Ricardo Ravelo / Sol Quintana Roo

Vicente Fox y Felipe Calderón, en sus respectivos gobiernos, sentaron las bases de la consolidación de Sinaloa como cártel. Con Enrique Peña Nieto sólo se concretó la captura y extradición de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, la única detención significativa en veinte años. Ahora, en el gobierno de la Cuarta Transformación, Sinaloa vuelve a gozar de impunidad y se consolida como la empresa criminal más poderosa del mundo. Actualmente ninguno de sus miembros es molestado, al contrario, gozan de libertad y de protección al más alto nivel.

Todo indica que la consolidación del cártel de Sinaloa en México fue un proyecto de dos gobiernos panistas –el de Vicente Fox y Felipe Calderón –con el aval de Estados Unidos. Esto explica, por ejemplo, la primera fuga espectacular del capo y su posterior entronización en el mapa criminal de América Latina.

Los pormenores de las investigaciones que se realizaron tras su fuga del penal de Puente Grande, Jalisco, dan cuenta que al Chapo simplemente le abrieron la puerta. Hay demasiada literatura en ese hecho, exceso del recurso novelesco para contar lo que realmente pasó aquel 21 de enero de 2001, cuando el entonces presidente Vicente Fox llevaba 20 días en la silla presidencial.

Es cierto es que Guzmán Loera controlaba, desde hacía varios años, el penal, que sus condiciones cambiaron en Puente Grande, a diferencia del control que tenía en La Palma –también llamado penal del Altiplano –tras su captura en Guatemala, en 1989.

En El Altiplano permaneció menos de diez años y luego fue trasladado a Puente Grande, donde, como todo reo con poder, comenzó a ganarse la confianza de custodios y autoridades superiores de la prisión. Su control llegó a ser de tal magnitud que incluso tenía una nómina especial en la que cada quincena le cubría un salario a cientos de empleados de la cárcel. Todo, por los servicios que le prestaban.

Con todo esto, Guzmán Loera, en realidad, gozaba de libertades extraordinarias como ningún otro reo. Podía organizar fiestas, orgías, introducir mujeres de la vida galante, mantenerlas por varios días, solicitar comidas especiales en restaurantes de lujo. No le faltaba la cocaína, el alcohol y con frecuencia también le surtían Viagra para aliviar sus problemas de impotencia sexual que, luego, sustituyó por testosterona.

La fuga de Guzmán Loera, si bien tiene algunos tintes peliculescos –que se puso una peluca rubia, que salió en el carrito de la lavandería, entre otros –en realidad ocurrió como la gran mayoría: salió por la puerta grande. Espectacular, sin duda, ha sido la fuga de varios reos de la cárcel de Alcatraz, quienes prepararon todo con tiempo de anticipación y tuvieron que atravesar una bahía saturada de tiburones. Hasta la fecha es una de las fugas que no han sido aclaradas porque los presos jamás han sido encontrados.

Pero la de Guzmán Loera fue el más claro ejemplo de la complicidad política: el capo estaba destinado, políticamente, a fugarse. Se le necesitaba en el mundo criminal para imponer orden. Era el capo que el panismo necesitaba.

Tras su fuga –en un carrito de ropa o caminando por la puerta principal –significó la rearticulación del cártel de Sinaloa en el mapa nacional y mundial.

Pocos meses después de su huida, Guzmán Loera organizó una cumbre de capos en Nuevo León para hablar del futuro de la organización criminal. Asistieron Ismael “El Mayo” Zambada, los hermanos Beltrán Leyva, Ignacio “Nacho” Coronel, Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, quien soñaba con cristalizar su proyecto de crear una Federación de cárteles.

Entre todos ellos había varios agentes, a cargo de la seguridad de los jefes máximos del crimen organizado, quien tomó nota de lo que vio y escuchó y posteriormente envió una carta a Los Pinos, directamente al presidente Vicente Fox, reclamándole por qué no detenía a estos capos que se ponían de acuerdo en un plan de expansión de su organización criminal.

Y en efecto, lo que se habló en dicha cumbre fue cómo le iban a hacer para consolidar a Sinaloa en el esquema del narcotráfico continental.

El primer paso era exterminar a los hermanos Carrillo Fuentes, borrarlos del negocio. En 1997, de acuerdo con la versión oficial, había muerto Amado Carrillo, “El Señor de los Cielos”, poderoso jefe del cártel de Sinaloa. Tras su muerte o desaparición, quien tomó el mando del cártel fue Vicente Carrillo, “El Viceroy”, detenido posteriormente en la Comarca Lagunera. Actualmente está preso en La Palma.

El primer golpe, en efecto, lo recibieron los hermanos Carrillo con el crimen de Rodolfo Carrillo Fuentes, “El Niño de Oro”, de quien se decía que podía sustituir su tío Vicente en el mando del cártel de Juárez.

Fue asesinado en Culiacán, Sinaloa, saliendo de la plaza Cinépolis. Ahí, en el estacionamiento, fue acribillado por un comando, presuntamente, gatilleros del cártel de Sinaloa.

En el plan criminal y de expansión del cártel de Sinaloa había otro golpe: declararle la guerra a Los Zetas y algo más: acabar con los hermanos Arellano Félix, rivales acérrimos de “El Chapo” Guzmán.

Ramón Arellano cayó abatido en Mazatlán, Sinaloa, a manos de un policía que lo ejecutó. Se dijo en ese entonces que Ramón fue a Sinaloa a matar a Ismael “El Mayo” Zambada.

Luego, el gobierno de Vicente Fox acorraló a Benjamín Arellano, el otro hermano que era jefe del cártel. Lo persiguieron hasta que se refugió en Puebla con su esposa Ruth Serrano. Ahí fue capturado y encerrado en el penal de La Palma. Luego fue extraditado a Estados Unidos, donde se encuentra preso bajo cargos de introducción de drogas y otros delitos graves relacionados con el crimen organizado.

Y el tercer plan –declararle la guerra a Los Zetas –también se cumplió. Sinaloa entabló una dura batalla con ese cártel –hoy conocido como cártel del Noreste –, pues era uno de los obstáculos fuertes que tenía en el mapa nacional para consolidarse como la organización más poderosa de México.

Luego, su expansión no tuvo límites: comenzó a dominar el transporte de drogas desde Colombia hacia México y así, con el paso del tiempo y el respaldo político que recibió durante dos sexenios panistas, el cártel de Sinaloa creció hasta ser considerado por el gobierno de Estados Unidos como la empresa de tráfico de drogas más poderosa del planeta.

Es más, “El Chapo” Guzmán llegó a ser visto por la DEA como el segundo criminal más buscado del mundo, después de Osama bin Laden, el líder del grupo terrorista Al Qaeda.

Tras la captura de “El Chapo”, ahora su líder máximo, de acuerdo con la Drug Enforcement Administration (DEA) es Ismael “El Mayo” Zambada”. Bajo el liderazgo de Guzmán Loera, el cártel se consolidó en más de cien países donde actualmente opera el tráfico de drogas a gran escala y el lavado de dinero.

En México es el cártel más poderoso y no sólo eso: también es el más protegido por el gobierno de la Cuarta Transformación.

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