Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo

*Un juez federal no tomó en cuenta sus antecedentes criminales a la hora de su veredicto. Al presunto sicario se le atribuyen varias muertes, entre otras, las de 24 personas que fueron tiradas en La Marquesa, Estado de México, en 2010.

 Algunos capos del narcotráfico han corrido con mucha suerte –o han pagado muy bien a los jueces y magistrados –porque tan pronto son detenidos no pasa mucho tiempo en que una decisión judicial los ponga de nuevo en libertad, como si nada debieran.

El martes pasado, cuando circulaba a bordo de una camioneta suburban por la calles de Horacio, en la colonia Polanco de la ciudad de México, Raúl Villa Ortega –gatillero de los hermanos Beltrán Leyva y autor de varios crímenes –fue detenido, por accidente, por parte de efectivos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana.

Los agentes procedieron a revisar el vehículo y en medio de los asientos hallaron un arma de fuego y catorce cartuchos útiles. De inmediato, el presunto narcotraficante fue puesto a disposición del Ministerio Público. Sin embargo, dos días después, un juez federal le otorgó la libertad bajo fianza.

Esta es la segunda ocasión que Villa Ortega recupera su libertad: la primera ocurrió en 2010, cuando fue acusado de participar en un multihomicidio en La Marquesa, Estado de México, donde fueron ejecutadas 24 personas, cuyos cuerpos fueron tirados en un paraje.

En aquella ocasión, el presunto sicario de los hermanos Beltrán Leyva sólo estuvo preso un año y fue liberado, aparentemente, por falta de pruebas.

Este no es el único caso en que presuntos narcotraficantes recobran la libertad luego de ser capturados: el récord lo tiene Ovidio Guzmán Loera, hijo de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, quien fue detenido por efectivos del Ejército en Culiacán, Sinaloa, y algunas horas después fue liberado porque un ejército del cártel de Sinaloa amenazó con masacrar tanto a elementos de las fuerzas federales como a la población civil si Ovidio Guzmán era trasladado a la ciudad de México, como se pretendía.

El hijo de quien fuera el máximo jefe del cártel de Sinaloa fue capturado por órdenes del gobierno de Estados Unidos, pues se le busca a nivel internacional por estar implicado en el tráfico de drogas a gran escala y, por ello, cuenta con una orden de captura con fines de extradición.

Sin embargo, la rápida liberación de Ovidio Guzmán detonó críticas en contra del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que tuvo que aceptar que los efectivos militares actuaron de esa forma para evitar una masacre y la muerte de personas inocentes.

En Tijuana, Baja California, el poder de ese cártel fronterizo hizo posible que varios de sus miembros fueran capturados por la policía y de inmediato eran liberados. Al cártel de Tijuana, encabezado en sus años de esplendor por los hermanos Benjamín y Ramón Arellano Félix, se le respetaba. Ellos eran la ley en Tijuana y las autoridades no se metían con ellos.

En 1989, el capo Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, fue capturado accidentalmente –como le ocurrió a Raúl Villa Ortega, “El E” –en la sierra de Sinaloa. Andaba borracho y portaba un arma de grueso calibre, igualito que el sicario de los hermanos Beltrán Leyva que hoy puso en libertad un juez federal.

Carrillo Fuentes fue detenido y los soldados llamaron a la Secretaría de la Defensa Nacional para informar del hecho: dieron su nombre, el estado en el que se encontraba y el arma que traía consigo.

La orden fue trasladarlo a la ciudad de México y ponerlo a disposición de las autoridades civiles federales. Así se hizo. Carrillo Fuentes, quien ya era ampliamente conocido en el mundo del narcotráfico, sólo fue procesado por la portación ilegal del arma: por esa causa estuvo preso dos años: fue internado en el reclusorio Sur de la Ciudad de México, donde convivía todos los días con capos de la talla de Rafael Caro Quintero, Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul” y Miguel Ángel Félix Gallardo, éste último acababa de ser capturado por Guillermo González Calderoni, el policía más famoso del gobierno de Carlos Salinas tanto por sus nexos con el narco como por la captura de importantes capos.

El caso de “El Azul” no es tan idéntico como los dos anteriores, pero también corrió con suerte: tras su captura, en los años ochenta, fue internado en el reclusorio Sur –entonces era un hotel de cinco estrellas, decían, por los lujos que disfrutaban los más famosos narcotraficantes – pero después fue llevado al penal de máxima seguridad de La Palma, en el Estado de México.

Ahí permaneció varios años, pero en 1991, curiosamente “El Azul” apareció en una lista de reos que iban a ser preliberados porque ya casi habían compurgado su pena y por su buena conducta.

La decisión fue tomada en la Secretaría de Gobernación. Era el sexenio de Carlos Salinas y el titular de la oficina de Bucareli era nada menos que Fernando Gutiérrez Barrios, un personaje ligado a la historia negra de México y no ajeno al narcotráfico que –se asegura –murió en el año 2001 cuando el gobierno de Vicente Fox investigaba todo lo sucedido durante aquel periodo oscuro llamado “La Guerra Sucia” –el exterminio de la guerrilla y de varios luchadores sociales –en el que Gutiérrez Barrios estaba implicado.

El caso es que Esparragoza Moreno, “El Azul”, alcanzó el beneficio de la preliberación y se asegura que salió de la prisión caminando, tomó un transporte público y desapareció de la escena algún tiempo, aunque después volvió a sus andanzas: se afincó en el estado de Morelos, donde operó el narcotráfico y hasta se hizo yerno del gobernador panista Sergio Estrada Cajigal, quien se relacionó sentimentalmente con la hija del capo.

En el caso de Raúl Villa Ortega –detenido el martes pasado en Polanco –se asegura que el juez federal de la causa no tomó en cuenta los antecedentes criminales y la peligrosidad de este presunto sicario. Lo cierto es que sus antecedentes criminales son públicos y están documentados desde el año 2008.

La decisión del juez es tan extraña como la que tomó otro juzgador, en octubre de 2019, tras la detención de 27 presuntos miembros del cártel Unión-Tepito, quienes fueron capturados durante un cateo implementado por Ejército, Marina y policía capitalina.

En ese operativo hubo decomiso de droga, armas, vehículos y dinero. Los presuntos criminales fueron encarcelados, pero en menos de una semana fueron liberados por falta de pruebas, según los argumentos judiciales. El operativo había resultado un éxito y fue elogiado, sobre todo después del fallido intento de captura de Ovidio Guzmán en Culiacán Sinaloa. No se sabe si en el caso de los presuntos miembros del cártel de Tepito la justicia se aplicó con libertad o fue comprada por los miembros del crimen organizado.

 

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