidato priista, quien cayó abatido por las balas expansivas. Ni tiempo le dio de bajarse de su vehículo. Con el murieron varios de sus colaboradores.

            El crimen ocurrió unos días antes de las elecciones, en 2012, por lo que el candidato tuvo que ser reemplazado: en su lugar compitió Egidio Torrre Cantú, hermano del occiso, quien ganó las elecciones pero su gobierno terminó cediendo terreno ante el crimen organizado, pues en Tamaulipas se constituyó un cogobierno entre el poder civil y el crimen.

            El asesinato del candidato priista se le atribuyó a Eduardo Costilla, jefe del cártel del Golfo. La Procuraduría General de la República investigó el caso, pero nunca llegó a ninguna conclusión y hasta la fecha el caso sigue impune y salpicado de versiones que han plagado de confusión la historia del asesinato del abanderado priista: se dijo después que un grupo de marinos había cometido el crimen por una orden de la presidencia de la República, pero nunca se probó tal versión.

            Eduardo Costilla Sánchez fue detenido en septiembre de 2012, fue uno de los objetivos del gobierno federal, pero el cártel del Golfo no fue desmantelado. El capo fue internado en el penal de La Palma, donde estuvo varios años, hasta que fue extraditado a Estados Unidos, donde decidió declararse culpable y negociar con las autoridades una reducción de la pena que le corresponde.

            Costilla aceptó ser miembro del cártel del Golfo y de los cargos de conspiración para introducir cocaína a Estados Unidos; aceptó, también, haber construido una red de distribución de drogas en México y Estados Unidos con el objetivo de operar el negocio del narcotráfico. El capo espera que las autoridades estadunidenses le tomen en cuenta sus aportaciones para que se conozcan más detalles respecto de las operaciones criminales de México.

            El liderazgo de Eduardo Costilla en el cártel del Golfo era amplio y dominante: controlaba la plaza de Tamaulipas, si base, pero sus tentáculos se extendieron hacia Veracruz, Nuevo León, Coahuila y Durango. Mantuvo estrechos vínculos con el jefe de Los Zetas, Heriberto Lazcano Lazcano, hasta que éste fue asesinado en Sabinas, Coahuila, según la versión oficial.

            Ahora Costilla Sánchez es testigo colaborador de las autoridades estadunidenses y se espera que el juez de su causa le reduzca la pena que le corresponde: seguramente será ejemplar, pero podría librar la cadena perpetua.

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