Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo

 

Mientras en Estados Unidos y Europa el uso de la marihuana con fines científicos, médicos y lúdicos ya representa un gran negocio, en México el debate todavía no empieza en el Congreso, aunque ya existen algunas iniciativas de ley que proponen su legalización.

El uso científico de la marihuana, por lo menos en Europa, Estados Unidos y Canadá –países que legalizaron su uso medicinal, alimenticio y recreativo –está tomando una dimensión enorme: En Austria, por ejemplo, así como en otros países que ya la legalizaron, han desarrollado un amplio y boyante negocio: con la cannabis se producen aceites comestibles, tes relajantes, incluso que curan el insomnio, harinas que se consumen como cereales y que contribuyen a una mejor alimentación.

Las propiedades de la cannabis son, en realidad, extraordinarias: los aceites son ricos en omegas, sirven para limpiar las arterias del corazón, fortalecen el sistema inmunológico, de acuerdo con los expertos consultados, y disminuyen los niveles de colesterol malo en la sangre, incrementando las grasas positivas que necesita el organismo.

En Austria, por ejemplo, el uso de la cannabis con esos fines se liberó en el año 2008: está permitido su consumo, pero no el tráfico; se puede sembrar en casa para consumo personal, siempre y cuando el consumidor acredite que es adicto a la droga: esta suerte de salvoconducto médico le permite portar varios gramos sin enfrentar problemas con la justicia.

A lo largo y ancho de ese país del centro de Europa –colinda con Alemania, Suiza, Eslovenia e Italia –han proliferado los negocios que ofrecen alimentos y sustancias, incluso cosméticos, elaborados con cannabis: en las tiendas naturistas, donde se comercializan todo tipo de granos y aceites naturales, una novedad es el aceite de cannabis, cuyo poder curativo se promueve fuertemente en esos comercios.

   En América Latina sólo Uruguay  legalizó el uso de la marihuana con diversos objetivos en el año 2012: se realizó un padrón se consumidores, se les autorizó la siembra de la hierba en casa y también se realizan estudios y experimentos respecto de su uso medicinal, que es variado: combate el estrés, por ejemplo; está recomendada para las personas que padecen epilepsia, pues les alarga las crisis, de acuerdo con lo que establecen los últimos avances médicos.

En México el debate empezará este año, de acuerdo con lo que ha dicho Ricardo Monreal, líder de Morena en el Senado de la República, quien lleva la agenda legislativa.

Son embargo, el diputado Mario Delgado dijo el año pasado que ya se dispone de una amplia propuesta para legalizar el uso de la cannabis con fines medicinales, científicos y lúdicos, pues resultará, dijo, un gran negocio para el Estado mexicano como ya lo es en Estados Unidos.

Puso como ejemplo el caso del estado de Colorado: en esa zona de la Unión Americana se han percibido ganancias hasta por 500 millones de dólares por la venta de cannabis y el uso abierto de la sustancia.

En México, de acuerdo con el proyecto, se pretende regular su uso, contar con un mercado legal de cannabis, aplicar un impuesto especial por su venta más dos pesos por cada gramo que se comercialice.

De acuerdo con la iniciativa de ley, otro de los objetivos es quitarle a los cárteles del narcotráfico el monopolio de su venta y así disminuir el impacto de la violencia criminal que azota al país y que, de diciembre de 2018 a enero de 2020 ha cobrado la vida de poco más de 35 mil personas.

Las políticas prohibicionistas en materia de drogas no han funcionado desde que éstas se pusieron en operación a finales del siglo XVlll, cuando varios países determinaron prohibir el uso de varias sustancias, entre otras, la morfina, marihuana, cocaína, heroína. Sin embargo, liberaron el alcohol, la sustancia que desde hace varios años está considerada como la que más muertes produce en el mundo.

En Europa Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, era un promotor del consumo de la cocaína: dicha sustancia se utilizaba para curar la melancolía, por ejemplo; también se usaba para curar a los adictos a la morfina, lo que dio buenos resultados en si tiempo.

El propio Freud era consumidor de cocaína, según consta en diversas cartas que le envió a su novia a principios del siglo XX, cuando vivía en Viena y estaba dedicado al estudio de la conducta humana.

En aquel tiempo, la gente podía comprar cocaína en las farmacias y consumirla, aunque tiempo después se comenzaron a presentar casos de ansiedad y hasta de suicidios de personas cuando les faltaba la droga. Sin embargo, Freud siguió ponderando las bondades de la droga, la cual fue la base, entre otros logros científicos, para descubrir la anestesia local –muy socorrida en las cirugías de ojos –, la cual más tarde fue sustituida por la anestesia sintética, la cual se usa hasta la fecha.

A Freud se le acusó de ser el promotor del tercer azote de la humanidad con la recomendación de la cocaína para curar la tristeza. El científico Vienés decía que la medicina tenía sustancias para disminuir la ansiedad de las personas, pero no para curar la melancolía, de ahí que la cocaína se recomendaba contra ese padecimiento.

Pero fue considerada el tercer azote de la humanidad, pues se sumó a la destrucción humana junto con la morfina y el alcohol, que ya causaban miles de muertes en el mundo.

La marihuana –de acuerdo con los estudios más serios –no es una droga inocua: produce adicción, pero hasta ahora no se conoce que su uso haya causado la muerte de algún consumidor, por lo que se considera que, con un uso regulado, puede tener beneficios para la salud.

De regularse su consumo en México, el gobierno sólo estaría legalizando lo que ya en los hechos ocurre: sería una legalización para regular el amplio consumo de cannabis que es tolerado por las autoridades, cuya comercialización –ilegal –se realiza con protección policiaca.

El objetivo del gobierno federal –al menos eso se dijo hace algunos meses –es regular el consumo de todas las sustancias o drogas, como ocurre en Portugal y Holanda, donde está liberado el consumo, pero existen reglas al respecto: las personas pueden comprar cocaína y consumir, pero en lugares especiales y no pueden irse a la calle hasta que los efectos hayan pasado. Por otra parte, dichos gobiernos mantienen una agresiva campaña contra el consumo de las drogas, lo que permite que, hasta ahora, los elevados niveles de educación –e información –redunden en un consumo responsable.

En México, por desgracia, se pretende liberar el consumo de la drogas sin contar con diques de contención: campañas informativas y concientización respecto del uso. Eso sí, los legisladores sólo observan el enorme negocio que significa legalizar su consumo.

 

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