Sergio Gómez Montero/Sol Quintana Roo

*Tiempos de crisis capitalistas

No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para su bigote
enfadado, ni siquiera para su alzado índice

Aleixandre: “Para quién escribo”

 

Aquel circo de tres pistas que años atrás era Davos, Suiza, ha pasado a ser este año un tendidito de tiro al blanco al que han acudido dos o tres clientes de escaso relumbrón, lo cual sin decirlo y diciéndolo marca un decaimiento muy sensible del capitalismo como sistema mundial. En apariencia, hoy, cada vez a menos países convence esa forma de organizarse, al margen de que sigue siendo el sistema predilecto de un reducido número de individuos (menos del 10% del total de habitantes del mundo) empecinados en acumular fortunas grotescas e insultantes iguales y similares a los ingresos que con dificultad acumulan un porcentajes del setenta por ciento o más del total de los habitantes del planeta. Todo, gracias al capitalismo de los años recientes (el neoliberalismo) que ha sido el más rapaz y explotador de la historia.

Pero, ¿a qué le tiene hoy miedo el capitalismo? Si la Historia no miente, y retomando de nuevo el ejemplo de Davos, la ausencia en esa reunión de los nuevos líderes de varios países del mundo (México, España, Argentina, Brasil, Chile) y de renombrados capitalistas de otras épocas (Soros, Slim, Bezos, Buffett), anuncia que la atracción mundial que antes tenía el capitalismo como fuente de dominio se comienza a perder y sus crisis tienden a ser hues oy de publicidad, de rating, pcada vez es menos el atractivo que él tiene como marca mundial. Apostarle hoy al capitalismo es apostar a perder, pues el grupo que integra a quienes pertenecen a esa marca, en lugar de ampliarse tiende a reducirse de manera acelerada, ya que, tendencia de su proceso de selección natural, el capitalismo, en la medida que se desarrolla se vuelve más voraz, y siguiendo las leyes de la competencia, no respeta ni a los de su misma especie, de ahí que en lugar de aumentar se reduzca el número de capitalistas y la polarización del ingreso se agudice.

      ¿A dónde, en el futuro más inmediato, nos conduce los años próximos el capitalismo? Resistiéndose hasta el último momento a lo que será el despliegue más brutal de violencia de que se tenga idea (creo que hasta hoy ningún apocalipsis teologal lo ha vislumbrado en su terrorífica dimensión), antes de ponerla en práctica a ella, el capitalismo va a optar por ir disolviendo sus contradicciones más brutales (trabajo, género, medio ambiente, finanzas, violencia) con una serie de regímenes de transición que en mayor o menor medida van a entremezclar por un lado medidas económicas diversas de raíz de aparente nueva forma de organización social (miserabilismo puro) y por el otro abierta carga capitalista para así ir sobreviviendo al amparo del poder. Regímenes amorfos, indecisos, transicionales para siempre, ni tuntún ni tan tan, esos regímenes, caminando siempre por el filo de la navaja electoral, un día se pueden radicalizar, pero otro día podrán ser más represivos que los más  puros capitalistas; sí, igual que hoy México en su frontera sur.

Pesadilla de nuevo: el INSABI luchando en contra de una epidemia extendida de coronavirus. Como música de fondo las 80 orquestas azteca (financiadas por la SEP, que para eso sí tiene dinero pero no para aumentar el presupuesto de la educación superior del país).

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