STAFF SOL QUINTANA ROO

PARTE 3.

Una agencia informativa extranjera, Reuter, reconoció desde Washington, E.U.A., que el mexicano suspendió la atención del público norteamericano, reclamando por lo menos  un interés semejante al que despertaban los diversos episodios de la “actual contienda en el mundo, la Segunda Guerra Mundial”.

Los  periódicos comenzaron a publicar detalles sobre la vida pasional del estudiante veracruzano y naturalmente, produjeron una corriente de interés enfermizo en torno del detenido, cuyo sadismo se comparaba con el de personajes trágicos europeos, desde Gil de Rais hasta el último barba azul francés que pagó en la guillotina la muerte de siete mujeres.

La juventud de José Gregorio Cárdenas Hernández y las circunstancias terribles que según parecía habían rodeado sus crímenes, abrieron un nuevo capítulo en la historia de la criminología moderna y concedían al universitario el triste honor de encadenar la atención de eminencias científicas que veían en “su caso”, algo extraordinario en la historia de la vecina República del Sur, en la cual no se podía decir que personas así se hubieran producido antes, por lo menos hacía cincuenta años”, concluía la agencia Reuter.

Evidentemente, Reuter estaba equivocada,  porque hubo un individuo apodado “El Chalequero”, de nombre Francisco Guerrero, quien humillaba a mujeres indefensas y les daba muerte con un puñal enorme, para arrojarlas después al río del Consulado, en la ahora ciudad de México. Detenido y consignado a la Cárcel de Belem (desaparecida en 1933) confesó que una de sus amigas lo había molestado y por ello se desquitaba con las mujeres que se burlaran de él.

El asunto de “Goyo” Cárdenas se descubrió porque su cuarta víctima sí fue buscada por la familia respectiva, no así las tres primeras, a quienes sus parientes menospreciaban y les daba lo mismo si volvían o no a casa.

El licenciado Miguel Arias Córdoba había denunciado en la Jefatura de Policía (dirigida por el general Miguel Z.Martínez), que su hija Graciela Arias había desaparecido desde el 23 de agosto de 1942, y que no obstante que la joven tenía una conducta irreprochable, se creía que había sido seducida por algún hábil individuo que la indujo a vivir con él huyendo del hogar paterno.

La familia Arias residía en Calzada Tacubaya 63.  Graciela tenía 20 años de edad, estudiaba el bachillerato en Ciencias Químicas de la UNAM, la joven era blanca, estatura regular, cabello negro, ojos negros, boca chica, labios delgados, era agraciada en todos sentidos.

La detective Ana María Dorantes investigó que maestros y compañeros de Graciela, la estimaban y respetaban y parecía “no tener novio”. Alguien señaló por fin a Cárdenas, de 26 años de edad, enamorado de Graciela, de pulcro vestir, con actitud de hombre de ciencia, lentes con cristales redondos y arillos delgados, llevando bajo el brazo dos libros y una libreta de apuntes, con frecuencia.

Los padres de Gregorio tuvieron siete hijos y muy jóvenes los llegaron de Orizaba, Veracruz a la ciudad de México, los padres no tenían muchos recursos pero sí u na honradez acrisolada.

 

El muchacho había laborado en Petróleos Mexicanos, donde le descubrieron una gran inteligencia natural, de maestría hacia las matemáticas, por lo cual las autoridades  petroleras decidieron becarlo con veinte pesos diarios para que estudiara la carrera de ingeniería química en la UNAM. “El Güero” Tellez escribió que “Cárdenas se había distinguido dentro de su grupo por su inteligencia, al grado que los maestros lo querían y sus compañeros lo buscaban para que los ayudara a resolver los problemas de trigonometría, a lo cual accedía de buen talante”.

CONTINUARÁ…

 

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