Doc. Kiskesabe/Sol Quintana Roo

Las complicaciones de la diabetes son de dos tipos: las agudas, con elevaciones (hiperglucemia) o disminuciones (hipoglicemia) graves del azúcar en sangre y las crónicas, es decir, las que se presentan tardíamente relacionadas con arterioesclerosis o endurecimiento de arterias microscópicas (microangiopatía) como las arterias de la retina (retinopatía) o el endurecimiento de arterias gruesas como las del cerebro, las coronarias del corazón o las de los pies.

Hace 50 y tantos años que empecé a ejercer la medicina era muy frecuente observar los llamados comas diabéticos caracterizados por elevaciones graves del azúcar con mucha sed, mucha orina, baja de peso, deshidratación y desequilibrio de electrolitos con pérdidas severas de cloruro de sodio (sal común) y cloruro de potasio; disminución del pH de la sangre (acidosis metabólica), acidosis que intoxica el cerebro provocado estado de coma cerebral (coma diabético), complicación tan grave que había una mortalidad muy alta, casi del 50%, explicable por una pobrísima cultura médica social y poca experiencia de nosotros los médicos en el manejo agudo de estos casos con la insulina y el manejo de líquidos y electrolitos, cuyas alteraciones repercutían en todas las funciones del cuerpo y NO HABIA MEDICOS INTERNISTAS, ideal para el manejo integral y sistémico de este tipo de pacientes.

La alta mortalidad de aquellos tiempos, de casos agudos de diabetes, es decir, la mortalidad elevada en los primeros años de evolución de la diabetes, impedía que los diabéticos vivieran más de diez años, período en el cual pueden aparecer las complicaciones crónicas, es decir, la arterioesclerosis (micro y macroangiopatía) de evolución lenta que sucede normalmente con el avance de la edad en cualquier persona viva, siendo la diabetes, el tabaquismo, la presión arterial alta y sostenida, el colesterol y otros factores de riesgo, precisamente para acelerar en grado mayor o menor ese proceso normal de arterioesclerosis.

Todo cambia, todo gira, decía algún filósofo presocrático, Heráclito de Efeso. Nadie se baña dos veces en el mismo río y con esto se quiere decir además, que una misma persona no es la misma un segundo o cien años después y esto obviamente es vigente pues la vida y la muerte, la salud y la enfermedad son procesos dinámicos, en constante flujo y aplica al enfermo diabético: no hay dos diabéticos iguales y el mismo sujeto diabético cambia de una consulta medica a otra, nunca es el mismo. La enfermedad si es la misma, la diabetes, pero el humano enfermo nunca es el mismo de un segundo a otro.

Este principio filosófico es esencial para mejorar la calidad en la atención médica ya que por ejemplo, las guías médicas de práctica clínica, lo establecido en libros y revistas especializadas, son construcciones teóricas fijas que deben AJUSTARSE al cambio constante de un enfermo diabético, por ejemplo, o de cualquier otro. Y no tomar en cuenta este principio científico filosófico médico, nos conduce a provocar graves interpretaciones afectando el bienestar de las personas sanas, y ya no se diga de las enfermas; esto sucede al aplicar las guías (protocolos) indiscriminadamente por igual a todos los enfermos.

Ejemplo de lo anterior es lo siguiente, con el advenimiento de la avanzada tecnología en la atención médica, estamos cayendo en excesos no menos nocivos que hacer menos de lo que se hace: en los intentos de corregir rápida e intensivamente la acidosis metabólica muy grave de un coma diabético, se provocan los estados opuestos, alcalosis metabólica, tan grave como la acidosis. Y, el uso indiscriminado de los medicamentos para el control del azúcar, con las modernas tabletas y las insulinas actuales, los diabéticos sufren ahora de severos cuadros de hipoglicemia (baja de azúcar) no menos nocivos que la hiperglicemia (elevación de azúcar).

Muchos pacientes actualmente, tomando pastillas, inyectándose insulina o utilizando ambas estrategias, viven esclavizados y obsesionados en mantener el azúcar en forma fija (estática) en 100 miligramos, como dice el manual; y diariamente varias veces al día, se están picando el dedo para verificar la cifra de azúcar y ajustar la dosis del medicamento sin tomar en cuenta que en la dinámica de la vida, nuestro cuerpo necesita NORMAL Y FISIOLOGICAMENTE cifras variables de 50 a 160 miligramos, o incluso más, en diferentes circunstancias propias de nuestro cuerpo y del entorno, siendo una grave aberración obsesionarse en tratar de mantener una cifra fija de 100 miligramos de azúcar como “dice la guía” elaborada por expertos, por supuesto, expertos en guías.

Una persona con diabetes controlada con tabletas no es necesario que se esté picando el dedo diariamente para verificar el azúcar porque en caso de descontrolarse, esto sucede lentamente si el paciente esta cumpliendo con el tratamiento y es poco probable que su descontrol sea agudo y peligroso y causa mucho, pero mucho daño emocional a la persona y a la familia, medir el azúcar diariamente siendo normal, empeora la calidad de vida, sobre todo en estos días de las “tamalizas de todos santos”. Yo no recomiendo esa estrategia, pero cada persona es libre de decidir.

Dejar respuesta