Fernanda Martín / Sol Quintana Roo

 

Imagina que estás sentado en una silla en medio de una habitación de frente a las puertas del jardín, se ve que es un día soleado. Puedes ver perros correr y algunas aves. Es una vista maravillosa.

 

Frente a ti hay otra silla. En ella está sentada una persona viendo hacia ti.

La vez con el ceño fruncido, muy concentrado y haciendo dibujos en un pequeño cuaderno.

-¿Qué tienes?- Le preguntas – ¿No quieres salir a correr al jardín? Es un día perfecto!

-No- Te responde- Estoy pensando que voy a pintar en esta grandiosa pared blanca que tengo enfrente.

Confundido levantas la mirada y ves las ventanas con el paisaje verde.

-¿De qué hablas? No hay paredes. Es un ventanal enorme de cristal.-

-No es verdad, es una pared enorme blanca, con molduras doradas en las orillas- Insiste.

Comienzas a desesperarte, te levantas de la silla, y señalas la pradera un poco molesto.

– ¡Estas equivocado! Es una ventana!- dices levantando la voz.

La persona también se pone de pie y grita – Es un muro blanco!-

¿Quién tiene la razón?

Podrían durar horas discutiendo, y la realidad es que ninguno de los dos está equivocado, solamente tienen diferentes perspectivas de la misma habitación, los dos están sentados en diferentes lugares y no pueden ver lo que el otro ve.

Así es la vida, y por eso vamos a empezar el día de hoy con una revelación astral que tal vez no estés listo para escuchar: TODOS TENEMOS LA RAZÓN.

Así es, las personas con las que discutes porque piensan tan diferente que tu, y que te frustra no poder hacer entender que cometieron un error, tienen la razón. ¿Cuál razón? La suya, al igual que tu tienes la tuya. Porque tu ves las cosas desde tu silla en la habitación, tu vives y experimentas las circunstancias desde tu perspectiva, que es única e irrepetible. Es probable que encuentres personas que estén sentadas en la misma dirección que tu y vean algo similar con respecto a ciertas cosas, pero nadie jamás va a percibir exactamente lo mismo que tu.

¿Te ha pasado que sientes ganas de probarle al otro que está equivocado? No, no eres una terrible persona, a mi también me sucede y me atrevo a pensar que la mayoría de los seres humanos sentimos una satisfacción enorme cuando escuchamos esas dos palabras mágicas, y no me refiero al poderoso “Qué guapa!” (Aunque esas también pueden ser muyútiles) Estoy hablando del placer adictivo de escuchar a alguien decirte “Tienes razón”.

¿Y que crees? Además del papel que juega en este partido nuestro siempre presente “ego”, hay una razón científica detrás… Léase con bata de laboratorio

Es verdad que a nuestro cerebro le encanta tener razón, y esto es muy útil como especie para sobrevivir, para no comer plantas venenosas ni saltar de un avión sin paracaídas; Pero en el día a día, esta necesidad puede llegar a interferir la forma en la que nos relacionamos con el mundo.

Por eso bloqueaste a tu amigo de facebook que tiene diferentes ideologías políticas que tu, y decidiste dejar de salir con aquel tipo que pensaba que la tierra era plana. (Bueno, no te engañes, él dejó de salir contigo cuando no pudo convencerte de ir a buscar el fin del mundo en un barco… Literalmente. Y a veces, es mejor así.)

El punto es que nos alejamos de aquellos que piensan diferente por nuestra necesidad de estar bien, porque rodearnos de pensamientos radicalmente distintos a los nuestros nos obligaría constantemente a poner en duda nuestra postura, lo cual, si me preguntan, es super enriquecedor.

Cuando sentimos que juzgan opinión, nuestros cerebros liberan cantidades enormes de cortisol (Bueno, no sé si enormes, ya me quité la bata de laboratorio) El cortisol limita nuestra capacidad de escuchar, de sentir empatía, compasión y ver las cosas con mayor lógica. Básicamente te conviertes en tu tía la necia de las reuniones familiares que quiere convencer a todos de que su lunar es una aparición de la Virgen de Guadalupe.

En cambio; ¿Sabes que pasa cuando alguien te dice esas bonitas palabras al oído? “TIENES RAZÓN” (leer con voz sexy y canción de George Michael- Careless Whisper de fondo) Se liberan sustancias increíbles como la dopamina, testosterona y adrenalina. Te sientes superior, poderoso… ¡Se siente demasiado bien! Es por esto que pareciera adictivo, a tu cerebro le encantaría sentirse así todo el tiempo.

Pero no te emociones todavía, hay otra opción que te va a hacer sentir aún mejor.

Poniéndonos un poco atrevidos; ¿Recuerdas ese punto máximo que te hace explotar cuando estás con tu pareja y te hace “eso” que solo él sabe como hacer?

Fabuloso! Orgasmo es la respuesta correcta. En un orgasmo se libera Oxitocina, una sustancia que ayuda a regular la empatía y a generar lazos. * ¡ALTO! No estoy proponiendo que a cualquiera con el que discutas lo invites a tu cama! Por favor continúa leyendo para evitar malos entendidos.

Esta misma sustancia, también la libera nuestro cerebro cuando CONECTAMOS con los demás, cuando nos permitimos la posibilidad de aceptar que el otro también tiene su perspectiva y no tengo porqué imponer la mía.

Las verdades son infinitas, no tienes que estar de acuerdo con la otra persona, ni estoy proponiendo que le des el avión (Es de muy mal gusto, no lo hagan) pero creo que dejar que es mejor que Señor Orgullo y Mr. Ego no tomen el control de la conversación. Mandalos a su cuarto y acepta que a pesar de estar en la misma habitación, la misma situación o circunstancia de vida, los dos pueden ver cosas completamente diferentes; Que lo que te está diciendo el otro es real para esa persona, es digno de respeto y es suyo… No es tuyo para decidir su valor, ni necesita tu aprobación.

 

Maslow incluye en la pirámide de necesidades de nuestra especie, el sentido de pertenencia, justo después del alimento y el refugio. Así de importante es para nosotros sentirnos reconocidos, aceptados y no juzgados como “correcto o incorrecto”. Esta necesidad únicamente se cubre buscando conexiones reales con aquellos que te rodean, cosa que solo vas a lograr si bajas la guardia y estás dispuesto a perderle el miedo a equivocarte para permitirle a los demás que también cometan errores sin restregarlo en su cara.

 

Tener la razón por si sola, sin criterio y sin herramientas emocionales no sirve de nada. Si solo vas a golpear al otro con tu razón para convencerlo de que es valiosa, no llegarás a ningún lado. Cuando la razón no es utilizada como un medio para resolver problemas, no la tengas, suéltala y déjala ir. Siempre que tengas que elegir entre tener razón y tener una solución, opta por la segunda, de lo contrario vas a quedarte estancado en el mismo lugar.

Tal vez lo que tu ves enfrente de ti es increíble, pero solamente si te abres a escuchar lo que el otro percibe desde donde está, puedes imaginar la habitación completa.

 

Un sabio jamás sabe que es sabio, solo sabe que aún tiene mucho que aprender.

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