Doctor Kiskesabe / Sol Quintana Roo

Infundada y aterradora interrogante, lo de pie diabético,  para la mayoría de los diabéticos cuando se les detecta inicialmente la diabetes, sienten que a corto plazo pasarán a engrosar las filas de los discapacitados. Veamos porqué esta arbitrariedad.

Hace más de 50 años, que empecé a ejercer la medicina, no se observaban personas diabéticas con úlceras en los pies, ni con daño en los riñones, ni con ceguera. Ya se ha comentado que esto se debe a que en aquellos tiempos, los diabéticos vivían pocos años pues morían de complicaciones agudas como el coma diabético.

Hoy, con frecuencia se observan casos de amputación de miembros inferiores por ejemplo, complicación de la diabetes, complicación que se le denomina crónica, porque se presenta en personas en general con más de 10 años de padecer la diabetes.

Los libros dicen que las razones del aumento de la incidencia de estos trastornos es la interacción de varios factores: la neuropatía del pie, enfermedad vascular periférica (arterioesclerosis) y cicatrización deficiente de las heridas. La neuropatía sensitiva interfiere con los mecanismos normales de protección, el paciente pierde la sensibilidad al dolor y no se queja de los traumatismos constantes del roce de los zapatos por ejemplo, la piel se lesiona con el roce y se ulcera sin que la persona sienta dolor. La neuropatía también altera la sudoración de la piel, disminuye el sudor (anhidrosis), la piel se reseca y se facilita la lesión, las bacterias normales de la piel la infectan al disminuir las defensas locales e inmunológicas internas, dificultando la cicatrización y la persistencia de las úlceras.

En pocas palabras, todo lo anterior, se debe a que la diabetes aumenta el riesgo de acelerar la arterioesclerosis, el normal taponamiento progresivo de las arterias propias de la edad, y que quede claro, esta arterioesclerosis es la responsable del llamado pie diabético (ulcerado), la ceguera por retinopatía y la diálisis por insuficiencia renal crónica, por mencionar la complicaciones más temidas, entre otras.

Y otro dato para reflexionar: estas complicaciones se deben a que en los últimos 50 años ha mejorado la atención y el cuidado de los diabéticos. El miedo es una paradoja: vivir más tiempo con diabetes, hay más riesgo de estas temidas complicaciones.

¿Pero cómo es esto, de que ha mejorado la atención y yo tengo una úlcera? Cuestionará más de uno de mis dos lectores y medio. Pues si, al mejorar la atención, los pacientes ahora viven más tiempo y al no morir joven de complicaciones agudas, hay el riesgo de que se presenten las complicaciones propias de los muchos años de diabetes. Y como dice el filósofo “de allá mesmo”, el de Güémez: el que de joven no se muere, de viejo no se escapa.

¿Será esto un fracaso del éxito? Otra  confusa paradoja. Veamos: el éxito consiste en que al mejorar la atención de los diabéticos, estos viven más tiempo, pues finalmente el objetivo de la medicina es prolongar la cantidad y calidad de vida. ¿Se podrá llamar fracaso el vivir más tiempo y presentar una úlcera en el pie, con riesgo de amputación lo que puede prolongar la vida pero empeorar la calidad? La respuesta es individual. Algunos pacientes deciden morir íntegros, fisicamente hablando y no permiten ninguna mutilación de algún órgano. Lo he visto.

El miedo al llamado pie diabético,  me parece exagerado. Me explico. En el momento en que estoy escribiendo este tema, tengo frente a mi a una paciente con 25 años de evolución de su diabetes: su vista, sus riñones y sus pies están en perfectas condiciones.

Y si cotejamos el dato anterior con las estadísticas, éstas dicen: que un 15% de los diabéticos presenta una úlcera en el pie. Es decir, hay 85% de posibilidades de que un diabético no presente una úlcera. Y este dato me consta en la práctica diaria: la mayoría de los diabéticos con más de 10 años de evolución no tienen úlceras en los pies. ¿Porque pues los diabéticos le tienen pavor a las úlceras en los pies?

La mercadotecnia perversamente incita al sufrimiento y dolor humano, se manipulan los hechos con el fin de aumentar el miedo a las complicaciones mencionadas,y aumentar las ganancias en la venta de fármacos y tecnología, exagerando el costo del tratamiento al realizar incluso,  muchas amputaciones sin necesidad.

La mayoría de esas úlceras, dependiendo de lo extenso y profundo de las mismas,  cicatrizan satisfactoriamente con un buen tratamiento médico: el control del azúcar y medicamentos para mejorar la circulación (“adelgazadores de la sangre”) e higiene, son los pilares  del tratamiento. Los antibióticos, si hay datos de infección son de apoyo. Pocas veces se cumple en prescribir un tratamiento razonado e integral, lo que conduce a fallas de tratamiento inadecuado y realización prematura de amputaciones. Con frecuencia se observan pacientes tratados por meses con varios antibióticos pero con el azúcar elevada y sin medicamentos para la circulación, sin mejoría alguna. Los antibióticos simplemente no funcionan a plenitud sin mejorar el control del azúcar y sin mejorar la circulación pues los antibióticos y el material de reparación de un tejido,  llegan a la úlcera por la circulación arterial.

Finalmente, el término pie diabético, en realidad es un tanto inadecuado porque finalmente toda persona diabética, tiene órganos diabéticos y pues tiene los pies diabéticos, y los que no son diabéticos, “pos no”. Además, las úlceras y amputaciones por defecto circulatorio en los pies, no son exclusivas de los diabéticos. Tuve una tía que vivió 95 años, y 10 de ellos, vivió sin sus dos piernas, que se amputaron por úlceras isquémicas ( arterioesclerosis). No era diabética, pero estaba viva y todos los vivos, si viven muchos años, tienen riesgo de ulceraciones en los miembros inferiores, o de un infarto cardiaco o cerebral por arterioesclerosis, con o sin diabetes. La diabetes, simplemente puede  o no acelerar esa arterioesclerosis.

En vez de pie diabético, se podría decir: este sujeto tiene una úlcera isquémica en el pie desencadenada por arterioesclerosis acelerada por la diabetes de larga evolución.

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