POLICÍACAS RETRO  / STAFF SOL QUINTANA ROO

NUEVA YORK.- La fatídica madrugada del domingo 25 de marzo 1990, Julio González un hombre de 36 años de edad, de origen cubano estuvo bebiendo en un club llamado Happy Land, que estaba ubicado en la esquina noroeste de Southern Boulevard y la avenida East Tremont, en el Bronx.

El individuo tenía poco tiempo de haber perdido su empleo en una empacadora de lámparas en Queens.

Para González, la pérdida de su empleo era motivo suficiente para beber. Aunque en realidad había acudido al Happy Land porque ahí trabajaba Lydia Feliciano, su amante en turno, con quien había discutido la noche anterior, y que cumplía su turno en el guardarropa del club.

González traía en mente reconciliarse con Lydia  Feliciano, de 45 años de edad, aunque, de no lograrlo, pondría en marcha su plan B. De hecho, cuando la joven le dijo “mañana nos vemos por la noche”, el individuo amenazó: “Ya veremos. Mañana en la noche ya no trabajarás ahí. Te lo juro”.

La reconciliación entre los amantes no llegó. En vez de eso, González fue echado del club por escandalizar.

El club nocturno Happy Land había sido clausurado tiempo atrás por no contar con los requerimientos de seguridad que exigía la normatividad, entre ellos, extintores y salidas de emergencia suficientes en caso de que ocurriera un siniestro en el interior. Es decir, la noche del 25 de marzo de 1990, el local daba servicio de forma ilegal a una fiesta de hondureños.

González caminó algunas cuadras y compró por un dólar un recipiente de plástico, al que llenó de gasolina. Regresó al Happy Land, entró de forma furtiva, vació la gasolina en la escalera y arrojó un cerillo.

El inmueble se convirtió en un infierno. La única puerta de emergencia estaba cerrada como siempre lo estuvo, para que evitar que la gente se fuera sin pagar.

 Fueron 87 personas las que murieron en el club nocturno. Irónicamente, Lydia Feliciano fue la primera en salir del sitio —y una de los pocas sobrevivientes— cuando vio que el fuego ganaba rápidamente terreno.

Los clientes en el interior del club de dos pisos murieron asfixiados por el humo o aplastados cuando la multitud corrió hacia la única salida, según las autoridades.

González no se quedó a averiguar de qué tamaño era la tragedia que había provocado. Se retiró rápidamente y se fue a dormir a su departamento, donde fue capturado al día siguiente. Recibió una sentencia de cuatro mil 350 años de prisión.

Anuncios

Dejar respuesta