Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo

De acuerdo con datos de Drug Enforcement Administration (DEA) y del Buró Federal de Investigaciones (FBI), la ruta del Caribe mexicano es una de las más explotadas por los cárteles de Sinaloa y de Jalisco Nueva Generación, respectivamente.

Ambos grupos del crimen organizado han explotado la ruta del Pacífico y eso explica por qué la violencia se ha agudizado en Michoacán, Jalisco y Guerrero: estos tres estados son clave en el trasiego de droga que proviene de Sudamérica.

Pero otra vía bastante socorrida es la del Caribe, en otro tiempo también explotada por el cártel del Golfo y el de Juárez: éste último fue sumamente poderoso en los años noventa, cuando el grupo criminal afincado en Ciudad Juárez, Chihuahua, quiso controlar el estado de Quintana Roo: ese fue el objetivo que se trazó Rafael Aguilar Guajardo –asesinado en Cancún en 1993 –cuando dirigía el cártel de Juárez y fue el mismo que continuó Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos” y que llevaría a esta organización a establecer vínculos políticos, como los que se documentaron con el entonces gobernador Mario Villanueva, “El Chueco”, quien le abrió las puertas al crimen en esa entidad caribeña, según documentos oficiales.

Este repaso histórico del narcotráfico viene a cuento a propósito de la avioneta que, procedente de Sudamérica, fue detectada por la Secretaría de la Defensa Nacional al ingresar a territorio mexicano con 600 kilos de cocaína, de acuerdo con los datos oficiales.

Las investigaciones establecen que la avioneta bimotor ingresó a la zona del Caribe alrededor de las 3:00 de la madrugada: a esa hora personal de la Sedena se desplazó al lugar donde había arribado –la zona de Bacalar –con varios paquetes de cocaína.

Las autoridades militares aún no han informado a qué cártel pertenece la droga y quien o quienes eran los destinatarios: lo único que reportaron fue un enfrentamiento donde resultaron heridos dos elementos del Ejército, quienes fueron hospitalizados.

La última vez que un avión fue interceptado cargado con droga ocurrió en el año 2006, cuando precisamente un cargamento de tres toneladas fue incautado en Campeche: el avión –que era operado por pilotos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) –despegó del aeropuerto de Venezuela y se introdujo a territorio mexicano por la ruta del Caribe: su destino originalmente iba a ser el aeropuerto de Monterrey. Luego el de Toluca, más tarde el de Mérida, Yucatán, pero los operadores del crimen organizado decidieron que el avión aterrizara en Ciudad del Carmen, Campeche.

La idea era que, al aterrizar en un primer aeropuerto de México el vuelo dejara de ser internacional y se volviera nacional, a fin de que no fuera revisado por autoridades federales sino locales en el aeropuerto donde descendería.

Ahí, en Campeche, elementos del Ejército ya esperaban el avión. Acordonaron el aeropuerto y decomisaron tres toneladas de cocaína: la información de la PGR estableció de inmediato que el destinatario de la droga era Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, jefe del cártel de Sinaloa.

La droga venía oculta en maletas Samsonite de enorme tamaño, con cintas distintivas de diversos colores, lo que la autoridad interpretó como que había varios destinatarios del cártel de Sinaloa. Los pilotos que fueron detenidos trabajaban para Conagua y el avión en varias ocasiones fue rentado por esa dependencia para realizar viajes oficiales.

Un escándalo parecido, pero con dimensiones mayores porque hubo muertos, fue el caso de un avión interceptado en noviembre de 1991 en el Llano de la Víbora de Tlalixcoyan, Veracruz.

En aquella ocasión, siete agentes federales fueron masacrados en el paraje de Tlalixcoyan por parte de elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional que ya se encontraban en ese lugar. El avión que aterrizó traía media tonelada de cocaína, presuntamente era del cártel del Golfo.

Las causas de la masacre de agentes, de acuerdo con la DEA y las autoridades mexicanas, fue la confusión, aunque se dijo que los militares presuntamente protegían a los narcos y que por ello asesinaron a los agentes. Esa fue una larga y puntillosa polémica.

Sin embargo, debido a las condiciones del tiempo –había neblina espesa –los militares aseguraron que confundieron a los policías federales con narcotraficantes, pues nunca vieron las siglas de PJF (Policía Judicial Federal) que en letras grandes y blancas se leía en las casacas de los uniformados.

Por ese hecho hubo varios detenidos. Más tarde las investigaciones implicaron a un agente federal adscrito a la zona de Veracruz: Fernando Vázquez Chellius, quien antes del 7 de noviembre de ese año ya había operado varios aterrizajes de aviones con droga en la Cuenca del Papaloapan, particularmente, en la pista La Chorrera, propiedad del ingenio de San Cristóbal, y en otra localizada en el municipio de Tierra Blanca, Veracruz, donde varias aeronaves fueron recargadas de combustible para que continuaran su viaje.

De acuerdo con la DEA, las rutas más socorridas por el narcotráfico son la que parten de Colombia y(o Venezuela y cruzan por Cuba-Quintana Roo- Mérida. Y también Bogotá-Guatemala-Chiapas-Veracruz—Tamaulipas. O Bogotá-Michoacán-Tijuana.

La zona de Quintana Roo tiene una larga historia en materia de trasiego de drogas: cuenta con amplios complejos lagunares donde el crimen suele bombardear los cargamentos de cocaína para que los pescadores los rescaten y sean entregados a los operadores del narcotráfico.

La historia cuenta que la zona de Quintana Roo –un mega proyecto turístico que se lanzó en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez –se inauguró con un vuelo –el primero que aterrizó en Cancún –cargado con cocaína.

Desde entonces se vislumbraba que ese destino sería un centro de operaciones de muy alta escala para el crimen organizado.

 

 

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